Los rescates financieros no salvarán a una economía global que se desmorona

16 de diciembre de 2008

por John Hoefle 15 de diciembre de 2008 (LPAC).— El espectro de la quiebra se cierne sobre la economía de Estados Unidos, tanto en los temores de quiebras familiares como empresariales, y en la necesidad de someter al sistema entero a un proceso de reorganización por quiebra antes de que se desplome totalmente. Este sistema financiero se viene abajo, y la única pregunta real es si vamos a tener el sentido común para reorganizarlo antes de que se desintegre totalmente.

La misma advertencia se aplica a nuestra sociedad misma. Mientras cruje el sistema bancario a nuestro alrededor, mientras que nuestros gobiernos locales, estatales y federales se hunden en números rojos, mientras nuestra base productiva continúa cayendo en el olvido, ¿qué estamos haciendo al respecto? ¿no ven que nuestra civilización misma se está desintegrando ante nuestros propios ojos?

Washington, por lo menos hasta ahora, está comprometido con un desquiciado plan de rescate, imprimiendo dinero como loco para arrojarlo a un hoyo de ratas. Y cuando esto no funciona, el Tesoro y la Reserva Federal abren aún más los grifos, como los adictos a los juegos de azar en una racha perdedora, apostándolo todo a un cambio en la suerte. Podemos esperar este tipo de comportamiento de Wall Street, en donde no se ha visto en décadas un banquero serio, pero se supone que el gobierno federal sabe lo que hace, como para ser un cajero automático de la cultura especulativa degenerada que domina las finanzas.

¿Y qué con los gobiernos estatales? Los estados tienen una desventaja considerable en relación con el gobierno federal en el juego de azar, dado que ellos no pueden imprimir dinero, pero también vemos fiascos en los estados. Varios estados se han unido al desfile de rescates, cabildeando para obtener una parte del dinero que fluye de Washington. No hay duda de que necesitan el dinero, ¿pero hay alguien que realmente crea que estos rescates son la solución?

Después tenemos las corporaciones, que están enviando cabilderos a Washington en rebaños, con la esperanza de su pedazo del pastel. Los bancos, obviamente, están en primera fila, enguyendo efectivo como si estuvieran al borde de la muerte, lo cual es cierto. Se ha vuelto un negocio próspero el convertir las compañias inversionistas en propietarias bancarias para tener un lugar en la teta del rescate, en donde atrae gran interés hasta las gotas que dejan los peces gordos tragones. Encima de esto tenemos a las compañías aseguradoras, los fondos compensatorios y accionarios privados, las compañías financieras —cualquiera que tenga un reclamo disputable de estar en las finanzas— todos rivalizando por pedazos del pastel del rescate.

Todos gritan "¡sálvame!" mientras que demasiados pocos examinan los errores en nuestra forma de pensar que nos metió en este lio para empezar. Es un espectáculo descarado y vergonzoso, una señal de que la sociedad que se ha vuelto loca.

Auto-erotismo

La alharaca sobre "salvar" al sector automotriz nacional es un caso pertinente. Lo que se está discutiendo no será más efectivo que el rescate bancario y es, de hecho, un aditamento al rescate bancario.

El sector automotriz ha sido transformado, como la mayor parte de la industria norteamericana, en un apéndice del sector financiero. Desde la perspectiva de los banqueros, el principal producto de Detroit es el préstamo para el auto o el camión, siendo la manufactura del vehículo más bien un producto lateral necesario, similar a la forma en que se construyeron casas principalmente para crear hipotecas. El trabajo número uno era alimentar la maquinaria de deuda.

Se diseñó la industria automotriz estadounidense, con cambios de estilo frecuentes y obsolecencias planificadas, para maximizar la rotación vehicular y así la creación de deuda. A través de la venta de los bonos de las propias compañías automotrices y a través de las ventas de autos, el sector le aportó un flujo constante de efectivo a Wall Street.

Cuando las compañías empezaron a enfrentar problemas serios en 2005, los parásitos financieros se movieron para proteger, no a los trabajadores o la producción, sino los papeles. El banquero Felix Rohatyn y el fondo compensatorio Cerberus y el magnate de los casinos y saqueador de corporaciones Kirk Kerkorian estuvieron entre los que fueron desplegados al sector automotriz para hacer que siguiera fluyendo la deuda.

