Derivados o civilización: Usted decide

11 de octubre de 2008

9 de octubre del 2008 (LPAC).— Los bancos están volando en pedazos, las bolsas de valores haciendo agua y las economía en caída libre, todo a pesar de las intervenciones casi diarias de los bancos centrales y gobiernos alrededor del mundo en el sistema financiero. Los esfuerzos de salvataje del secretario del Tesoro Henry Paulson y su Unidad Especial contra Naufragios se ven rebasados, aplastados bajo el mayor volumen de apuestas financieras de la historia, que si bien no tienen precedente en su alcance, no obstante son insignificantes comparados con el tumor que están tratando de salvar. Lo que guía todo esto es el casino global conocido como el mercado de derivados, que empequeñece el mercado mundial hipotecario, de bonos y de valores juntos. En tanto las hipotecas, acciones y bonos se miden en los billones de dólares, el mercado de derivados se mide en miles de billones de dólares. Es prácticamente imposible ponerle una cifra a la dimensión del mercado de derivados, pero fijar el valor del mercado de derivados es facil: ¡cero!

Los derivados fueron la gran inovación financiera de la era Greenspan, donde las apuestas tipo casino en la fluctuación del precio de las monedas, bonos y acciones sustituyó la propiedad de esos artículos como la forma de hacer dinero. De este modo, las apuestas hechas pronto sobrepasaron los niveles de los mercados sobre los cuales se basaban nominalmente, al convertirse los derivados en la principal fuente de "ganancia" para los mercados financieros. Que dichas "ganancias" fueran totalmente ficticias, una forma caprichosa de fichas de apuesta de casino, se le consideró irrevelante en tanto el mercado creciera y el dinero falso siguiera fluyendo. Sin embargo, el verano pasado falleció el sistema financiero, sellando la ruina del juego de derivados.

Hoy, el derrumbe del mercado de derivados está aplastando al sistema financiero internacional, cuando los especuladores luchan por rescatar las "ganancias" ficticisas por medio del intento de rescate más grande de la historia. Subrayamos intento, porque el rescate no está funcionando, ni puede funcionar; no existe en el mundo el dinero suficiente que cubra todas estas apuestas de dinero falso, y los esfuerzos de los bancos centrales para imprimir ese dinero está cargando la bomba hiperinflacionaria que barrerá no sólo con los residuos del sistema financiero, sino también gobiernos, economías nacionales y los medios de existencia para la mayor parte de la población mundial. La hiperinflación destruirá el valor del dólar mismo, arrasando con pensiones, ahorros, cuentas bancarias, carteras de acciones y cualquier valor monetario, llevando a la quiebra hogares, empresas y gobiernos, dejando a la nación destruida y, de hecho, ya no una nación. Apenas si hemos rascado la superficie de los horrores que vendrán, si nos mantenemos en el mismo sendero.

Por tanto, esencial es ponerle un alto inmediato al salvataje de la burbuja de los derivados. Todo contrato de derivados deberá declararse nulo e inválido, y borrar los libros de los especuladores. Cualquier instrumento financiero que contenga derivados también deberá declarse nulo e inválido y borrado de los libros. Este casino no regulado y locamente apalancado deberá cerrarse y anularse todos los reclamos producto de las apuestas de derivados, como si las apuestas nunca hubiesen ocurrido.

Ya hemos sufrido demasiado por los efectos de esta especulación desenfrenada, viendo como el dinero que debió haberse dirigido a la infraestructura y servicios esenciales para la población, se canalizó todo al mundo virtual de las apuestas de derivados. Es un parásito que nos está aniquilando y que ahora nos destruiría para protegerse de la destrucción que ha causado. Ya llegó la hora de que cerremos y borremos de los libros las deudas del juego y dejemos que el parásito se destruya. Tenemos un mundo que reconstruir, para el futuro de la humanidad.

En esto no puede haber compromiso. Ciérrese, pero ya. De ello depende tu vida, y la nación.