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A revertir la desintegración del tejido de la sociedad

17 de abril de 2020
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El microbiólogo del estado de Pennsylvania, Kerry Pollard, lleva a cabo una extracción manual del coronavirus en el laboratorio de la Oficina de Laboratorios del Departamento de Salud de Pennsylvania, el viernes 6 de marzo de 2020.

17 de abril de 2020 — Durante las últimas dos semanas, desde el 1º de abril, el número total de seres humanos infectados con el coronavirus se ha duplicado, desde un millón a comienzos del mes a 2 millones hoy. En estas dos semanas, las muertes en Estados Unidos por COVID-19 se multiplicaron por seis, de 5,100 el 1º de abril a más de 30,000 el 16 de abril.

En los últimos días de marzo, el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Steven Mnuchin, anunció que la Reserva Federal canalizaría, mínimamente, $4 billones de dólares para rescatar al insolvente sistema financiero transatlántico, a costa de los contribuyentes estadounidenses.

Este salvataje ya está en marcha, en una magnitud mucho mayor que el desastroso salvataje del sistema financiero en 2008 y mucho más demente y más peligroso. En 2008, se chantajeó al Congreso de Estados Unidos para que retrocediera en su rechazo inicial al mecanismo del salvataje denominado TARP, cuando los banqueros de Wall Street y de la City de Londres les dijeron que, si no lo aprobaban, se generaría un caos tal que sería necesario imponer una ley marcial.

¿Cuál es la táctica de poner una pistola en la cabeza que está empleando ahora el imperio británico para salirse con la suya otra vez? ¿De qué manera están rodeando al Presidente Donald Trump con su gente, o “inundándole la zona”?, como decía en su manera prosaica el ex embajador británico en Washington.

Durante estas mismas dos semanas de abril, los británicos y sus correligionarios estadounidenses han acelerado de manera vertiginosa su plan para desatar una guerra entre Estados Unidos y China, precisamente las dos naciones cuya colaboración es necesaria para atacar la pandemia del COVID-19 y para construir rápidamente un Sistema Mundial de Salud, como lo ha planteado Helga Zepp-LaRouche.

Lo que antes era solo una retórica repugnante y provocadora para la guerra comercial ya llegó a imputaciones explícitas —que se inician como de costumbre en los servicios de inteligencia británicos y se van filtrando a través de sus homólogos estadounidenses y entre los crédulos neoconservadores del entorno de Trump— de que China no solo creó el coronavirus letal en un laboratorio de Wuhan, sino que infectaron a su propia gente para luego desatarlo deliberadamente como guerra biológica contra Estados Unidos y el Occidente.

Asimismo, en estas dos semanas han aparecido nuevos aspectos de la doble crisis fatal de la pandemia COVID-19 y la desintegración del sistema financiero transatlántico: la desintegración institucional y el caos se pueden ver ya en todo el planeta. En Sudáfrica, India y otras partes se han desatado disturbios por la comida; en Estados Unidos la demanda se ha desbordado en los centros de distribución de alimentos que llevan a cabo organizaciones de beneficencia; en Europa y en Estados Unidos la gente desesperada por encontrar una solución racional a la crisis, despotrica contra las medidas de encierro que se han adoptado; y los gobiernos y las instituciones multinacionales se muestran en general incompetentes ante las tareas que enfrenta el planeta.

Estamos ante la desintegración del tejido social mismo, una desintegración que solo se puede revertir del mismo modo en que el Renacimiento Dorado elevó a la humanidad y la salvó de la extinción que le amenazaba durante la Peste Negra.

El movimiento de LaRouche y sus amigos y aliados tienen una movilización internacional en torno a la próxima conferencia del Instituto Schiller que se llevará a cabo los días 25 y 26 de abril, convocada para abordar y resolver la crisis existencial que tenemos enfrente, motivados por el concepto imperecedero de la dignidad del hombre, como lo expresa en las líneas siguientes Lyndon LaRouche, en su ensayo de junio de 1976, “Risa, música y creatividad”:

“Hay un mundo enfermo que se tiene que reconstruir. En este mundo, ejemplificado por los repugnantes lingüistas, estamos plagados de rebaños de patanes sin sentido del humor, poco creativos y entrometidos, que se les puede describir sumariamente como de un color gris muy opresivo que se vuelve hacia un amarillo ominoso. Por otra parte, la población en general está psicológicamente encorvada con una carga de temores crecientes, temores cuya naturaleza y formas exactas esas personas preferirían no saber, cada cual con un andar con paso pesado de un lugar familiar y gris a otro, ‘tratando, de algún modo, de ocuparme de mis propios asuntos personales’. Mientras tanto, las tormentas crecen… Hay tormentas de guerra regionales desatadas y amenazantes, y sobre todo la amenaza de una guerra atómica, biológica y química general combinada a escala mundial. Mientras tanto, proliferan las ratas enfermas y las nuevas olas letales de epidemias asesinas y debilitantes se extienden contra el hombre, la bestia y el follaje.

“Tenemos que sacudirnos esto, y construir este mundo tal y como está tan inmediata y maravillosamente dentro de nuestras capacidades para hacerlo. Mientras tanto, tenemos que despertar la ciencia, barrer la basura, y de otro modo convertirnos en una generación a la cual el futuro volteará a mirar con el orgullo afectuoso de sus antepasados. Mientras hacemos esto, debemos reír con ganas, reír principalmente por la emoción que con razón tomamos de nuestros logros. Para esto, que haya música”.