Helga Zepp-LaRouche: Después del "no" de Irlanda al tratado de Lisboa, ¡por una Europa de repúblicas soberanas!

10 de julio de 2008
¡Por una Europa de Repúblicas Soberanas, ahora!

por Helga Zepp LaRouche

30 de junio de 2008 (LPAC).— Estos días ha habido muchos gruñidos y crujir de dientes en los círculos bancarios. Existe una pelea total por definir el rumbo que se debate entre una Escila de inflación descontrolada y una Caribdis de la economía mundial en barrena hacia una depresión profunda. De repente ha habido mucha alharaca —a pesar de que la marejada hiperinflacionaria era ya obvia desde septiembre pasado, en tanto que Lyndon LaRouche ya había anunciado en su videoconferencia transmitida por internet el 25 de julio del 2007, que el sistema financiero mundial ya se había desplomado, y que ahora no había más que ver cómo se manifestaban los varios efectos del desplome en la superficie de los acontecimientos.

El precio del petróleo está ahora por encima de los $140 por barril, en tanto que ciertos analistas pronostican que pronto se remontara a los $170, $200 o incluso hasta los $300, mientras que la inflación oficial en Europa, incluso después del maquillaje de cifras, está casi en un 4% y se espera que se eleve al 5.5% en agosto. Existen ahora cada vez mayores indicios de que el Banco Central Europeo (BCE) elevará la tasa de interés mínima de 4% a 4.25%, debido, entre otras cosas, a que la opinión pública cada vez está más convencida de que Europa no solo es un Teuro, sino que a diferencia del viejo sólido deutschemark, la nueva moneda es tan blanda como un algodón azucarado. Una larga fila de economistas, como Albert Edwards, principal estratega de Société Genéralé, advierten que el BCE está cometiendo un grave error y que al intentar contrarestar la inflación elevando las tasas de interés, simplemente hunde más la economía en el abismo.

Contrario al proverbio bien conocido, los cuervos se están sacando los ojos unos a otros, y la Reserva Federal de E.U. cada vez más se convierte en el saco de boxeo favorito de los banqueros frustrados. Barclays Capital le envió a sus clientes un informe advirtiéndoles sobre una tormenta financiera mundial, culpando a la Fed por la inflación y afirmando que la Reserva Federal ha perdido toda credibilidad. David Woo, el experto sobre divisas del banco, acusó a la Fed de haber exportado inflación a unos 45 países más que tiene sus divisas fijadas al dólar. Y en verdad es un hecho que la parte del león por la culpa por la inflación, recae sobre la decisión de la Fed y de otros bancos centrales de usar repetidas inyecciones de liquidez para tratar de evitar que se hundieran bancos inversionistas privados y otras instituciones financieras creativas, con sus vehículos de inversiones estructuradas multi billonarios en dólares. Porque la liquidez no sólo se guardó en el cochinito; sino que continuó circulando, inflando el castillo de naipes monetario. O, como dijo el presidente del Banco Central Europeo (BCE) al responder una pregunta sobre hasta qué grado era la especulación responsable por el precio del petróleo: Las carteras de inversiones, dijo, se han movido "en dirección de las mercancías".

La disputa sobre cuál de los dos problemas —una inflación rampante o la llamada estanflación— es el problema más serio a tratar, es una pérdida de tiempo y simplemente demuestra qué tan zopencos son estos ideólogos neoliberales. Porque el hecho es que ya llevamos algún tiempo en un proceso hiperinflacionario; proceso que explotará, a muy corto plazo, con más estallidos de burbujas financieras y tormentas financieras con la fuerza de un tsunami.

