Soros y el exterminador nazi Eichmann: la importancia de gozar tu trabajo

16 de julio de 2008

11 de julio de 2008 (LPAC).— ¿Qué prepara, sicológicamente, a un hombre para llevar a cabo sucias operaciones imperiales para destruir naciones y empobrecer a miles de millones? Ya es bien sabido que el joven George Soros tomó parte en las confiscaciones nazis de las propiedades de los judíos condenados al exterminio, durante la ocupación alemana de Hungría en 1944. Públicamente ha dicho que no siente remordimientos por esto. Pero antes de esta empresa confiscatoria, trabajó como mensajero notificandole a los judíos que tenían que presentarse para ser deportados.

Según la biografía lisonjera del 2002, Soros: la vida y tiempos de un multimillonario mesiánico, escrita por Michael Kaufman, con la plena cooperación de George Soros, "a George le gustaba la emoción de ser un mensajero" y se sentía exaltado por su habilidad para romper las reglas y sobrevivir, cuando todos a su alrededor perecían.

El libro de Kaufman describe la situación "George...empezó a trabajar como mensajero para el Consejo Judío, que fue creado por [el cerebro del exterminio nazi, Adolf] Eichmann Al igual que en otras ciudades en donde los nazis habían creado organizaciones similares, el consejo tenía el propósito de ser el primer paso para identificar y registrar a los judíos, a lo que se le seguiría el aglomerarlos en ghettos, para finalmente hacia los trabajos forzados y la muerte".

En las memorias escritas por el padre de George, Tivadar Soros, Mascarada: bailando con la muerte en la Hungría ocupada por los nazis, el padre dice que le ordenó a George que renunciara al Consejo a pesar de lo mucho que lo disfrutaba. Tivadar describe la sicología del Consejo de una manera que permite tener barruntos útiles de la deformación del alma de Soros, el operativo imperial multimillonario:

"Cuando empezó la persecución sistemática de los judíos, la llevaron a cabo no los alemanes, ni sus lacayos húngaros sino —lo más asombroso— los mismos judíos. Una de las primeras cosas que hicieron los alemanes fue formar un llamado Consejo Judío, que consistía de dirigentes de la comunidad judía. A los miembros del Consejo les diles dieron la responsabilidad personal de llevar a cabo las diversas medidas alemanas en relación a la población judía. Como recompensa, se exentó a sus familias y a aquellos que trabajaban para ellos, al menos al principio, de estas restricciones.

"Los alemanes inventaron este 'brillante' esquema a principios de la II Guerra Mundial. Ya lo habían usado en otros paises, con éxito sobresaliente. El Consejo Judío llevó a cabo los deseos alemanes de una manera mucho más concienzuda de lo que podrían haberlo hecho los alemanes mismos. No había nada que solicitaran los alemanes que no estuvieran dispuestos a entregar, sin pensarlo un momento. Por supuesto, sus pellejos estaban en riesgo; si no obedecían, ellos iban a ser los primeros en ser castigados; si lo hacían, estarían a salvo, o al menos eso creían. Apelaban a la comunidad judía con empeñoño, casi desesperadamente, para que siguieran las órdenes. Como eran ciudadanos respetables, sus palabras pesaban. Lograron convencerse de que le estaban sirviendo a los alemanes no por motivos egoistas, sino en beneficio de la comunidad judía; en la medida en que los judíos obedecieran voluntariamente, los tratarían dentro de ciertos límites. Nada podía haberle servido más a los alemanes; se ahorraron el trabajo y los gastos de tener que llevar a cabo sus propias ordenes. Fue un golpe maestro".

"...Debido a que los judíos ya no podían asistir a la escuela y sus maestros no podían enseñar, se les ordenó que se presentaran en las oficinas del Consejo. A los niños los alistaron como mensajeros bajo la dirección de sus maestros. Mi hijo menor George tambien se convirtió en mensajero...".

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