Cómo escogen sus escándalos el New York Times y el Washington Post

6 de may de 2009

6 de mayo de 2009 (LPAC).— ¿Cuando es un contrato del Pentágono por $4 millones de dólares una novedad que cubrir mucho más importante que un fraude en los contratos por $13 mil millones de dólares? Cuando los jefes de redacción del New York Times y del Washington Post tratan de despertar interés en su campaña implacable de más de un año para escandalizar a los congresistas Jack Murtha (D-PA) y Charles Rangel (D-NY) y sacarlos de las presidencias de sus comisiones.

Hoy, en la parte superior de la primera plana del Washington Post, dicen: "El sobrino de Murtha obtuvo los contratos de defensa", sobre cómo una compañía con 17 empleados en Glen Burnie, Maryland, encabezada por Robert C. Murtha, obtuvo un contrado de la Defensa. En el 2008 el contrato sobre logística para la defensa de Murtech tuvo un valor de $4 millones de dólares de trabajos para el Pentágono. El contrato tenía que ver con refrigeración y detección de químicos ambientales, que ya anteriormente había hecho Murtech como subcontratador de una firma de California, que se retiró, dejándole el trabajo a Murtech.

Este hecho, supuestamente tan indignante, recogido como una notica destacada por el servicio de noticias británico Reuters, tambien mereció un gran encabezado en páginas interiores del Post ("Millones en contratos fueron para el sobrino de Murtha") y una gran publicidad para los enemigos del congresista Murtha, el grupo Taxpayers for Common Sense.

Mientras tanto, muchos otros medios informativos, como AP, Army Times, USA Today, reportaron en vez de esto, lo que la Agencia de Auditoria de los Contratos de Defensa acaba de informar al Congreso: KBR, la subsidíaria de la enorme multinacional Halliburton del exvicepresidente Dick Cheney, está metida en la mayoría de los los contratos logísticos del Pentagono que costaron $13 mil millones de dólares, que la agencia ha puesto en "duda" y en la "inmensa mayoría de los casos de fraude que tiene la Agencia" de las guerras en Iraq y en Afganistán.

Era muy difícil que el Washington Post omitiera esta noticia realmente choqueante, así que la enterró en un pequeño artículo en medio de la página A15. ¿Para qué cubrirla prominentemente si no es parte de la "campaña" en contra de los presidentes de las comisiones de línea dura? Parece que el Post no ha aprendido ninguna lección de cómo le puede salir el tiro por la culata como en el caso de Ted Stevens.

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