El momento de negaciones

9 de agosto de 2008

por Lyndon H. LaRouche Jr. 5 de agosto del 2008 (LPAC).— El mundo ha llegado ahora al momento de crisis que tantos, incluso entre mis asociados, no han tenido las agallas para ver. La ruina del sistema mundial actual, cuyo decreto formal para el futuro viniera de la voca culposa del presidente estadounidense Richard Nixon, el 15 de agosto de 1971, ya está aquí. El día exacto, o la hora, en el que podría ocurrir el tipo de acontecimiento determinante más notable en las directrices estadounidenses, sigue incierto en lo que toca al corto plazo, pero, lo que es seguro, es que si no vemos la acción de emergencia que yo he proyectado, el sistema mundial actual está definitivamente perdido en el corto plazo, muy corto quizá.

Ahora, los funcionarios financieros y políticos pertinentes mienten sin parar. La incertidumbre es que mientras lo hacen, ninguno de ellos tiene la certidumbre exacta de cuál es la verdad.

En estos momentos, se calcula sin duda que no menos de 1400 a 3000 bancos estadounidenses (sin contar los bancos europeos, por ejemplo) yacen ya prácticamente en la morgue de los bancos muertos. Sólo unos cuantos de ellos se les preparó para el entierro público; los otros descansan sus restos mortales en el congelador. El número podría ser mucho mayor, quizá de cinco mil bancos o más.

Las dificultades para calcular el número exacto son dos. La primera, que los funcionarios pertinentes y otros mentirían sin descanso, si aún les quedara cabeza. La segunda, que hay cierta incertidumbre sobre la definición de "muerto"; el sistema actual ciertamente está muerto, y no podría resucitársele en su forma presente; cuántos casos de estos podrían resucitarse bajo un sistema nuevo, depende de que tan pronto y en que estructura pueda ocurrir el cambio que se necesita hacia el reemplazo del sistema bancario.

El factor de la idiotez colectiva

Con la desaparición de mi propia generación y las precedentes, ya no queda ninguna competencia sobre el tema de la economía entre las generaciones más jóvenes ni entre la generación sesentaiochera que ha generado la mayor parte de la peor incompetencia que reina dentro del Congreso de los Estados Unidos y Wall Street hoy día, ni de la generación joven adulta posee competencia alguna en materia de economía. Los guía la fantasía, en la que comparten algo de la locura desgastada del ex presidente de la Reserva Federal Alan Greenspan, en su deseo de creer que el dinero es simplemente lo que su buen deseo pueda esperar que sea el dinero, o en qué convertirse. Con excepciones individuales raras, los académicos predominantes pertinentes, mercaderes y políticos, están tan locos como una cabra en estos asuntos.

El hecho pertinente es que el dinero es en esencia simplemente ficticio, no una expresión de alguna clase de valor "real". La misma creencia en un "sistema de dinero" es una marca definitiva de alguna forma de locura clínica personal muy relacionada a los tipos más morbosos de las fantasías sexuales. La supremacía creciente, en los asuntos del gobierno y las finanzas, de, muy de notar, los mentados "sesentaiocheros" de Norteamérica, Europa occidental y central, y la antigua Unión Soviética hoy día, se hace eco del odio "sesentaiochero" del estrato obrero industrial, agrícola y científico de la sociedad, condición en la que las fantasías reales y simuladas de la cocaína toman el lugar de la realidad en sus preocupaciones. Para estos tipos de "Alicia en el país de las maravillas" de veteranos depravados de la locura colectiva "sesentaiochera", el dinero es "cualquier cosa que esperamos elegir que podemos creer".

La primera fase del derrumbe en marcha es financiero-económico. La segunda es el derrumbe de la creencia lunática "sesentaiochera" imperante en "nuestra forma de vida escogida y globalizada". No importa que tan retadoramente quieran los lunáticos optar por creer, el sistema ya se está derrumbando, de modo que sólo las reformas que yo he estipulado podrían evitar posiblemente una precipitación global hacia una "Nueva Era de Tinieblas" mucho peor, y más prolongada que la de Europa del siglo 14.

La única "predicción" que tiene sentido ahora, es la predicción de que tu, de manera repentina y milagrosa, puedas renunciar a tus modos de creer insensatos. La fiesta en la que pensaste que estabas participando se acabó.

El sistema actual está prácticamente muerto. La gente cuerda es aquella que acepta la realidad como un hecho.