Tony Blair incendia a Washington

17 de marzo de 2009

por Laurence Hecht

Jefe de Redacción, revista 21st Century Science & Technology

13 de marzo de 2009

Que el presidente de E.U. Barack Obama le ofreciera copias en DVD de "Psicosis" y "ET" al visitante primer ministro británico, Gordon Brown, sugiere que el Presidente tiene un entendimiento bastante claro de la amenaza del Imperio Británico a nuestros Estados Unidos en estos momentos. El presidente Obama no es ningún Harry S. Truman. La negativa del Presidente a izar la bandera británica en la reunión, la cancelación de lo que el Primer Ministro esperaba fuera una conferencia de prensa ceremonial, y el regreso a la embajada británica en Washington de un busto de Winston Churchill, amado por Harry Truman, indican claramente que el Presidente conoce el carácter de la tarea del visitante británico.

En contraste con la postura digna del Presidente, el comportamiento de algunos dirigentes del Partido Demócrata fue repugnante. El comportamiento de algunos senadores demócratas y otros que adularon servilmente al exprimer ministro Tony Blair —cuyas mentiras hundieron a E.U. en una larga guerra desgastante en el suroeste asiático— en el evento celebrado en Instituto Paterson en Washington, D.C. El comportamiento de estos dignatarios de E.U. durante y después del evento, recuerdan el hedor del afecto de la American Liberty League (Liga por la Libertad Americana) por esa oficialidad británica, entre ellos Winston Churchill, que respaldaron a Mussolini y Hitler durante toda la década de los 1930, hasta que las fuerzas de la Wehrmacht se apoderaron rápidamente de Francia en 1940.

Las decepciones más sorprendentes fueron la conducta de prominentes funcionarios electos como la senadora de Michigan Debbie Stabenow, quien calificó a Blair del Reino Unido como "el líder... tenemos mucho que aprender de ellos" sobre cambio climático, en tanto que la senadora de Maine, Olympia Snowe, efusivamente describió a la Europa de Blair como "a la vanguardia del cambio". Mientras tanto, la gobernadora de Michigan Jennifer Granholm parecía que iba a desfallecer ante los desmayos de las dos senadoras ante el sinvergüenza de Blair.

En el mismo período de tiempo, a pesar de la visita de los Fabianos, Blair y Brown, se celebró una reunión importante en Nueva York, contando con la presencia de destacadas figuras del Reino Unido y otras partes, en donde se presentó una perpectiva científicamente autorizada, directamente opuesta a la seudociencia de la cháchara neomaltusiana de Blair y en oposición a las políticas genocidas del dirigente del World Wildlife Fund (WWF), el duque de Edimburgo, el principe consorte, cuyas medidas expresas consisten en provocar un desplome rápido en la población mundial del actual nivel que se calcula en aproximadamente 6.7 mil millones de personas, a no más de dos: una política genocida más radical que la de Adolfo Hitler al cual sirvió otrora —como miembro de la Waffen-SS nazi— el compinche del principe Felipe, y exdirigente del World Wildlife Fund, el principe Bernardo de los Países Bajos, y quien firmó su carta de renuncia a la SS, a Hitler, con el saludo "Heil Hitler!".

En contraste con las crédulas senadoras Stabenow y Snowe, lord Christopher Monckton, un prominente científico en el Reino Unido, uno de los oponentes más francos y de principios en Gran Bretaña, contra al espanto del calentamiento global, dijo en Nueva York, en relación al impostor científico Jamen Hansen: "Es demasiado ridículo como para creerse la gran alarma de Hansen de que el nivel del mar se va a elevar 426 pies... la única amenaza de que se eleve el nivel del mar es la que crean los incontinentes. Monckton tambien calificó apropiadamente a Hansen de "el Dr. Strangelove de la NASA".

Lord Monckton tiene una autoridad especial para afirmar esto. Un miembro de su familia fue clave en arreglar la abdicación de 1936 de ese símbolo distintivo de la aristrocracia amante de los nazis de Gran Bretana, el rey Eduardo VIII.

