LaRouche a 40 naciones: oligarquía versus creatividad; defendamos los propietarios de vivienda y los bancos

17 de septiembre de 2007

A continuación presentamos un resumen del discurso pronunciado por Lyndon LaRouche en la conferencia del Instituto Schiller en Kiedrich, Alemania, sobre el Puente Terrestre Eurasiático 15 de septiembre del 2007 (LPAC) — En su discurso esta mañana ante la conferencia internacional del Instituto Schiller en Kiedrich, Alemania, sobre el Puente Terrestre Eurasiático, Lyndon LaRouche fue directo al grano al explicar que ya está en marcha un desplome financiero internacional que ha desatado una reacción en cadena que amenaza al dólar, y también la sobrevivencia de China y Europa, que no tienen cómo protegerse. El derrumbe es planetario y si no hay un cambio real de política en una dirección positiva, lo seguro es que el mundo caiga en una nueva era de tinieblas.

El cambio en una dirección negativa ocurrió con la muerte del presidente Franklin Delano Roosevelt (FDR), dijo LaRouche. FDR logró forzar al Imperio Británico a una guerra contra Hitler, el mismo Hitler que el Banco de Inglaterra y el imperio llevara al poder y que estaban reacios a combatir, como lo muestra el caso del mariscal de campo británico Montgomery, que prolongara la guerra en Europa que se pudo haber concluido ya a finales de 1944. FDR estaba decidido a desmantelar el imperio, dijo LaRouche, y quería trabajar con Rusia, China e India Consideraba a las Naciones Unidas como algo que ayudaría para la batalla contra el colonialismo, y que colaboraría en la construcción de naciones nuevas, trabajando juntos por el bien común de toda la humanidad. Cuando FDR murió, Truman cambió el curso político, declaró la guerra a la Unión Soviética que Bertrand Russell quería que fuera una guerra nuclear, y desde ese momento en adelante, las cosas cambiaron para peor.

El Imperio Británico consideraba a FDR una amenaza, como lo consideraba a los Estados Unidos anteriormente, por ejemplo, después de que fuera derrotada la Confederación (controlada por los británicos), cuando Otto von Bismarck estableciera una política (no imperial) de desarrollo terrestre y cuando Alemania construyera el ferrocarril Berlín-Bagdad. El desarrollo de infraestructura terrestre es mucho más eficiente en lo económico, desde la perspectiva del beneficio de las regiones internas, que el comercio marítimo, que está bajo el control del imperio y no impulsa para nada el desarrollo tierra adentro. Todas la guerras libradas desde el Renacimiento han sido guerras en realidad contra la idea del imperio, por el derecho al desarrollo soberano, contra las guerras (permanentes) lanzadas por el imperio e inspiradas en la prolongada Guerra del Peloponeso que destruyera Atenas.

Estados Unidos se desarrolló económicamente hasta la muerte de John F. Kennedy; luego fue destruido por la Guerra de Indochina y el auge de la generación de los sesentiocheros, con su odio al operario productivo. El Partido Demócrata se destruyó en este proceso, de 1968 en adelante; Nixon destruyó el antiguo Bretton Woods en 1971 y las fuerzas imperiales han trabajado desde entonces para destruir el Estado nacional de los Estados Unidos y otros para remplazarlo con una dictadura planetaria. El fraude del calentamiento global sirve a ese mismo propósito, al igual que el sistema de Maastricht en Europa. Todo ello se remonta al culto a Apolo-Dionisio que rigiera los imperios antiguos y fuera revivido por Venecia y, luego, por Shelburne y el surgimiento del sistema angloholandés de banca. Este es el origen de la globalización.

Sólo la alianza de las Cuatro Naciones —Estados Unidos, Rusia, China e India— contiene el potencial de iniciar un cambio inmediato en la política planetaria, al que se le unirán otras naciones una vez actúen en la dirección correcta.

Antes que nada, lo que se requiere es un muro contrafuegos contra el derrumbe financiero-económico total, que es lo que la Ley de Protección a los Bancos y Propietarios de Vivienda pretende lograr, como medida instantánea. Hay que proteger a los bancos para que puedan funcionar otra vez, y hay que dejar que los fondos especulativos se hundan. Los fondos especulativos controlan ahora a la banca y no se les debe rescatar.

