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Protege tu mente: las conspiraciones ficticias sobre la pandemia impiden la necesaria movilización global, y te van a volver loco

3 de may de 2020

3 de mayo de 2020 — La próxima vez que te presenten con otra de las muchas teorías conspirativas sobre “quién causó la COVID-19” (ya sea China, o Donald Trump, dependiendo de la fuente), o que te digan que “China y la Organización Mundial de la Salud conspiran para que China se apodere del mundo”, detente un momento y piensa: ¿Cómo puede la raza humana evitar un holocausto por la COVID-19 en toda África y otras regiones que tienen débiles sistemas de salud pública o casi ninguno —además de una pobreza enorme— incluyendo a partes de Estados Unidos y Europa? ¿No se necesitaría que las dos economías más grandes del mundo, la de China y la de Estados Unidos —que también poseen la capacidad científica y médica más avanzada— cooperen con todas las demás naciones de buena voluntad para construir rápidamente la infraestructura médica de esas naciones? Fantasear con hacer que China “pague” por la devastación causada por la pandemia global, ¿va a detener el inminente holocausto? ¿O lo va a empeorar?

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) informó recientemente que el 86% de los trabajadores de África están en la “economía informal” (es decir, sin pensiones, sin seguro de desempleo, sin seguro médico, empeñados en actividades de “servicios” improductivos, etc.) y estas personas ya han sufrido una caída del 60% en su ingreso como resultado de la pandemia del coronavirus. Muchas de estas personas viven en casuchas sin agua. Los que hayan leído el relato de Edgar Allan Poe, “La máscara de la muerte roja”, entenderán qué tan necio sería pretender que la muerte en masa en África es algo que ocurre “allá”, y no tiene nada que ver con los que viven en las naciones del sector avanzado. El doctor Anthony Fauci (director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Contagiosas de EU) y otros, han dejado muy en claro que es casi seguro que habrá un resurgimiento del virus en otoño, y si mientras tanto, las naciones del hemisferio sur sufren un holocausto durante sus meses de invierno, el resurgimiento de otoño en el norte será muy grave.

De cualquier modo, las conspiraciones se refutan y desmienten fácilmente, y aceptarlas es permitir a los oligarcas que jueguen con tu mente, que jueguen con tus miedos, lo cual significa buscar una crisis mental en millones de personas. Como lo hemos informado antes, el profesor Daniel A. Bell ha refutado la mentira de que China permitió vuelos desde Wuhan hacia países del exterior después de que la ciudad quedó aislada del resto de China, simplemente consultando los registros de vuelos internacionales, que muestran que todos esos vuelos se cancelaron. Esa mentira, propalada por Niall Ferguson —el escritor que aboga por revivir al imperio británico— la han retomado un montón de gente lunática y perversa (y muchos de ellos gente que debería saber mejor cómo es la cosa) con el fin de socavar el propósito declarado de Trump de establecer relaciones amistosas con China y con el Presidente Xi Jinping; del mismo modo en que la agencia de espionaje británica MI6 perpetró el “Rusiagate” con sus esbirros estadounidenses con el propósito de socavar la relación de Trump con el Presidente Vladimir Putin de Rusia.

El “Rusiagate” fue derrotado hasta cierto punto (porque la premisa de que “Rusia intervino en las elecciones del 2016 en EU”, todavía no la han eliminado por completo). Sin embargo, ahora Trump tiene discusiones telefónicas con Putin de manera periódica, y los dos emitieron una declaración conjunta el 25 de abril para conmemorar “La reunión en el río Elba”, y declararon conjuntamente que la cooperación de las dos naciones para derrotar al fascismo en la Segunda Guerra mundial, sirve como “un ejemplo de cómo nuestros países pueden dejar de lado las diferencias, crear confianza y cooperar en la búsqueda de una causa mayor”.

Richard Horton, el director de la prestigiosa revista médica internacional The Lancet, le dijo al canal de TV chino en inglés CGTN, el 1° de mayo, que esas teorías conspirativas “desestabilizan nuestra respuesta frente al virus”. Dijo que los doctores y científicos que él conoce en China “han hecho el trabajo más tremendo en asesorar al gobierno, en el tratamiento de los pacientes y en la protección de las vidas de los ciudadanos chinos”. Dijo que después de la epidemia del SARS en 2002, China llevó a cabo un enorme desarrollo y avance de sus capacidades en salud pública y en investigación científica, para impedir un desastre en el futuro, lo cual les sirvió contra la COVID-19. Sin embargo, cuando la Organización Mundial de la Salud emitió un alerta el 30 de enero, en el sentido de que el coronavirus se había vuelto “una emergencia de salud pública de interés internacional”, las naciones de Europa y Estados Unidos no hicieron casi nada por un mes, y han muerto miles de personas como resultado de eso”.

En realidad, durante los últimos 50 años, las naciones de Occidente no han hecho nada para prepararse para este acontecimiento que era casi seguro que ocurriría, y en su lugar aceptaron dar rienda suelta a la ideología del “libre mercado” del imperio británico para subvertir al Sistema Americano, dejar que la industrias se derrumbaran junto con las capacidades de salud pública, de los sistemas educativos, y mucho más.

La emergencia global necesita el liderazgo de un Estados Unidos restaurado, en estrecha colaboración con China, con Rusia e India, y otras naciones. Ya se han visto escenas de horror en Ecuador, Brasil, Canadá y en los asilos de ancianos en todo Estados Unidos y Europa; la OMS ha dado la voz de alerta de que pueden haber hasta 10 millones de muertos en África si no se toman medidas de emergencia inmediatamente, y eso va a perseguir al mundo durante siglos si no se evita.

Únete a la videoconferencia del Instituto Schiller el próximo sábado 9 de mayo, a las 2:00 pm (hora del Este de Estados Unidos) para celebrar la cooperación de Estados Unidos y Rusia en la derrota del fascismo hace 75 años, y para apoyar el esfuerzo de los presidentes Trump y Putin en su propósito de “hacer a un lado las diferencias, crear confianza y cooperar en la búsqueda de una causa mayor”. Lo mismo se tiene que lograr con China.