La decisión de la cumbre del G-20 sobre los DEGs mueve al mundo hacia una moneda global

4 de abril de 2009

4 de abril de 2009 (LPAC).— Los voceros de la oligarquía financiera internacional se están regodeando por los resultados de la cumbre del G-20 por una sola razón importante: embaucaron a las principales naciones del mundo, en especial al Presidente Obama, para que apoyaran la expansión de los Derechos Especiales de Giro (DEGs), lo que equivale a un paso gigantesco hacia una moneda mundial keynesiana.

Más directo, como siempre, es Ambrose Evans Pritchard, quien califica la claúsula que pide emitir $250 mil millones de dólares en DEGs como "una revolución en el orden financiero global". "De hecho, los dirigentes del G-20 activaron la capacidad del FMI de crear dinero e iniciar 'alivios cuantitativos' globales. Al hacerlo, están iniciando de hecho el proceso de una moneda global. Esto está por fuera del control de cualquier cuerpo soberano", escribe.

La cobertura del Financial Times destaca también que el principal logro de la cumbre, que según su perspectiva, no enfrentó los problemas de los desechos tóxicos, es el paso de otorgarle DEGs al Fondo Monetario Internacional (FMI).

Il Foglio de Italia, un periódico propiedad de la esposa de Berlusconi, destaca un análisis similar, y reproduce un artículo del Wall Street Journal del 1 de abril, titulado 'El dinero de juguete del G-20', y le pusieron su propio título de "El G-20 y bananlandia". El artículo del Journal ataca la propuesta de los DEG, por ser "pedazos de papel impresos por los funcionarios del FMI en el sótano", que sin embargo comprometerían a los contribuyentes norteamericanos a salir en su respaldo. Al explicar cómo funcionan los DEG, el Journal destaca que hasta ahora se había tenido que consultar al Congreso y que la última decisión para aumentar la emisión de esa seudomoneda, tomada por el gobierno de Clinton en 1997, fue bloqueada por el Congreso. Esa propuesta solicitaba duplicar los DEG, de 21 a 42 mil millones.

El Journal cita a Ted Truman, exsubsecretario del Tesoro, quien ahora asesora a Geithner, quien opina el Secretario del Tesoro podría decidir una asignación real solo consultando a los líderes del Congreso, sin someterlo a votación.