La locura de Wall Street: alterando los libros con más de lo mismo

2 de octubre de 2009

2 de octubre de 2009 (LPAC). Visto por encima, suena a locura, y lo es: Wall Street está recurriendo a sus viejos trucos de "ingeniería financiera", los mismos que contribuyeron a hacer estallar el mundo. Y lo más estrambótico de esto, es que tiene la lógica de un lunático convencido.

Aunque muchas de sus actividades encajan en esta descripción, en este caso nos referimos específicamente a lo que le han dado en llamar en inglés "re-remics" (¡!), palabreja que se deriva de las siglas en inglés de los mentados "conductos de inversión en hipotecas de bienes raíces" ("remics"). Entonces, "re-remics se refiere a un procedimiento en el que, los derivados financieros existentes relacionados con las hipotecas, se dividen y se reempaquetan en nuevos valores bursátiles (¡de ahí el "re"). En un re-remic, los activos de un remic se clasifican en montones "buenos" y "malos" y se crean nuevos valores financieros de cada uno de los montones, los cuales se venden en la bolsa y demás "mercados de inversiones". Luego esos nuevos valores reciben una nueva calificación de las agencias calificadoras, de forma tal que se reduce el capital que las instituciones financieras tienen que apartar para cubrir esos activos, aunque los activos sean los mismos. Si esto te suena a una locura, estás en lo correcto.

La estafa de los re-remic es un aspecto de "Pretendamos que no estamos quebrados", el juego más popular en Wall Street en estos días. Entre más cargados estén estos bancos con esta basura tóxica, más capital tienen que tener para cubrir sus pérdidas "potenciales" y menores son sus tasas de capital. Dado que tienen montañas de basura tóxica en sus libros, los bancos están gastando un considerable esfuerzo por reducir el nivel de capital que se requiere que pongan aparte, y la artimaña de los re-remic es una de las técnicas que están usando. Por la misma razón, los bancos están tratando de retener en su poder la mayor cantidad de préstamos y valores respaldados por el gobierno que puedan. El resultado final es poder producir una estadística falsa que se puede usar para alegar que el banco, o la compañía aseguradora, etc., es saludable, cuando no lo es.

Esta especie de sin sentido es lo que acabó con el sistema financiero en primer lugar. El mercado de derivados mismo se creó para esconder la quiebra del sistema bancario y transferir las pérdidas futuras en las deudas impagables de los bancos, a los mercados de valores, en donde se podían vender a los fondos pensionarios y otros incautos. Una buena parte del negocio de canje de incumplimientos crediticios (CDS, por sus siglas en inglés) de la compañía aseguradora AIG, eran justo este tipo de juego de capital: los bancos compraron CDS de AIG como una manera de reducir el capital que tenían que apartar como reservas, y cuando explotó la AIG, se le rescató para poder salvar a estos bancos. Nunca debió haberse permitido esto.

El hecho de que Wall Street piense que se puede salir con la cuya con tanta criminalidad hoy, muestra que los jugadores en la Street no han aprendido nada del estallido y que los llamadores reguladores no hacen nada para limpiar el sistema. Todo esto apesta a corrupción y colusión y exige que haya una nueva investigación de la Comisión Pécora. Si el gobierno hubiera sometido al sistema financiero a una protección por quiebra, como debería de haberlo hecho, esta actividad no hubiera sido posible. Que esta actividad esté ocurriendo de nuevo, sirve como un acto de acusación del Presidente y su gobierno, el Congreso y la Reserva Federal. Es tiempo de ponerle fin a la corrupción, y fin al sistema monetario que nos está saqueando a todos. ¡Ya basta!