En vísperas de octubre, la mecha ya está encendida

28 de septiembre de 2009

28 de septiembre de 2009 (LPAC).- El siguiente artículo es el principal sobre economía de la próxima EIR, con fecha 2 de octubre

En vísperas de octubre, la mecha ya está encendida

por John Hoefle

25 de septiembre de 2009 .- Al momento de escribir estas líneas, estamos a solo dias de que finalice el año fiscal federal, momento en el que el gobierno de Estados Unidos tiene que intentar arreglar sus cuentas. Eso va a estar difícil. El gobierno federal está irremediablemente en quiebra, habiendo destruido a la nación con la desregulación, una desregulación que le abrió las puertas al mayor saqueo y pillaje que haya conocido el mundo. Es más, ese saqueo y pillaje ya ha quebrado a 49 de nuestros 50 estados, y puesto en quiebra a innumerables ciudades, y otros gobiernos locales, así como también a una gran faja de la población. Nuestra nación, otrora una de las potencias industriales más productivas del mundo, se ha visto reducido a su sombra, manejada por parásitos financieros que ni tienen la menor idea de cómo funciona realmente una economía, ni el menor interés en el bienestar de la ciudadanía.

Tomó cuatro décadas llegar al punto en el que estamos. Estamos al borde del precipicio, mirando hacia el abismo en posición de dar el paso fatal.

La Globalización ha fracasado

No se ha resuelto nada. Dicen que el gran rescate -la mayor estafa en la historia- salvó la situación, cuando de hecho solo ha empeorado las cosas.

Nuestro problema económico tiene dos partes: hemos destruido la productividad económica que generaba nuestra riqueza, y la hemos sustituido con la creación de la mayor deuda en la historia, una deuda tan enorme que es absurdo simplemente pensar que se puede pagar.

El mecanismo que hizo esto posible fue la globalización. Y la globalización no es más que un nombre bonito para el imperio. Lo que ya hemos hecho, es que ya traicionamos los principios sobre los que se fundaron los Estados Unidos, y hemos convertido a nuestra nación en el patio de juegos financieros del Imperio Brutánico. Los E.U. se convirtieron en el principal consumidor en el mundo, el comprador de productos producidos en todas partes del mundo -incluyendo muchos que solíamos producir internamente- y en el proceso ayudamos a crear un grupo de carteles corporativos que ahora controlan los productos de primera necesidad para la vida de naciones por todo el planeta. Para pagar por lo que comprábamos, incurrimos en deuda. Y para financiar esa deuda, el Imperio Brutánico creó una gigantesca maquinaria de deuda, con base en una gama vertiginosa de obligaciones derivadas. Las deudas después se transformaron mágicamente en activos, y se vendieron por donde quiera. Era algo para espantar a cualquiera y creció inimaginablemente grande, antes de desplomarse.

Pero se desplomó, porque bajo su fachada fulgurante, se escondía en realidad una maquinaria de saqueo, un timo piramidal que convirtió a sus controladores y operativos aparentemente ricos fuera de toda proporción, saqueándonos al resto de nosotros.

La respuesta adecuada al desplome de este sistema perverso debería haber sido un respiro de alivio, y comprometernos a reparar el daño que nos había ocasionado. En vez de esto, nuestros supuestos dirigentes se apresuraron a rescatar a los criminales, a costa de las víctimas. Tomaron una situación que era horrible y la convirtieron en algo peor.

Cálculo de la deuda

Los tontos trataron de resolver una crisis de la deuda creando más deuda: una cantidad enorme, hiperinflacionaria, de deuda, que le bombearon a un sistema ya muerto y a sus bancos zombies. Al hacerlo, asolaron buena parte de lo que quedaba de los fundamentos económicos. Los hogares fueron arrojados a la confusión, cercenado su acceso al crédito y la red de seguridad que la gente pensó que los protegería fue hecha pedazos. Entre más rápido crecía la deuda, más rápido se contraía la posibilidad de la economía de pagar esa deuda.

Ahora nos acercamos al 30 de septiembre, el fin del año fiscal, a una nación que se ahoga en su propia deuda. Alguna de esta deuda es legítima, ligada a una actividad económica física real, pero la mayor parte de ella es espuria, producto de juegos de azar en el casino de derivados del Imperio. Y es la deuda espuria los reclamos ficticios del casino, lo que está protegiendo nuestro gobierno, en tanto que deja que se desplome el resto de la economía. ¿Es de sorprender que la nación esté en quiebra?