Al primer muro contrafuegos debe seguirle un segundo que fije un plazo razonable para la transición del actual sistema monetaristista a un verdadera sistema económico productivo. Lo que se necesita son buenos economistas que no caigan víctima de la sofistería de los modelos de "pronóstico" estadístico de los fondos especulativos que han fracasado. Un buen economista observa el proceso detrás de las cifras, como lo hiciera Johannes Kepler cuando descubrió el principio del desplazamiento de los planetas. Lo que se necesita es gente que esté consciente de la diferencia entre los seres humanos y los animales, que conozca los poderes creativos de la persona, que desarrolle ideas para el futuro de la humanidad. Que vuelva a vivir los procesos por los cuales fueron posibles las revoluciones científicas que llevaron al progreso real en la historia, y se evite así repetir los errores cometidos por todos los gobiernos que han llevado al desastre actual, dijo LaRouche.

Después del discurso de LaRouche hubo una discusión de 40 minutos que empezó con una pregunta sobre si lo descrito por Kepler en términos del método de logros científicos en la astronomía puede aplicarse también a los logros sociopolíticos. LaRouche subrayó que lo que importa es ver que el conocimiento real no se basa en los sentidos, como ciertamente mostrara Kepler con su obra.

Otra pregunta fue sobre el equilibrio apropiado en la inversión entre el Estado y el sector privado, a lo que LaRouche respondió indicando que la soberanía creativa del individuo es el aspecto central, y el Estado sólo proporciona el contexto para la cooperación y el desarrollo de la creatividad. Esto es un asunto de buen liderato; un buen sistema es gobernado por factores que no son fijos, sino que lo rigen las ideas creativas, por ejemplo el concepto de una máquina que incrementa la productividad.

Otra pregunta fue si los Estados Unidos de hoy no son también un imperio. LaRouche respondió con un repaso de todos los imperios del pasado, que requieren de la existencia de una oligarquía del tipo de los financieros délficos, como el de un sacerdocio que controla los santuarios a los que la gente tenía que hacer donaciones. El Imperio Romano fue una creación de este sistema, como lo fueron los otros imperios que le siguieron, incluyendo el sistema angloholandés de banca que ha sido la base para la oligarquía que todavía rige el Imperio Británico. Los estadounidenses establecieron su república en una pelea contra este imperio y esta oligarquía; los Estados Unidos no son un imperio.

Hubo una pregunta sobre Rabelais, su método polémico y cómo aplicarlo al trabajo organizativo actual. LaRouche explicó la relación entre el método de Cervantes, que de manera conciente ridiculizó el desastre español de su tiempo dirigido por los Hapsburgo, con el método de Rabelais quien describió la abominable degeneración de la nación francesa que alguna vez fuera una gran nación bajo Juana de Arco y Luis XI, recurriendo también al método de ridiculizar. Al adquirir consciencia de este proceso de declinación, y las tonterías de la propia población, hace que uno ría y disfrute a Rabelais, pero con una risa sana que muestra cuál es el problema.

Otra pregunta versó sobre si mas bien no debiera cambiarse el Partido Republicano de los EU que controla el gobierno actual, que cambiar a los demócratas. LaRouche respondió que uno tiene que aceptar el destino, que tiene que ver con la manera en que se transmiten las ideas a lo largo de la historia. La cultura de los Estados Unidos se basa en las ideas de principios del siglo 17, el impulso de Cotton Mather es el mismo como el del Tratado de Westfalia de 1648, y desde allí los estadounidenses edificaron la primera república jamás conocida sobre este planeta. Eso se continuó con FDR, quien no llegó a la ciega al cargo sino que estaba bien preparado, como se ve en su disertación sobre cómo sus ancestros fueron cruciales en la construcción del Sistema Americano. Esta tradición de FDR permanece allí todavía en la actualidad dentro del Partido Demócrata, no en su liderato, sino en la base del partido, y ellos entienden lo que defiende LaRouche. Todavía tienen esta tradición de generaciones anteriores; existe una veta de patriotismo en la base del Partido Demócrata que puede revivirse y eso es lo que nosotros estamos realizando.