La política de Seguridad Nacional del gobierno de Trump se deriva de la ideología de Dick Cheney de una superpotencia única

7 de octubre de 2020

6 de octubre de 2020 — Como dice un viejo refrán, no hay nada nuevo bajo el Sol. Los planificadores de la política de seguridad nacional del gobierno de Trump no inventaron el concepto de que “estamos en una nueva era de competencia estratégica”. Los conceptos que subyacen a esta idea, como se expresan en los documentos de Estrategia de Seguridad Nacional y Estrategia de Defensa Nacional, en realidad datan desde 1992, y se encuentran en la Guía para la Planificación de la Defensa, que se elaboró cuando Dick Cheney era secretario de Defensa. Ese esfuerzo de planificación fue el origen de la política que establece que Estados Unidos es “la única potencia” y que no va a tolerar que nadie desafíe este estatus.

Esa es la conclusión ineludible de la lectura de un informe del Servicio de Investigaciones del Congreso (CRS, por sus siglas en inglés) titulado “Renewed Great Power Competition: Implications for Defense—Issues for Congress” (Competencia renovada entre las grandes potencias: implicaciones para la defensa, cuestiones para el Congreso) fechado el 25 de agosto, aunque solo se refiere a los trabajos de planeación de 1992 en un pie de página. El informe del CRS dice que el cambio actual, hacia la confrontación con Rusia y China, data de la Estrategia Militar Nacional de 2015 del gobierno de Obama, aunque no estuvo en el centro de la política sino hasta que la Estrategia de Seguridad Nacional (NSS en sus siglas en inglés) y la Estrategia de Defensa Nacional (NDS en sus siglas en inglés) se presentaron en diciembre de 2017 y en enero del 2018 respectivamente. Esos documentos “formalmente le dieron una nueva dirección a la estrategia de seguridad nacional de EU y a la estrategia de defensa de EU hacia un enfoque explícito primario en la competencia entre las grandes potencias, con China y Rusia. Los funcionarios del Departamento de Defensa (DOD, por sus siglas en inglés), han identificado subsecuentemente como prioridad máxima del DOD, contrarrestar las capacidades militares de China”, señala el informe.

A partir de allí, el informe del CRS señala que la mayor parte de la población mundial, de los recursos y de la actividad económica, se encuentra actualmente en Eurasia, no en el Hemisferio Occidental. “En respuesta a este elemento básico de la geografía mundial, los formuladores de la política en Estados Unidos en las últimas décadas pasadas han decidido buscar, como elemento clave de la estrategia nacional de EU, la meta de impedir el surgimiento de hegemonías regionales en Eurasia”, dice el informe. “Aunque los planificadores estadounidenses no muy a menudo declaran explícitamente en público que la meta es evitar que surjan hegemonías regionales en Eurasia, las operaciones militares de Estados Unidos en las décadas recientes —tanto operaciones en tiempo de guerra como operaciones cotidianas— parece que se han llevado a cabo, y no en menor medida, en apoyo de este objetivo”. Esta es la razón por la cual, argumenta el informe, las fuerzas armadas de Estados Unidos está organizada, entrenada y equipada para llevar a cabo operaciones sostenidas a lo largo de grandes distancias.

El propósito de evitar el ascenso de “hegemonías regionales” se sustenta en dos criterios: “(1) que dada la cantidad de población, de recursos, y de la actividad económica en Eurasia, una hegemonía regional en Eurasia representaría una concentración de poder suficientemente grande como para amenazar los intereses vitales de Estados Unidos; y (2) que no se puede confiar en que Eurasia se regule por sí misma, en términos de evitar que surjan estas hegemonías regionales, lo cual quiere decir que no se puede contar con los países de Eurasia para impedir por sus propias acciones, que surjan estas hegemonías, y podrían necesitar ayuda de uno o varios países fuera de Eurasia para que puedan hacer esto de manera confiable”. Establece que estos criterios podrían cambiar, causando cambios a gran escala en la gran estrategia de Estados Unidos, pero no dan ningún indicio de que tales discusiones puedan estar sucediendo.

Uno de los temas que se plantean en el marco de “Cuestiones para el Congreso” es esto: “¿Debe Estados Unidos continuar incluyendo, como elemento crucial de la gran estrategia estadounidense, el propósito de evitar que surja una hegemonía regional en alguna parte de Eurasia o en otro lado?. En una nota de pie de página, esta sección del informe cita a Zalmay Khalilzad quien reporta en un artículo publicado en el 2016 en The National Interest que, de hecho, esto fue un tema que se discutió en 1992 cuando él era planificador en el Pentágono. En ese momento él y sus colegas “consideraron seriamente la idea de concederles a grandes potencias como Rusia y China sus propias esferas de influencia, que potencialmente le permitiría a Estados Unidos acumular un mayor ‘dividendo de paz’ e invertirlo en prioridades a nivel nacional”, escribió Khalilzad.

“Finalmente, sin embargo, llegamos a la conclusión de que Estados Unidos tiene un fuerte interés en impedir el surgimiento de otro mundo bipolar (como en la Guerra Fría) o de un mundo de muchas grandes potencias, como existió antes de las dos guerras mundiales. La multipolaridad nos llevó a las dos guerras mundiales y la bipolaridad resultó en una prolongada lucha a nivel mundial con la amenaza de una extinción nuclear. Para evitar el regreso a esas circunstancias, el secretario de Defensa Dick Cheney, finalmente acordó que nuestro propósito debe ser impedir que una potencia hostil domine una ‘región crítica’, que le daría los recursos, las capacidades industriales y la población para constituirse como un desafío global. Esta perspectiva ha guiado la política de defensa de Estados Unidos durante toda la era que siguió a la Guerra Fría”.

Khalilzad se refería a la elaboración de la guía de planificación de defensa de 1992. Khalilzad fue uno entre los otros ideólogos neoconservadores que también estuvieron involucrados en ese esfuerzo, que más tarde le darían forma al plan en la guerra contra Iraq que lanzó el vicepresidente Dick Cheney, en 2002 y 2003. Una de las metas de política de defensa enumeradas en un borrador de ese documento, fechado el 16 de abril de 1992, como lo publicó el Archivo Nacional de Seguridad en el 2008, “es para evitar que ninguna potencia hostil domine una región que sea crucial para nuestros intereses, y también, por lo tanto fortalecer los obstáculos en contra del resurgimiento de una amenaza global a los intereses de Estados Unidos y de sus aliados”, entre ellos los de Europa, Asia del Este, el Sudeste de Asia, la región del golfo Pérsico y Latinoamérica. “La consolidación de un control no democrático de los recursos de una región tan crucial podría generar una significativa amenaza a nuestra seguridad”, afirma el documento.