Primero, deflación, luego: PRONTO, HIPERINFLACION

24 de abril de 2009

por Lyndon H. LaRouche, Jr.

23 de abril de 2009

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La economía alemana del intervalo inmediato después de la Primera Guerra Mundial, cayó rápidamente en una fase prácticamente deflacionaria, antes de entrar a la fase hiperinflacionaria. Esto ocurrió bajo las condiciones artificiales de Versalles impuestas a Alemania por un cartel con sede en el banco de Inglaterra, el cual lanzaría pronto su creación del partido nazi de Adolfo Hitler a la escena mundial exactamente en el momento en que se llegaba el punto de la hiperinflación. Ahora, se acerca muy rápidamente un proceso similar que conduce a una explosión hiperinflacionaria global. La conclusión a la que se ha de llegar ahora es que los gobiernos estadounidense y británico se están comportando actualmente como idiotas.

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Como lo advertía el famoso profesor de Harvard, George Santayana, en lo que fue su dicho más famoso, "Quienes no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo".

No estaba exactamente correcto el profesor Santayana en su más famosa expresión, pero haciendo caso omiso de ese error, esa era una advertencia que bien merece atenderse, de nuevo, hoy día.

El intento de mantener un sistema monetario quebrado, como los de Estados Unidos y los de Europa occidental y central, bajo las condiciones posteriores a julio de 2007 de los gobiernos tanto de George W. Bush, Jr. como el de Barack Obama hasta ahora, se transforma inevitablemente en una tendencia hiperinflacionaria si se permite que continúe por un período atinente dicha necedad sostenida.

Ahora bien, como en el Reino Unido y en Estados Unidos hoy, el empleo del tipo de prácticas monetarias hiperinflaionarias utilizadas desde julio a septiembre de 2007, han logrado enviar a la economía real de ambas naciones a tambalearse hacia el fondo a un ritmo acelerado en general de desempleo creciente y cierres de empresas. De este modo, el ritmo de la espiral inflacionaria se remonta a los cielos bajo el controlador clave del gobierno de Obama, Larry Summers, en tanto que se desploman los salarios del trabajo productivo nacional y las industrias esenciales y la agricultura.

De este modo, como en la Alemania de Weimar y en Estados Unidos y Europea occidental y central hoy día, la deflación presente en la economía real, no solo precede, sino que ha causado la explosión monetaria hiperinflacionaria subsecuente. Ahora estamos al borde de ese viraje hacia un movimiento hiperinflacionario explosivo en los precios nada disímil al de la Alemania de Weimar de la primavera a noviembre de 1923.

- Por ejemplo -

Se debe recordar que, en una videoconferencia internacional por Internet el 25 de julio de 2007, yo había advertido que el mundo se encontaba al borde de la mayor crisis de desintegración económica de la historia moderna. La crisis hizo erupción, como el tipo de brote esperado que yo había pronosticado con el remedio inmediato pertinente, tres días después. En esa videoconferencia, yo había identificado una solución decisiva para la crisis inmediata, una solución denominada "Ley de Protección a los Propietarios de Vivienda y a la Banca de 2007". En ese momento, prometí una aclaración complementaria sobre varias medidas adicionales requeridas; cumplí esa promesa a tiempo, en septiembre de ese año.

Desafortunadamente, las medidas que yo propuse, medidas que hubiesen funcionado como lo prometí, si se hubiesen instituído para septiembre de 2007 aproximádamente, fueron saboteadas en lo que consistió, en principio, una operación fraudulenta del Representante Barney Frank y otros. La imposición de la medida de "rescate" intrínsecamente fraudulenta, y también, prácticamente traicionera, ha transformado lo que era una crisis general controlable entre julio y septiembre de 2007, en la pesadilla de estafas apiladas sobre las estafas de los financieros globales hoy día.

Se debe destacar que, la cuestión que aborde en mi conferencia de julio de 2007 era el hecho del estado de bancarrota general del sistema financiero internacional, incluyendo al sistema bancario. Si se hubiesen empleado mis propuestas para una reforma mediante la protección de bancarrota, la salida de esta crisis hubiese quedado lista ya para su instrumentación en el verano de 2007. En efecto, lo que hicieron el Representante Barney Frank y otros, dentro de la Cámara de Representantes de E.U. y en otras partes, fue un enorme fraude contra Estados Unidos y sus instituciones de banca y de gobierno.