El voto de Irlanda por el "No"

Fue sobre este telón de fondo que Irlanda votó "no" en su referéndum sobre el nuevo tratado de la Unión Europea. Ciertamente no era que la población irlandesa tuviera consciencia de la dimensión cabal de la crisis sistémica, pero sí estaban agudamente conscientes de los efectos nocivos de las políticas neoliberales de la Unión Europea (UE) sobre las industrias y la agricultura de su propio país. Los defensores del Tratado alegan que los irlandeses son unos desagradecidos dado que muchos de ellos han obtenido beneficios de su membresía a la UE. Pero Irlanda no solamente tiene una burbuja de bienes raíces que está haciendo explosión: el endeudamiento familiar se ha elevado a un 176% de su Producto Interno Bruto, y se está viendo igual de afectada por la contracción crediticia general y el desplome del dólar y la libra esterlina. Los granjeros irlandeses reaccionaron especialmente ante la amenaza de un libre comercio completamente desregulado, con lo que parece querer seguir adelante la UE en sus negociaciones con la Organización Mundial de Comercio (OMC).

Contrario a lo que están haciendo la canciller alemana Angela Merkel y el presidente francés Nicolás Sankozy, que pretenden que la realidad no existe e insisten en que el proceso de ratificación del tratado de Lisboa sigue adelante, uno de los voceros más conservadores de la City de Londres, Ambrose Evans-Pritchard, nota que el intento por imponer un superestado por sobre las naciones de Europa acabo en fracaso. En el Telegraph escribe: el intento por atropellar el triple voto por el "No" de las poblaciones de Francia, Holanda e Irlanda ha llevado a la UE a una crisis de legitimidad sistémica. Fue más allá de lo que podía aguantar la población. Cualquier ciudadano consciente puede ver que el proceso se ha desquiciado. En tanto que "Europa" desatina como si nada hubiera sucedido, la pregunta en el aire ahora es sobre si la constitución del tratado de Lisboa se pondrá en efecto alguna vez, sobre si la UE adquirirá alguna vez la maquinaria de una potencia económica, diplomática y militar y sobre si el euro alguna vez tendrá una política que lo respalde. En lo sucesivo, Bruselas luchará por tratar de conservar los poderes que ya ha amasado. Las funciones fluirán de regreso a los Estados nacionales, la jurisdicción apropiada para una democracia auténtica.

Ahora, uno puede no ser amigo de Ambrose Evans-Pritchard pero cuando tiene razón, tiene razón. Es más cita advertencias del banco central de Alemania, el Bundesbank, en el sentido de que la unión monetaria europea a la larga va a ser vencida sin el cimiento de una unión política; es decir, sin un tesoro de la UE, un sistema salarial unificado, y una bolsa común de deuda y pensiones. Y ahora las élites tendrán que enfrentar la gran tormenta del euro del 2008 y 2009 con las herramientas limitadas que poseen. Nos recuerda el principio de Ibicus planteado por Schiller en el famoso poema "Las grullas de Ibicus": existe un poder superior que en secreto nos observa y nos juzga, que tiene formas milagrosas de retribuir exactamente por la injusticia y los que hacen el mal, justo cuando creen que están a salvo, son arrebatados por las Erinias.

La Némesis de Thatcher

Recordemos las circunstancias en las cuales Alemania fue forzada a aceptar la unión monetaria europea. El muro de Berlín había caído en noviembre de 1989 y el entonces canciller Helmut Khol dió a conocer su programa de diez puntos, en donde realizaba un llamado para una cooperación cercana entre los dos estados confederados de Alemania, que llevara a una federación. Por consiguiente la primera ministra británica Margaret Thatcher lanzó su campaña de calumnia del "Cuarto Reich" en contra de Alemania, en tanto que el presidente francés Francois Mitterrand amenazaba con que Francia sólo aceptaría la reunificación si Alemania renunciaba al deutschemark y aceptaba una inmediata unión monetaria anticipada. El asesor de Mitterrand, Jacques Attali escribió después, en una biografía de su jefe, que Mitterrand llegó incluso a amenazar a Kohl con la guerra y la restablecimiento de la Triple Entente, en el caso que Alemania se negara a obedecer. Dos días después, uno de los asesores más cercanos de Kohl, Alfred Herrhausen, fue asesinado. Kohl describió después la presión a la que se vió sometido en la reunión cumbre de la UE en Strasburgo a principios de diciembre, para que entregara el deutschemark, como la hora más negra de su vida.

