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Esta es “La Grande”

14 de may de 2020

14 de mayo de 2020 – Ha habido cada vez más advertencias graves de diferentes orígenes que han dado la voz de alerta, en el sentido de que si no cambiamos de rumbo, tanto las naciones como los individuos, nos podríamos estar dirigiendo hacia una crisis que sería “La Grande”. Pero éste es un error muy grave, señaló Helga Zepp-LaRouche en su videoconferencia semanal. El problema, explicó ella, es que la gente se enfoca en aspectos de la crisis —como la pandemia, la crisis financiera, la hambruna global, el peligro de guerra— pero pasan por alto la causa de todo ello: que estamos en una crisis de desintegración que tiene 50 años de gestación. No hay solución a ninguna de las crisis individuales sin abordar todas las crisis al mismo tiempo.

Es una necedad repetir las teorías conspirativas que culpan a China o al Presidente Donald Trump por la pandemia, o incluso culpar al coronavirus. Los virus van a surgir siempre, pero el hecho de que hay una pandemia obedece por completo a los 50 años de desmantelamiento sistemático de las capacidades de salud pública en las naciones transatlánticas, junto con la desindustrialización que degradó la calidad del empleo y los niveles de vida. A esto se agrega la legalización de las drogas y los opiáceos y otros aspectos de la degradación de la cultura. Y lo peor de todo, negarle la modernización económica y el desarrollo industrial a las naciones en desarrollo, que ha dejado a las naciones de Iberoamérica y de África sujetas a un holocausto potencial que no se ha visto en siglos.

El Programa Mundial de Alimentos de la ONU advierte que si no se toman medidas de emergencia ya en las naciones más pobres, van a morir unas 300,000 personas al día dentro de unos meses, debido al virus y a la hambruna; estas medidas de emergencia requieren de una estrecha colaboración entre las naciones con las economías más grandes del mundo, China y Estados Unidos. Un estudio del Instituto Johns Hopkins que publicó la revista médica The Lancet el 12 de mayo, con base en una investigación sobre el posible impacto en 188 países de ingresos bajos y medianos de todo el mundo, advierte que en los próximos seis meses, un número adicional de 1.15 millones de niños menores de cinco años y 56,700 madres en el período posnatal, podrían morir por debilidad y otras causas evitables, como resultado del colapso de los ya de por sí débiles sistemas de salud en esos países; 6,000 niños y 344 madres en el puerperio, al día.

La verdadera causa de la pandemia es el sistema imperial británico, que desplazó al Sistema Americano de Alexander Hamilton —que se basa en aumentar las facultades productivas del trabajo— para imponer un sistema basado en la maximización del “valor del accionista”, junto con las condiciones de austeridad genocidas.

No hay tal cosa como “volver a lo mismo”, a donde se encontraba el mundo antes de que esta pandemia expusiera la decadencia del sistema existente. Si no se hace a un lado a los belicistas británicos y estadounidenses que están detrás de la psicosis de masas contra China y contra Rusia, y si no establecemos un orden del día distinto, basado en la cooperación urgente de Rusia, China y Estados Unidos, y otras naciones dispuestas, para abordar la totalidad en conjunto de esta crisis global, como lo planteó Lyndon LaRouche siempre, entonces la humanidad se enfrenta efectivamente con la cuestión de si tenemos la aptitud moral para sobrevivir.

Las teleconferencias que realizó el Instituto Schiller para celebrar la reunión de las tropas estadounidenses y soviéticas en el Río Elba el 25 de abril, y para celebrar el Día de la Victoria en Europa el 9 de mayo, demostraron la viabilidad de ese esfuerzo global: una Ruta de la Seda de la Salud para abordar la pandemia; para restaurar la asociación que derrotó a la amenaza fascista en los años treinta y cuarenta, a fin de abordar el resurgimiento del fascismo hoy en día; para unir a los productores agropecuarios en el mundo y acabar con la cartelización de la producción de alimentos; para crear 1,500 millones de empleos productivos en la restauración de las economías avanzadas y para desarrollar a las otrora naciones colonizadas. Todo esto está ahora a nuestro alcance, en tanto que toda la población se ve obligada por la crisis a abandonar sus ilusiones y falsos axiomas, y a activar su potencial creativo para abordar esta crisis de la civilización.