Lyndon LaRouche recientemente comparó esto con jugar con "nitroglicerina en una día caluroso. Porque, el día que alguien decida que este deuda ficticia pudiera no pagarse nunca, y que el tipo que está a su lado creyera que no vale la pena comprarla, se tendría una condición muy diferente".

El valor de los derivados e instrumentos relacionados se basa en lo que los financieros llaman "la teoría de un tonto más tonto"que, en esencia dice que, siempre habrá algún tonto por ahí que esté dispuesto a pagar más de lo que vale el papel que se le está vendiendo. Resulta que ellos resultaron los tontos más grandes, cargados de papeles inservibles después de que se paró el juego.

De esta manera, nuestros bancos comerciales, nuestros bancos de inversiones, nuestras compañías aseguradoras, nuestros fondos de mercado monetarios y mutualistas, nuestros fondos pensionarios, ad infinitum, están atorados con cantidades asombrosas de basura inservible, que aún conservan en sus libros con un alto valor. Contaban con el proceso de rescate para volver a echar a andar los mercados para poder deshacerse de su basura y descargarla en otros tontos más tontos, pero nunca sucedió. Por ahora, solo han salvado a unas cuantas instituciones favorecidas por el Imperio, dejando al resto colgadas para que se sequen.

Golpes de la realidad

En lo que entramos al año fiscal, el gobierno alega que el rescate ha funcionado, ya llegó la recuperación, y que ahora debemos volver nuestra atención a poner orden fiscal en nuestra nación. Nos han dicho que los mecanismos de rescate se están desmontando porque ya no se necesitan.

Esto es pábulo para las masas, los alegatos de que "todo está bien" diseñados a sosegarlos para que se vuelvan a dormir. Sin embargo, todos los conocedores saben que es una mentira. Así lo dicen abiertamente, si bien con un lenguaje más discreto. Esto quedó claro con los "dirigentes" reunidos en Pittsburg en la reunión del G-20 esta semana: su mensaje principal fue, ¡no paren los rescates!

Piense en esto desde la posición de un especulador en Wall Street, o en la City de Londres, o en cualquier otra parte del mundo, quien está sentado en una pila de estos papeles inservibles. Sin un comprador, no tienen valor, y los únicos compradores a la vista, los gobiernos, están hablando de reducciones. Si no estás en pánico, no estás prestando atención.

El sistema entero está listo a estallar. El desplome de la economía significa que no se van a pagar las deudas legítimas, y que no hay compradores para el desperdicio tóxico. La mecha ya está encendida y la explosión es inminente. Es cuestión de cuando, no de si es que sucede.

Glass-Steagall

La única solución a estas alturas, dice LaRouche, sería que el 29 de septiembre se volviera a sancionar de inmediato la ley Glass-Steagall, para proteger y estabilizar a los bancos comerciales.

De otra manera, dice LaRouche, entramos a una fase nueva del desplome, un espacio-fase diferente en donde el estado de cosas es diferente, incluso aunque los números sean los mismos. Comparó esto con "un hombre cuyo pulso todavía funciona y respira pero que está en el proceso de morir. Por lo tanto, la lectura de su pulso, como tal, y su respiración, no son algo decisivo. Lo es lo que va por debajo. Lo que es importante es la condición que va a amenazar su pulso y su respiración. Y esa es la comparación aquí".

Las personas que están esperando que "algo salga mal" no comprenden el verdadero sentido. Ese algo ya sucedió. El sistema financiero ha entrado en su fase de muerte, y su resuello final es inminente. Es un proceso dinámico, no cronológico —causas y efectos que se combinan de formas que con frecuencia no son visibles inmediatamente.

La "causa" ya ocurrió, y el efecto está en camino, implacablemente. Las deudas no se pueden pagar. Y en la medida en que esa realidad pavorosa se asome sobre los portadores de los desperdicios tóxicos, el pánico se va a desatar. Empezarán las corridas, mientras los parásitos compiten unos con otros para retirar efectivo. No habrá refugio seguro, mientras el mundo como lo conocemos, se desintegra en un desplome en reacción en cadena.

El imperio está promoviendo la austeridad para el pueblo, dejando que la gente se muera para salvarse a sí mismo. Tienen que predominar las cabezas más juiciosas, y muy rápidamente.