En aquel entonces era claro para cualquiera que tuviera un sentido de la economía, que esta unión monetaria no podía funcionar sin una unidad política europea que la respaldara. Porque como medida forzada y por separado no serviría como catalítico para la unidad europea, sino que por el contrario permitiría que hicieran erupción de manera más severas los diversos intereses de los diversos estados. Y esto es precisamente lo que se ha vuelto claro ahora en la próxima "gran tormenta del euro, en el contexto de una explosión hiperinflacionaria mundial.

Así que, el intento de los jefes de Estado de Europa por llevar a cabo una operación semiclandestina para engatuzar a las naciones de Europa para que aceptaran la Constitución Europea disfrazada de un tratado de Lisboa —incluso después de que ya habían rechazado la Constitución, Francia y los Países Bajos— ahora se les ha revertido a sus instigadores. A pesar del hecho de que el ex presidente de Alemania Roman Herzog ha dicho que el tratado de la UE aboliría la democracia parlamentaria, en ninguno de los medios informativos de Alemania existe ni un sólo informe sobre el esfuerzo por hacer que se apruebe. Pero con el voto por el "no" irlandés, el tratado de la UE no es más que, de acuerdo con sus propias estipulaciones, papel sanitario, como lo describió tan aptamente el presidente checo, Vaclav Klaus.

Regresemos a la Europa anterior a Maastricht

En un discurso reciente, Vaclav Klaus instó también a Europa a que regrese a las formas de cooperación usadas antes de la adopción del tratado de Maastricht. Ésta es una idea sumamente razonable, dado que el BCE no se considera a si mismo como el prestamista de último recurso y, por tanto, los gobiernos nacionales, si se les priva de la soberanía sobre sus propias monedas, no cuenta con instrumento alguno para proteger sus poblaciones de los efectos de las tormentas financieras que ya azotan y que todavía prometen volverse mucho más fuertes. Por la misma razón, las disposiciones del Pacto de Estabilidad y Crecimiento de la UE son una camisa de fuerza que prohíbe a los gobiernos realicen las intervenciones de Estado explícitas que serían necesarias para vencer la ya explosiva hiperinflación y depresión.

El tan socorrido argumento de que Europa necesita el tratado de la UE, y que Europa por tanto debe devenir en una dictadura oligárquica y mantenga "su papel en el mundo", es un todo un disparate. Un superestado neoliberal y militarizado que asegure poder sobrellevar la depresión por medio de una reducción generalizada del nivel de vida de sus ciudadanos, suena muy parecido a las extrañas enseñazas del profesor Unsinn. ¡Hola, Hjalmar Schachtt!

De la rapidez con la que varios Estados europeos puedan cancelar los tratados de la UE-algo a lo que tienen todo el derecho según el derecho internacional, dado que los tratados contravienen sus intereses existenciales-lo más rápido que podrán actuar en la tradición del Nuevo Trato de Franklin D. Roosevelt, del Dr. Wilhelm Lautenbach y del Plan Woytinsky-Tarnow-Baade de 1931 de la Confederación Sindical Alemana (ADGB), poniendo en acción los programas de estímulo necesarios para lograr que la economía productiva se active de nuevo y se logre el pleno empleo productivo. No existe nada que impida que las naciones de Europa actúen en conjunto como Estados soberanos, como una Europa de las Patrias, que aborde empresas internacionales como la cooperación para la construcción del Puente Terrestre Euroasiático y su extensión a África. Para lograr eso no uno no necesita de la burocracia de Brusela; sino lo que sí se necesita son de economistas, ingenieros y especialistas que no necesitan saber nada acerca de los vehículos de inversión estructurada, pero quienes sí necesitan saber mucho sobre la economía física.

En la próxima cumbre del Grupo de los Ocho en Japón, el presidente de Rusia Dmitri Medvedev expondrá la intención de establecer una zona del rublo en los Estados Independientes de la Mancomunidad. El sector de los países en desarrollo llevará la demanda de que los países del G-8 deberán decidir llevar a cabo algo efectivo que detenga la catástrofe del hambre. Todos los participantes de la cumbre serán medidos por las soluciones que presenten. Y ya está sobre la mesa las propuestas de LaRouche por el sistema de un Nuevo Bretton Woods, como la verdadera salida a la crisis.

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