Suficientes bancos malos; necesitamos bancos buenos en un sistema nuevo

2 de febrero de 2009

por John Hoefle

31 de enero de 2009 (LPAC).— Hemos insistido en diversas ocasiones en que los intentos por rescatar al sistema bancario global, incluyendo los bancos estadounidenses, no está funcionando, no funcionará y no puede funcionar. No solo no le pueden devolver la solvencia al sistema bancario sino que en realidad están haciendo que empeore la crisis económica.

Hay varios problemas con el proceso de rescate. Uno de ellos es que el sistema financiero global, con sus apuestas en derivados arriba de los miles de billones de dólares y los cientos de billones de dólares en valores inservibles y deudas impagables, está irremediablemente insolvente. Esta es, y la ha sido desde el principio, una crisis bancaria total; las tan cacareadas "crisis en las hipotecas de alto riesgo" y "contracción crediticia" no eran más que consignas promocionales creadas con el propósito de esconder la verdadera naturaleza del problema y permitirles a los bancos cabildear en busca de un rescate público usando como artificio que querían proteger al mentado "hombre de la calle".

El problema más fundamental es que no es el sistema financiero el que nos está matando, sino el desplome de la economía física, el sistema de infraestructura y actividad productiva de la que depende la vida humana. Los sistemas financieros vienen y van, pero la pena de su paso no es nada comparada con el daño a la humanidad que resulta del derrumbe de la economía física.

Se dice, una y otra vez, como si fuera una especie de mantra espiritual, que tenemos que salvar al sistema bancario para salvar a la economía. Eso es tanto falso como cierto al mismo tiempo. Es cierto porque una economía necesita un sistema bancario que le sirva de intermediario para la distribución del crédito. Es falso, porque lo que se está intentando salvar con los rescates no es ese tipo de sistema bancario en absoluto, sino un casino especulativo gigantesco que debió haberse clausurado mucho tiempos antes de que estallara. Los recursos que se están arrojando al hoyo de ratas del rescate tendrían un mucho mejor uso si se usaran en la reconstrucción de nuestra planta física.

La prueba de que los rescates han fracasado, son las discusiones que hay en las capitales políticas y financieras para ampliar los esquemas de rescate mediante la nacionalización de los bancos, la creación de "bancos malos" y para que el gobierno compre parte de los papeles inservibles. ¿Qué nos dejan? Una aceleración en la pérdidas de empleos, profundización en los déficits presupuestales del gobierno a todos los niveles, aumento de los embargos hipotecarios y quiebras personales y de compañías. Entre más ampliemos las trácalas de rescate, más dinero le chupamos a una economía física debilitada y más se derrumba. Los rescates no solo son incompetentes desde el punto de vista económico, y criminales desde lo social, sino que destruyen las estructuras económicas de las que dependen nuestras vidas mismas.

Ya hemos tenido suficientes bancos malos; lo que necesitamos ahora son bancos buenos.

Arreglemos el problema

La economía global en su estado actual no es autosustentable. Requiere de un impulso inmediato en la actividad económica. Eso significa que debemos lanzar un programa inmediato para construir infraestructura, tanto nacional como internacional, desde proyectos mundanos, como construir y reparar sistemas de drenaje, hasta grandes proyectos como una red ferroviaria de levitación magnética (maglev) intercontinental. Significa constuir plantas de energía nuclear con los últimos adelantos tecnológicos para generar la electricidad que necesitamos para proporcionarle energía al aumento de la actividad económica, nuevas plantas acereras para producir el acero que necesitamos, y un sector de máquinas herramienta sumamente expandido para construir las máquinas que necesitamos para construir nuestra nueva economía.

Lograr esta tarea requiere de un sistema crediticio que funcione. No podemos simplemente cerrar todos los bancos insolventes, limpiarlos y regresarlos de nuevo a un sistema bancario que no funciona. Primero, tenemos que arreglar el sistema bancario mismo. Esto significa someter no solo a los bancos, sino al Sistema de la Reserva Federla, a una reorganización por quiebra. Tenemos que acabar con la Reserva Federal.

