Estados Unidos trata de preservar al mismo tiempo a los monstruos de Wall Street y a las vidas humanas

24 de abril de 2020

24 de abril de 2020 — Aunque el gobierno de Trump ha movilizado al gobierno federal y al personal y los recursos militares, y algunas empresas privadas de tecnología avanzada, para combatir la pandemia de COVID-19, su respuesta ante el colapso económico ha sido la de salvar a los especuladores financieros de Wall Street y a los monstruos corporativos que ha creado, a toda costa.

El último monstruo al que le han tirado el salvavidas es a la industria del petróleo y gas de esquisto, un sector totalmente súper endeudado e insolvente sin remedio que es totalmente ineficiente en lo económico. El miércoles 22, el secretario de Energía de EU, Dan Brouilette, le dijo al diario Washington Post que el programa de la Reserva Federal de “préstamos para la gente del común” (los $2.3 billones que se anunciaron) se podrían utilizar para ayudar a esas compañías petroleras, lo cual quería decir otorgarles préstamos a cuatro años y a bajos intereses. Esto lo dijo luego del anuncio que hizo el Presidente Trump en el sentido de que había ordenado a su gobierno proporcionar ayuda a las compañías petroleras (al mismo tiempo, había publicado un tuit que decía: “He dado instrucciones a la Armada de Estados Unidos de que ataque y destruya cualquier lancha cañonera iraní que hostigue a nuestras naves en el mar”, una declaración que quizás tenía la intención de subir los precios del petróleo y por ende el precio de las acciones en el mercado bursátil, cosa que sí hizo).

Esa ayuda de la Reserva Federal sería una idea pésima. Se han reportado muchos abusos en los préstamos del Departamento del Tesoro y de la Reserva Federal con los programas de alivio por la cuarentena, abusos que en última instancia son un problema menor comparado a la dirección política general de apoyar a los mercados bursátiles que no representan más que especulación financiera y activos de papel, nada de producción, para sacar de la insolvencia a los grandes bancos de Wall Street. Ya muchos de los demás programas de la Reserva Federal con su impresión de dinero mediante la mentada “emisión cuantitativa” no cumplen con la norma de la Sección 13(3) de sus estatutos, que han utilizado como pretexto para comprar papel que no vale nada a los bancos y fondos especulativos.

Pero este plan de rescate para las petroleras de esquisto viola toda norma habida y por haber, y hasta el mismo “programa de préstamos para el ciudadano común” que se anunció hace ya once días. En ese anuncio, se dijo que la Reserva Federal le prestaría a las compañías que tengan menos de 10,000 trabajadores o un ingreso anual de $2,500 millones de dólares, solo cuando su capacidad de crédito no se vea afectada por otras circunstancias anteriores a la crisis del coronavirus. Y estas compañías perforadoras de esquisto tienen ya años con una deuda chatarra y endeudadas con enormes préstamos apalancados, de tal modo que solo pagan intereses y sus acreedores les han dado oportunidades de reprogramar las deudas simplemente para no declarar la deuda en mora y para que sigan perforando para que paguen los intereses. Rescatarlas ahora de su bancarrota irremediable, nada más para que sigan sacando petróleo para el cual no hay demanda, es un plan que no le ayuda más que los bancos acreedores de esas compañías y a los fondos especulativos que las han financiado. Ya se dio el caso de que la Corporación Federal de Seguros a los Depósitos (FDIC), que se supone debe velar por la seguridad de los ahorristas, le permitió a Capital One Bank (que es un acreedor relativamente pequeño de esas perforadoras de esquisto) que no pagase $1,000 millones que tenía que poner en un fondo especulativo por sus pérdidas en “inversiones” (más bien apuestas) en derivados sobre el precio del petróleo. Le permitieron eso para no declararlo insolvente, porque no tiene esa liquidez para pagar.

En cuanto a los $700 mil millones que aprobó el congreso para dar préstamos a “pequeñas empresas” para proteger su nómina salarial, ya se han reportado muchos abusos de diversa manera cometidos por los bancos de Wall Street que también se quieren quedar con esa parte de los apoyos económicos, porque no les ha sido suficiente los $5.5 billones que ya les han dado. JPMorgan Chase, por ejemplo, aprobó el 6% de las solicitudes de préstamo que recibió de 300,000 pequeñas empresas; resulta que casi todas las 5,500 compañías que resultaron beneficiadas son “clientes de la división de banca comercial” de JPMorgan Chase, en su mayoría restaurantes, cadenas de hoteles, firmas de gestión de capital privado (o sea, fondos especulativos), grandes empresas y ¡hasta la Universidad de Harvard! (se supone que Harvard regresó el dinero que le dio el gobierno federal, luego de que Trump lo anunció en público).

El programa de apoyo a la nómina salarial se supone que se canalizará a través de la banca privada. Pero los bancos de Wall Street no han sido nunca canales de crédito para la economía. Es la red de drenaje por donde se va el crédito a la economía, que se lo chupan los tahúres de la mentada banca de inversión y los fondos especuladores para alimentar la burbuja de apuestas financieras.