La última audiencia del comité de Baucus, le puso el último clavo al ataud

13 de may de 2009

13 de mayo del 2009 (LPAC).— La tercera y última discusión de la "mesa redonda" sobre "Financiamiento de la Reforma a la Asistencia Medica", encabezada por Max Baucus, presidente de la Comisión de Finanzas del Senado, se realizó el martes 12 con la preocupacion principal de como presentar para su aceptación el programa de austeridad elaborado por Peter Maricorzag de la Oficina de Administración y Presupuesto de la Casa Blanca y el Instituto Darmouth. Se hizo presente una parvada (como buitres), de contadores asesinos del sector salud, todos actuando sobre el supuesto de que debe reducirse el servicio de salud y que debe buscarse la forma de vender esto a la población sin ser linchados.

Todos los testigos y funcionarios electos por igual, demostraron estar versados en el estudio de atención comparativa de Wennberg del Instituto Darmouth, y alegaron no el si, sino el cómo "nivelar" el terreno financiero del sector salud. Para que todos reciban cobertura, sentenciaron, se tienen que reducir las "expectativas"; se acabó la libertad para escoger doctores, tratamiento, etc. También se propuso una autoridad reguladora que apruebe el servicio de salud, modelado en el Comité de Calidad de Salud británico, agencia que vigila la profesión médica y castiga a cualquier doctor que proporcione una atención por encima de lineamientos específicos. También se dio prominencia a un estudio de "medicina comparativa" del Instituto Kurt Lewin de Sicología Social en los Países Bajos.

Estuvieron muy solicitados eufemismos como "mecanismos para reducir costo" y "dominar la curva de costos" (expresión favorita del senador Baucus) y los participantes "reconocieron" dos cosas: que el Medicare (un modelo efectivo del servicio de salud del gobierno suministrado privadamente) era "anticuado... fuera de moda", y por otra parte "un modelo que no es útil", por lo cual ahora empezaría un período de "transición" hacia otro modelo nuevo. Nadie pudo atestiguar mejor al respecto que Gail Wilensky, cuya experiencia gubernamental en el servicio de salud se remonta a Bush 41, cuando sirviera como jefa de la Administración de Finanzas del Sector Salud. La advertencia de Wilensky fue que nos enfrentamos a un "momento decisivo", pero que el gobierno necesita "manejar las expectativas" del público, una de muchas alusiones a toda la pandilla conductista en torno de Larry Summers.

Una de las primeras ideas mencionadas, por el miembro de mayor jerarquía, Charles Grassley, fue que deben eliminarse las excenciones fiscales para los hospitales de caridad y no lucrativos. Otros expresaron que sería recomendable fijar impuestos a los "estilo de vida" (¿al alcohol y comidas grasosas?), o tal vez deducciones o excenciones crecientes por presión sanguinea baja o niveles de azúcar. Como con muchas organizaciones de administración de la salud (HMO), los ciudadanos serían divididos en "grupos" (como los proclives al cáncer, o al sobrepeso) y se repartiría el servicio de salud sobre esas bases. Wilensky lamentó "cuánta atención médica demandan los últimos seis meses de vida" y también planteó que estaba bien hacer recomendaciones saludables pero, en algún momento, se tendría que "disciplinar" directamente a los doctores.

Al inicio de las audiencias, los miembros de la red Health Care for All (Servicio de Salud para Todos, activistas a favor de la propuesta de reforma de salud con un pago único HR 676 que se introdujo al Congreso) montaron una intervención hasta que fueron sacados uno por uno. El senador Baucus aseguró una y otra vez que "todos podrán hablar", pero si el tono de las audiencias es algún indicio, no será por mucho tiempo. Los manifestantes son parte de una movilización nacional por la legislación HR 676 del congresista demócrata John Conyers en favor de un pago único, que, de hecho, haría extensivo el Medicare a toda la ciudadanía y toda persona que viva en los Estados Unidos. Esta coalición realizará una manifestación en la capital estadounidense y por todo el país el 14 de mayo. Es la ira pública contra estos burócratas genocidas, lo que temía Baucus en sus esfuerzos por quedar bien con los manifestantes.