El método con el cual se puede hacer esto está basado en el enfoque presentado por Lyndon LaRouche en su ley de Protección a los Bancos y Propietarios de Vivienda. Se cierran los bancos, se hace a un lado toda la basura especulativa, para decidir qué hacer con ella más adelante, y se reorganizan los bancos en entidades reguladas funcionales. Se toma después la Reserva Federal y se hace lo mismo con ella, y se reorganizan sus funciones necesarias en una nueva versión del Banco de los Estados Unidos de Alexander Hamilton.

Al mismo tiempo que congelamos los papeles especulativos, declaramos una moratoria en los embargos hipotecarios para que la población no pierda sus hogares mientras que se reorganiza la economía. Se toman las medidas para asegurar que se mantengan los servicios esenciales, como cuidado de la salud, educación, seguridad pública y actividades similares —que haya electricidad, que estén abastecidas las tiendas de víveres, y que se protejan las personas que perdieron sus pensiones en el crac financiero. El principio consiste en hacer lo que sea necesario para garantizar el bienestar de la población, mientras bregamos con el desbarajuste que crearon los financieros, y reconstruimos nuestra economía.

Sistema crediticio

Se tiene que reemplazar el sistema bancario imperial angloholandés —que ya feneció y cuyo cadaver putrefacto está apestándolo todo— con un sistema global en base al crédito nacional soberano. Hay una enorme diferencia entre un sistema de banca central oligarca y un sistema de crédito soberano, empezando con la intención de las personas que los crearon. El sistema oligarca, en el que supuestamente los bancos centrales son "independientes", está diseñado para permitirle a los financieros internacionales controlar a las naciones. Esto es lo que tenía en mente Mayer Amschel Rothschild cuando dijo que a él no le importaba quien hiciera las leyes de un país mientras él controlara su dinero. En contraste, el sistema de crédito soberano, fue diseñado por Alexander Hamilton para liberar a la nación de estos depredadores imperialistas.

Bajo el Sistema Americano hamiltoniano, como lo plantea nuestra Constitución, el Congreso autoriza la emisión de crédito para propósitos específicos, como proyectos de infraestructura, y el Tesoro se encarga de la distribución de los fondos.

El Tesoro lo hará a través de un nuevo Banco de los Estados Unidos, que actuará como intermediario entre el Tesoro y el sector privado, y otros gobiernos. El Banco monetizará deuda federal, y pasará los fondos del gobierno hacia el sistema bancario privado reorganizado. A su vez, los bancos, como intermediarios, distribuirán el crédito a los establecimientos del sector privado, que hayan resultado seleccionados para ejecutar los proyectos autorizados por el Congreso.

El gobierno federal hará lo que mejor hace, es decir llevar a cabo proyectos de infraestructura de gran escala, a la vez que provee crédito a las compañías privadas, a través del banco nacional, para reconstruir nuestra base productiva. De esta manera, se puede mantener el balance entre los papeles apropiados del gobierno y el sector privado, en donde el gobierno ayuda a crear el medio ambiente en el que se maximizan los talentos empresariales del sector privado.

Hay que hacerlo ahora

No existe ningún otro tiempo como el actual para llevar a cabo este programa. Los banqueros y funcionarios del sistema oligarca aullarán y esgrimirán el espectro de una gran calamidad, pero su sistema está en quiebra, al igual que ellos. Déjenlos que griten; probablemente necesitan oxigenarse de todas maneras.

El gobierno de Obama tiene la oportunidad perfecta para actuar, para arrojar fuera las política fracasadas del gobierno de Bush y su secretario del Tesoro, y para corregir el daño hecho por el apoyo de la presidenta de la Cámara de Representantes Nancy Pelosi a la argucia del rescate de Bush. La población está enfurecida por los rescates y apoyarán el regreso a la soberanía nacional y la productividad, si el Presidente toma el liderato para explicar la nueva directriz.

La alternativa, es ver cómo se sigue derrumbando la economía, dejando a la población a merced de fuerzas más allá de su control. No podemos permitir que esto suceda, y no es necesario que suceda, si nuestro gobierno actúa.

[email protected]