En ese tiempo, Lyndon LaRouche propuso salvar el sector automotriz nacional, convirtiendo su capacidad de máquinas herramienta y sus plantas ociosas para construir la maquinaria y otros componentes requeridos en la reconstrucción de la infraestructura y la base productiva de Norteamérica. En vez de construir automoviles que no podían vender y que la población no necesitaba, el sector automotriz podría fácilmente usar su capacidad para construir plantas de energia nuclear, acereras, trenes maglev, y demás infraestructura que se necesita tan desesperadamente hoy.

Los financieros, determinados a evitar que ocurriera este brote en el desarrollo tecnológico, bloquearon el plan de LaRouche, y sellaron por lo tanto le destino del sector automotriz. Lo que está sucediendo ahora es la consecuencia inevitable de esa decisión.

El sector automotriz nacional está muerto, y las grandes compañías manufactureras en quiebra, orilladas por los altos precios de la gasolina y el desplome del sistema financiero, y por su propia estupidez. Si quieren sobrevivir, necesitan tomar el consejo de LaRouche, y dejar de ser apéndices de los banqueros.

Desintegración

Sin embargo, las consecuencias de haberle permitido a los parásitos que se apoderen de nuestra economía, van más llá de Detroit. Lo que estamos presenciando es la desintegración de la economía global como un todo.

Una de las primeras señales de advertencia de la desintegración se puede ver en el sector del transporte, en donde el volúmen de envios a nivel mundial está en caida rápida. Los barcos cargueros oceánicos se están apolillando y se están cancelando las órdenes de nuevos embarques. Los fletes de contenedores en los puertos de Los Angeles y Long Beach, puertos importantes en el comercio entre Asia y EU, se redujeron un 10% en noviembre en comparación con noviembre del 2007. La reducción en los embarques también está afectando los ferrocarrilles norteamericanos, en donde el volúmen de carros cargados cayó 10% en octubre comparado con el año anterior, y se espera que caiga drásticamente en el 2009 la entrega de nuevos carros de ferrocarril.

El sector minero está contrayendose drásticamente, con recortes en la producción debido a la caida en la demanda y en los precios. Rio Tinto del Imperio Británico, uno de las empresas mineras más grandes del mundo, anunció que va a recortar su fuerza laboral en un 13%, poner a la venta muchas de sus minas y recortar drásticamente los gastos de capital.

Los efectos combinados de recortes en la mineria y transporte de carga, reflejan una desintegración de la cadena de abastecimiento global. Si las minas no producen y no se envia el mineral, entonces los fertilizantes necesarios para la agricultura y los metales necesarios para las manufacturas no se van a producir, con consecuencias devastadoras.

Estas caidas se están acelerando en la medida en que se extienden los efectos del desplome financiero. Estamos perdiendo la capacidad de producir y transportar productos de los que dependen vidas humanas, y las consecuencias serán horrorosas. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, 14% de la población mundial —unos 963 millones de personas— sufren desnutrición, un aumento de 40 millones en relación al año pasado.

La crisis financiera también está causando estragos en el empleo en Estados Unidos. El número de personas que llenan solicitudes para compensaciones por desempleo por primera vez, alcanzó un nivel no visto en 26 años la semana pasada, un colosal 58,000 hasta alcanzar las 537,000. Hasta octubre los despidos de las corporaciones anunciados este año ya son mayores para todo el año que los totales anuales del 2006 y 2007. Algunos de los empleos que se están perdiendo están en el sector productivo, pero la mayoría son de los sectores de servicios y financieros. De octubre a la fecha se han anunciado recortes en unos 92,000 puestos de trabajo bancarios y se esperan más en la medida en que se fusiona el sistema bancario.

Lo que se está desbaratando rápidamente es todo el modelo de la globalización, y la sociedad posindustrial. Nos encontramos ahora en serios problemas en todos los frentes, por haber desmantelado el poderío industrial a favor de enviar la producción al exterior y depender de los servicios, informática y las finanzas como motores de nuestra economía. Al mismo tiempo, las naciones a donde enviamos nuestra producción, especialmente China, están en graves problemas, por la caída en la demanda de consumo en los Estados Unidos y Europa, que se refleja en el consecuente desplome del flete marítimo. El mundo entero se está desbaratando.

Esto se puede detener, pero solo si abandonamos las políticas estupidas que nos llevaron a esta situación. El sistema financiero está acabado, y los rescates solo van a empeorar las cosas. Pero no hay razón para que el resto de nosotros nos hundamos junto con estos tontos.

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