"Se tiene que proscribir el movimiento ambientista" dijo Monckton en conferencia en Nueva York, "porque sus políticas han asesinado a 40 millones de personas, especialmente niños, con la prohibición del uso del DDT... Han ocasionado hambrunas masivas y disturbios por alimentos con sus campañas absurdas sobre los biocombustibles". (Se le podrían agregar mil millones de muertes más por negar el uso de la energía nuclear en las últimas cuatro décadas)

"Las fuerzas de la oscuridad en el movimiento ambientista quieren crear una nueva edad de las tinieblas en la que se haga retroceder a la humanidad a la Edad de Piedra, y sin el derecho a usar el fuego".

El consenso mítico

La teoría de que el dióxido de carbono determina los ciclos climáticos nunca fue nada más que fantasía seudocientífica de aficionados, desde la perspectiva de climatólogos serios. Esta seudociencia de farsantes como Hansen ha servido a las necesidades emocionales de los genocidas, no a la ciencia. Desde que el ingeniero del vapor británico Guy Stewart Callendar intento promover ampliamente la idea en 1938, nunca pudo ganar un apoyo creíble la teoría de los gases invernadero entre los profesionales competentes. Para imponerse se requirió una movilización de dinero y mentiras sin precedentes en la historia científica. Impostores como Hansen y el anticientífico de Al Gore nunca se han cansado de alegar que la oposición está acabada. Sin embargo más de 31,000 científicos norteamericanos han firmado una petición que protesta por la teoría del calentamiento global. Conocida como la petición Oregon, la protesta dice:

"No existe evidencia científica convincente de que la liberación humana de dióxido de carbono, metano y otros gases invernadero causen o puedan causar, en un futuro previsible, un calentamiento catastrófico de la atmósfera de la tierra y una desorganización del clima de la tierra. Es más, existe evidencia científica sustancial de que los aumentos en el dióxido de carbono artmosféricos producen muchos efectos benéficos sobre las plantas naturales y los medios ambientes animales en la tierra".

Mientras que por otro lado, la amenaza serie de una nueva Era Glacial se ha hecho a un lado. Un siglo de ciencia climática nos ha llevado a comprender que los avances y retrocesos cíclicos de la capa de hielo de Groenlandia han cubierto Europa y América del Norte hasta las latitudes de Nueva York y Chicago bajo una capa de hielo de una milla de espesor. Parece que la relación orbital de la Tierra en relación al Sol es lo que determina estos ciclos. Parece que la fuerza dominante de los recientes ciclos de la era glacial es el ciclo de variación de 100,000 años en la elipticidad de la órbita de la tierra.

Evidencia geológica y varios otros métodos de estimar el período de los estratos sedimentarios indican que edades del hielo prolongadas, de aproximadamente 100,000 años de duración, han estado acentuadas con períodos cortos de derretimientos, conocidos como interglaciales, que duran alrededor de 10,000 años en promedio. De acuerdo con estos cálculos del período orbital, la Tierra está al borde del inicio de otra glaciación, que probablemente sepultará a Norteamérica, norte de Europa, y las islas británicas bajo una milla o más de hielo. A los oligarcas británicos esto no les importaría mucho dado que de todas maneras se acabaron sus días. Para el resto de nosotros, sería bueno darle la bienvenida a los preparativos científicos. En relación a esto, especialistas rusos tienen algunas contribuciones útiles que hacer.

La basura tipo nazi del príncipe Felipe (duque de Edimburgo) y sus diversos incautos y compañeros de viaje, se tienen que ver como la mala yerba que son, y erradicarlos. Algunos de nosotros encontramos difícil ver alguna diferencia entre el principe Felipe y ciertos miembros de su familia extendida. De hecho no hay diferencia entre lo que los partidarios del Fondo Mundial para la Vida Silvestre (World Wildlife Fund) presentan actualmente y tanto las políticas de tiempos de guerra del régimen de Adolfo Hitler como las de ciertas generaciones pasadas de familias prestantes de Wall Street del tiempo de la Liga Americana por la Libertad cuyas ideas repiten asociados del American Enterprise Institute como la mentirosa Amity Schlaes actualmente.