La maniobra fallida de salvataje se encamina a una nueva fase desesperada

20 de enero de 2009

por John Hoefle

(El siguiente artículo aparecerá en el próximo número de la Executive Intelligence Review del 23 de enero de 2009.)

18 de enero de 2009 (LPAC.— El sorpresivo rescate de Bank of America el dia de hoy, y los comentarios de nuevo sobre la necesidad de comprarle a los bancos cientos de miles de millones de dólares en activos malos, muestra que el proceso de salvataje está entrando a una nueva fase desesperada y peligrosa. Dejando de lado toda la verborrea oficial, el rescate muestra que no solo Bank of America, sino el sistema bancario mismo, está en quiebra, a pesar de los billones de dólares que nuestro gobierno ha arrojado a la ratonera del salvataje.

Esto se pone de relieve en el súbito surgimiento, en Washington, en Londres y en los corredores de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), de la visión de que se tiene que sacar de los libros de los bancos, la "basura tóxica", para que la economía global regrese de nuevo a la normalidad. Una vez que liberemos a los bancos de todos estos activos malos, alegan los promotores del salvataje, nuestro sistema se recuperará.

El proceso es semejante a lo que hace un adicto a las drogas, que en el fondo de su mente sabe que tiene que dejar el vicio, pero que no tiene el coraje para hacerlo. "Solo una vez más", dice "déjame sentirme bien por un rato y después lo dejo". Nunca lo hace, hasta que el vicio lo mata. Estamos ahora en el punto en el que los adictos al dinero son incapaces de controlarse y tienen que intervenir mentes más sanas. Es hora de dejar de alimentar el hábito de los adictos, y someter su sistema a un proceso de bancarrota; antes de que nos mate también a nosotros.

Bank(arrota) of America

Bank of America era una de los cuentos sobre el gran éxito aparente de la banca, comenzando con un pequeño banco en Charlotte, Carolina del Norte, hasta convertirse en uno de los bancos más grandes del mundo. En el camino se tragó a bancos en el sur y Texas, para dejar de ser North Carolina National Bank y convertirse primero en el NationsBank, y finalmente, con la adquisición del Bank of America de San Francisco, NationsBank se convirtió en Bank of America. En enero de 2008, llegó a un acuerdo para comprar la institución de préstamos hipotecarios en problemas, Countrywide Financial por $4 mil millones de dólares, después de inyectarle 2 mil millones de dólares al banco en agosto de 2007. Adquirir Countrywide no fue una decisión de negocios a la manera tradicional, sino una fusión apoyada por el gobierno con el fin de evitar que quebrara Countrywide. Esperaban que salvando a Countrywide se contuviera el daño, pero no funcionó. Luego en septiembre de 2008, el fin de semana en que quebró Lehman Brothers y se desplomó AIG, de nuevo convocaron a Bank of America, esta vez para rescatar a Merrill Lynch. Cegados por su propia ambición y falta de sentido común, Bank of America firmó el acuerdo. Era, como dice el dicho, un puente demasiado lejos.

Aunque Countrywide y Merrill Lynch con seguridad contribuyeron de manera importante a la defunción de hecho del Bank of America, su actuación frente a estas instituciones no fue más que el último paso en falso del banco. Luego de crecer como la hierba en la época de prosperidad, el banco se había extendido demasiado y estaba poco preparado para un revés. Los acuerdos con Countrywide y Merrill Lynch fueron intentos por salvar tanto a Bank of America como lo eran para salvar a los bancos que e compról. Todos ellos eran débiles, y esa debilidad se ha puesto al descubierto ahora. La idea de que la culpa de la defunción del Bank of America la tiene Merryll Lynch es una pantalla diseñada para esconder la horrible verdad sobre el sistema bancario de Estados Unidos: el hecho de que tanto el sistema mismo como los bancos del sistema, están en quiebra. Si Citigroup se fue en noviembre y Bank of America se fue hoy, J.P. Morgan Chase y Wells Fargo están condenados a seguirle.

Bancos "malos"

Detrás de los comentarios que han irrumpido alrededor del mundo, está el intento por evitar esta desintegración. El presidente de la Reserva Federal (Fed) Ben Bernanke, en un discurso ante la London School of Economics el 13 de enero, presentó la idea de que el Tesoro removiera los activos en problemas de los balances de las instituciones financieras, ya sea mediante compras directas, garantías para los activos, o la creación de "bancos malos". El secretario del Tesoro Henry Paulson ha hecho comentarios similares.

