¿Por qué tanto salto Obama, si dices que el suelo está tan parejo?

20 de may de 2008

18 de mayo de 2008 (LPAC).— Dos incidentes recientes sugieren que, a pesar de que los medios de comunicación están inflando la noticia de que el senador Barack Obama ya tiene casi totalmente asegurada la candidatura demócrata, nada está más alejado de la verdad, y los partidarios de Obama y algunas de las gentes de Howard "gritón" Dean están recurriendo a tácticas desesperadas, entre ellas una presión brutal y sobornos descarados, para tratar de parar el creciente proceso organizativo de la senadora Hillary Clinton con miras a las de las elecciones primarias finales. Fuentes cercanas al sector de Obama informaron que el apoyo del ex senador y vicecandidato presidencial John Edwards, el 14 de mayo, tuvo un alto costo. Según una fuente, Edwards sufrió enormes presiones para que apoyara la candidatura de Obama ahora, o enfrentara el aislamiento total del sector de Obama. Una segunda fuente agregó que "donantes privados" muy cercanos a Obama hicieron contribuciones importantes a un proyecto de Edwards contra la pobreza, para comprar el apoyo del senador. Unos dias antes de la victoria abrumadora de Hillary Clinton en las elecciones primarias en Virginia Occidental, el 13 de mayo, Edwards anunció su intención de permanecer neutral hasta que se definiera la selección del candidato. Después, el 14 de mayo,dió un giro de 180 grados y anunció su apoyo a Obama. El dia anterior al anuncio de su apoyo, el 13 de mayo, Edwards había estado en Filadelfia para lanzar una nueva campaña contra la pobreza, llamada, "La mitad en diez", cuyo objetivo manifiesto es reducir la pobrezas en América a la mitad en la próxima década. Dos de los grupos que participan en la coalición, el Center for American Progress Action Fund y ACORN, están ambos financiados casi exclusivamente por nadie menos que George Soros y su Alianza por la Democracia de multimillonarios. Soros lanzó la Alianza por la Democracia en abril del 2005, con la intención de asegurar la dominación financiera angloholandesa sobre el Partido Demócrata, utilizando la riqueza de 70 multimillonarios y multimillardonarios, en una lista selecta de organizaciones y grupos de expertos del Partido Demócrata. Entre los miembros del grupo de Soros está Fred Baron, un acaudalado abogado de Dallas, Texas, que fue el director de finanzas de la fracasada campaña presidencial de John Edwards en el 2004.

En otra maniobra que muestra claramente señales de desesperación, más que de confianza, los partidarios de Obama indujeron al ejecutivo del condado Prince George, Maryland, Jack Johnson, un delegado de Hillary Clinton, a que anunciara el 14 de mayo, el cambio de su voto en la convención a favor de Obama —a pesar del hecho de que, según las reglas del Partido Demócrata, los delegados electos tienen que representar al candidato electo en las primarias— al menos en la primera votación. Ni el Partido Demócrata de Maryland ni el CND de Howard Gritón movieron un dedo para parar la deserción de Johnson. Las crecientes tácticas gangsteriles usadas por los partidarios de Obama en los últimos dias reflejan una preocupación creciente de que, debido a la victoria abrumadora de la senadora Clinton en Virginia Occidental, y el apoyo abrumador que está obteniendo entre los votantes de la clase trabajadora, y otros grupos de votantes de entre el 80% de la población de menores ingresos, no va a ser posible decidir quien es el candidato antes de la convención para elegir el candidato en agosto en Denver. Lyndon LaRouche ha enfatizado que, si la senadora Clinton continúa con su candidatura activa hacia la convención de agosto, va a ganar la nominación, y después le asestará una derrota contundente a John McCain en las elecciones nacionales de noviembre. LaRouche ha venido advirtiendo durante meses que Obama no es elegible, y que círculos financieros destacados de la City de Londres que respaldan a Obama, solo lo hacen para sacar a Clinton de la contienda. En última instancia, se quieren asegurar que Obama nunca sea electo Presidente. Cada vez más, los partidarios de Obama en muchos estados se están dando cuenta de que las advertencias de LaRouche son ciertas.