Ahora, observando el aspecto inmediato de esta crisis, el único remedio nacional en E.U. consiste en someter al sistema financiero estadounidense a unas medidas súbitas y drásticas de reorganización de bancarrota. La mayoría de los activos salientes del eventual "banco malo" simplemente se deben borrar de los libros de contailidad del sistema bancario de modo equivalente a la aniquilación de activos que no satisfagan las normas históricas Glass-Steagall existentes previamente a la estafa del ex funcionario del Tesoro Larry Summers. Un 15% sería el cálculo justo de la porción de las cuentas que no cumplan la norma Glass-Steagall que pudiesen escapar de la destrucción en el proceso en este momento presente. Si no se introduce inmediatamente la necesaria reorganización de bancarrota, la proporción de tales obligaciones que no cumplen la norma y que se podrían salvar eventualmente, pronto sería mucho menos que cero, en tanto que irrumpe la fase hiperinflacionaria de la crisis internacional presente.

Si se impide lo que yo he propuesto como cambio necesario en la política estadounidense, el mundo en su conjunto se precipitará en la mayor depresión mundial de toda la historia conocida hasta la fecha. Una reducción acelerada de la población mundial, a los niveles que procura la estafa científicamente fraudulenta del Fondo Mundial para la Vida Silvestre —del príncipe Felipe— de los más de 6,500 millones actuales, a menos de 2,000 millones, se convertiría en el genocidio más enorme en toda la historia conocida.

- El papel del dólar estadounidense -

Entre los acontecimientos del año fiscal estadounidense de 1967-68, y la combinación de la estafa petrolera de instrumentación londinense-saudita a comienzos de los 1970, y los efectos de la trapacería de la lunática Comisión Trilateral conducida bajo los auspicios de un Presidente pelele, Jimmy Carter, el papel dominante de Estados Unidos en el sistema monetario mundial había llegado a su fin; el imperio británico, conocido también como el imperio financiero angloholandés-saudita, tomó las riendas. Sin embargo, el dólar estadounidense siguió siendo la principal denominación del crédito internacional.

Hoy día, como lo muestra el caso emblemático de la actual crisis de China, si se devalúa el dólar estadounidense a favor de cualquier otra moneda, el efecto sería el hundimiento inmediato del sistema mundial de todas las naciones en una "nueva era de tinieblas", una condición bajo la cual sería prácticamente inevitable un rápido desplome de los niveles demográficos del mundo hacia los 2,000 millones o menos.

La significancia del dólar estadounidense hoy día, reside en dos aspectos del dólar. Ante todo, la naturaleza de la economía estadounidense se basa, constitucionalmente, en un sistema de crédito, en vez del tipo europeo de sistema monetario peculiar a los tipos de gobierno propios de los sistemas parlamentarios.

No hay manera, de hecho, de que cualquier sistema monetario nuevo pueda sacar al mundo de los efectos del presente derrumbe de las economías tales como Rusia y China, además de todas ls naciones de Europa continental occidental y central.

Si, por ejemplo, no se adopta el nuevo sistema que yo he propuesto, entonces China se someterá a un proceso de desintegración causada por su acumulada dependencia del margen de ingreso que representaban los antiguos valores de la deuda estadounidense con China. Rusia sería menos afectada que China, pero de modo similar. La situación de Europa occidental y central se volvería rápidamente irremediable.

El único remedio sería la eliminación de los sistemas monetarios existentes del mundo, mediante una reorganización ordenada de los sistemas de moneda y crédito, apartada de un sistema monetario, hacia un sistema crediticio de cambio fijo, lo cual había sido el propósito del Presidente Franklin Roosevelt con el sistema de tipos de cambio fijo el 12 de abril de 1945, si el traidor prácticamente, y recio defensor del imperialismo británico, Presidente Harry Truman, no hubiese adoptado la política monetaria contraria a Roosevelt de John Maynard Keynes, en vez de la de Roosevelt, el 13 de abril de 1945.

Lo que se requeriría sería, en efecto, un sistema crediticio de tipos de cambio fijo, a 50 años, con tasas de crédito de Estado a Estado emitido entre las naciones de entre 1.5% a 2% a largo plazo, que se utilizaría principalmente para levantar con capital intensivo las economías de Asia, Africa e Iberoamérica mediante, primordialmente, formas intensivas de capital en inversiones tecnológicamente progresistas a largo plazo, inversiones de capital del tipo pertinente al aumento físico-económico del poder productivo potencial de las naciones, medido físicamente, per cápita y por kilómetro cuadrado de territorio, a nivel mundial.

Someter los sistemas monetario-financieros existentes del mundo al tipo de reorganización de bancarrota congruente con las normas Glass-Steagall, es el único remedio verdadero mediante el cual se puede evitar una crisis de desintegración general de todo el actual sistema mundial.

El momento para esta reforma es ahora. Todo gobierno que se opone a una reforma tal debe ser sustituído expeditamente por uno de disposición más sensata, más productiva, a favor de la cooperación global a este fin.

La pregunta para los gobiernos no es la pregunta necia, "¿Estás de acuerdo?", sino más bien, "¿Estás comprometido realmente a sobrevivir?"