Bernanke andaba en Londres para reunirse con sus contrapartes de bancos centrales del mundo entero, y con el primer ministro británico Gordon Brown. Gran Bretaña que ya le ha inyectado cientos de miles de millones de dólares a su sistema bancario, planea ahora crear por su cuenta un "banco tóxico", para comprar, inicialmente, decenas de miles de millones de dólares de activos malos.

La OCDE se hizo eco de este mismo tema, al dar a conocer un informe el 12 de enero citando la necesidad de remover el desperdicio tóxico de los bancos para que pueda haber una recuperación. La OCDE con sede en París, tiene 30 miembros, incluyendo la mayoría de las naciones de Europa, más Estados Unidos, Canadá y Australia.

La OCDE está correcta al decir que se tiene que remover el desperdicio tóxico, pero el problema real es la forma en que se hace esto. Aquí, las opciones se reducen a dos: 1) hacer que los gobiernos compren ese desperdicio, y que continue el juego; o 2) someter al sistema a un procedimiento de bancarrota y borrar las valoraciones contables de ese desperdicio de manera ordenada. El primer enfoque es una locura y de todas manera no funcionará, porque al hacer que los gobiernos compren el papel solo mueve las acreencias impagables, de los libros de los bancos a los libros de los gobiernos, quebrando a las naciones. El segundo enfoque, un proceso de reorganización por quiebra, que promueve Lyndon LaRouche, empieza con el entendimiento de que la mayor parte de estos papeles son inservibles y tienen que borrarse, de forma tal que se proteja tanto a la ciudadanía como los componentes esenciales del sistema bancario.

En su discurso en Londres, Bernanke parecía bastante histérico, alabando alternativamente las acciones que se han tomado hasta ahora, a la vez que admitía que la situación continúa empeorando. Detalló la serie de bajas en las tasas de interés hechas por la Fed y describió la lista siempre creciente de nuevos programas de préstamos que han aprobado la Fed, el Tesoro y la FDIC (entidad federal que garantiza los depósitos bancarios), llegando hasta alegar que estas acciones "probablemente evitaron una desintegración financiera mundial en el otoño".

A pesar de todos esos éxitos y los billones de dólares que se han gastado hasta ahora, Bernanke admitió que "pudiera ser necesario más inyecciones de capital y garantías para asegurar la estabilidad y la normalización de los mercados crediticios". Fue en este contexto que mencionó los bancos malos.

Los comentarios de Bernanke dificilmente provocan optimismo. Cada paso que ha dado hasta ahora ha dejado de resolver el problema, y sin embargo sigue haciendo lo mismo una y otra vez, a una escala cada vez mayor. Para Bernanke, que se proclama como el principal experto sobre la Gran Depresión, dificilmente puede ser una actuación inspiradora. Sin embargo, ¿qué más se puede esperar de un discípulo de Milton Friedman? La economía no es exactamente el fuerte de la cacareada escuela de Chicago.

No hay vuelta atrás

La naturaleza sin salida de la situación actual quedó expresada en el Grupo de los Treinta (G-30), un grupo de "sabios" compuesto de ex funcionarios de bancos centrales, organismos reguladores y académicos prominentes. El G-30 acaba de dar a conocer un estudio, que se realizóo bajo los auspicios del expresidente de la Fed, Paul Volcker, en donde se describen una serie de reformas regulatorias diseñadas a devolverle al medio regulatorio algo que semeja la cordura, medio regulatorio, y aminorar algunos de los excesos que han sido característicos del período reciente. Algunas de las recomendaciones van en el sentido correcto, pero el plan como un todo tiene una falla seria: asume que solo volviendo a donde estabamos antes de que los banqueros se volvieran locos, es tanto posible como suficiente, y no es ninguna de las dos cosas.

El informe es como querer regular la entrada al granero después de que se murió el caballo. El sistema financiero ya está muerto, y ninguna cantidad de pellizcos regulatorios lo va a revivir. Ya no es posible simplemente limpiar el desbarajuste en el sistema financiero.

Lo que se tiene que hacer, como ha insistido repetidamente LaRouche, es someter al sistema financiero global completo —el sistema monetario y de banca central liberal angloholandés— a la quiebra. Se tiene que cerrar el mercado global de miles de billones de dólares con derivados, y congelar el resto de los cientos de billones de dólares en activos y obligaciones financieras, hasta que haya una reorganización ordenada. El sistema actual no tiene compostura, se tiene que reemplazar.