LaRouche advierte sobre un inminente estallido hiperinflacionario

23 de enero de 2008

LaRouche Warns of Imminent Hyperinflationary Blowout

22 de enero del 2008 (LPAC).— Los febriles esfuerzos para rescatar al sistema financiero, ejemplificados en el recorte de 0.75% en las tasas de interés ante el pánico de la Reserva Federal de los Estados Unidos, y el plan de estímulo económico del Presidente Bush y el Secretario de Hacienda Paulson, no solo no funcionarán sino que les saldrá el tiro por la culata, y muy pronto, advirtió hoy el economista Lyndon LaRouche. El sistema financiero está muerto, y cualquier intento por salvar el valor ficticio de billones de dólares en papel financiero que no vale nada, no sólo va a fracasar sino que va a destruir cualquier nación lo suficientemente tonta que intente hacerlo, dijo LaRouche.

El sistema financiero global, incluyendo particularmente a los Estados Unidos, está entrando en un período comparable al de la Alemania de Weimar en el Otoño de 1923, pero en una escala mucho mayor. Mientras que el daño de la hiperinflación galopante en la Alemania de Weimar quedó restringida en gran medida al país mismo, la crisis actual es a escala global. Ningún sistema nacional sobrevivirá a sus efectos y las naciones podrían incluso no sobrevivir este año, advirtió.

Con la ratificación del Tratado de Versalles al término de la Primera Guerra Mundial, Alemania fue azotada con pagos de reparación de guerra tan altos como para hacerle imposible que funcionara. Para cumplir con sus obligaciones, Alemania empezó a imprimir dinero, financiando sus pagos de reparación y las necesidades de su economía al costo de depreciar su moneda. El estímulo monetario alcanzó niveles tan impensables que se acuño el término hiperinflación para distinguir su horror debilitante.

Cuando Alemania se empezó a paralizar, el gobierno respondió con la impresión de más dinero como un estímulo, y el valor del marco alemán empezó a caer en plomada. Durante el período 1913-1915, el marco se cotizó en el rango de cuatro por dólar, llegando hasta seis por dólar en 1917 y 1918. La situación comenzó a deteriorarse seriamente después de eso, para llegar a los 20 marcos por dólar en 1919 hasta los 63 por dólar en 1920 y 105 marcos por dólar en 1921. Luego se desfondó, saltando hasta los 1,886 marcos en 1922 y la pasmosa cifra de 535 mil millones de marcos por dólar en 1923. Durante ese mismo período, se disparó el índice del costo de la vida de 100 en 1913 a 1,019 en 1920 y para el 23 de noviembre de 1923 saltó a un asombroso 657 mil millones, según la Oficina Alemana de Estadística.

Ahora, por razones similares, el mundo se acerca ya a un derrumbe hiperinflacionario tipo Weimar. Las acciones de la Reserva Federal y el Banco Central Europeo, al igual que otros bancos centrales y los gobiernos mismos, su determinación de tratar de estimular para revivir el cadáver de este sistema financiero, su negativa ciega a reconocer la verdad, tiene el sello de una tragedia clásica. Atrapados por el temor, estos Hamlets modernos están optando por destruir lo más querido, con tal de romper con su creencia en una política monetaria fracasada.

Las naciones de Europa, bajo los acuerdos del Tratado de Maastricht, exterminador de soberanías, han abandonado su capacidad para reaccionar a esta crisis, de manera que recae en los Estados Unidos, bajo los poderes y responsabilidades que le confiere su Constitución, encabezar el rescate no solamente propio sino del mundo en su totalidad. En vez de continuar con los intentos necios de estimular al cadáver, el Gobierno de los Estados Unidos debe usar sus poderes soberanos para poner su propio sistema financiero bajo el proceso de bancarrota, fijando así un precedente y aportando el contexto en el que otras naciones puedan actuar. El primer paso decisivo es la aprobación de la Ley de Protección a los Bancos y Propietarios de Vivienda de LaRouche, para erigir los muros cortafuego necesarios que protejan al público y los aspectos esenciales de la infraestructura económica para mantener funcionando la economía conforme se resuelve el daño.

Lyndon LaRouche y su comité de acción política tendrá más que decir en torno a este problema vital en los días siguientes, cuando la magnitud del desastre que devora a las naciones empiece a penetrar en la conciencia de la gente.

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