A lo único que le teme Obama es a LaRouche

20 de marzo de 2010

por Debra Freeman Vocera Nacional de LaRouchePAC

18 de marzo de 2010 (LPAC).- El alegato de los dirigentes demócratas en la Cámara de Representantes de que se están acercando lentamente a obtener los votos necesarios para aprobar el proyecto de ley mortal de salud de Obama, intimidando a sus propios miembros para que voten a favor el domingo, ha servido poco para aliviar la paranoia autodestructiva de Obama.

Aunque la actitud y el comportamiento general de Obama se ha vuelto cada vez más arrogante conforme se hunde su porcentaje de aceptación con cada encuesta diaria, lo que ha aumentado más es su fijación y su terror cada vez que Lyndon LaRopuche abre la boca, un hecho que ha llevado a muchos de los enterados de Washington a comentar que parece que a lo único que le teme Obama es a LaRouche.

Aunque no existe ninguna duda de que la victoria arrolladora del 2 de marzo de la demócrata larouchista Kesha Rogers en las elecciones primarias en el 22avo. Distrito Congresional de Texas, aumentó un tanto la fijación de Obama en LaRouche, fue la videoconferencia por Internet del 13 de marzo de LaRouche la que, se dice, convirtió esa fijación en una manía completa. Y, en este momento, Obama está etiquetando personalmente a cualquier demócrata que se oponga a cualquier elemento de su agenda, como agente de Lyndon LaRouche.

Inmediatamente después de la victoria de Rogers, hubo informes de que el operativo de Obama, David Plouffe estaba metido en un esfuerzo frenético por encontrar alguna forma de removerla de la boleta electoral de noviembre, a pesar del hecho de que obtuvo el 54% de los votos en una contienda de tres candidatos. A pesar de que algunos de los elementos más rabiosos dentro del Comité Ejecutivo estatal del Partido Demócrata en Texas estaban deseosos de colaborar con Plouffe, destacados estrategas nacionales demócratas, entre ellos algunos que no son necesariamente amigos de LaRouche, consideraron que el esfuerzo de Plouffe no solo era burdamente ilegal sino que era además suicida.

Argumentaron que un factor de peso en el apoyo a Rogers había sido su demanda explícita de juicio político a Obama y que una movida en contra se percibiría correctamente como una movida de la Casa Blanca para desafiar directamente los deseos expresos de los votantes demócratas del 22avo Distrito Congresional. Y que, dado que estaba creciendo rápidamente el descontento contra Obama, esa maniobra se les podría revertir, llevando a que hubiera incluso más reconocimiento y apoyo a los demócratas larouchistas.

Aunque pareciera que han prevalecido estas voces sensatas, esto no le impidió a operativos de Obama a acercarse a por lo menos dos miembros de la delegación congresional de Texas, expresando sus sospechas de que ellos estaban "en connivencia" con LaRouche.

Después de la videoconferencia por Internet de LaRouche del sábado, en donde presentó su argumento más agresivo y convincente de porqué hay que sacar a Obama de su puesto, fuentes enteradas informaron que todos los acuerdos anteriores se alteraron y que aquellos cercanos al Presidente, como Valerie Jarrett y David Axelrod, estaban insistiendo en que se tenía que hacer algo para parar a LaRouche. Parece que el resultado fue una resolución impotente y en gran parte irrelevante que aprobó el Comité Ejecutivo demócrata del estado de Texas, "sancionando" a Kesha Rogers.

La resolución en contra de Rogers dice muy poco sobre Kesha y es más bien una lista de lavandería de las mentiras y calumnias ya viejas y desacreditadas sobre LaRouche. En última instancia, la única justificación que da la resolución para esta supuesta sanción a Rogers es su apoyo a LaRouche.

Si los comentarios en los blogs son un indicio, tuvieron razón aquellos demócratas que advirtieron que esta táctica podría revertírseles. Uno tras otro, los votantes pusieron sus comentarios de que ellos habían votado por Kesha Rogers precisamente porque estaban hasta la coronilla de la traición de lo que ellos llamaron repetidamente los mercenarios del Partido Demócrata. Pero, el mayor enojo se lo guardaron a Obama personalmente. Uno de los "blogger" que se identificó como una mujer afroamericana dijo que ella al igual que muchos otros, lloró de orgullo cuando Obama tomó posesión, solo para verlo despues venderla a ella y a la vasta mayoría de la población estadounidense, para rescatar a Wall Street.

Pero el error craso en Texas no logro tapar la manía LaRouche de Obama. Esta semana, un Obama desesperado, cuyas propias proclividades estilo Nerón hacen que defina su Presidencia por su habilidad para hacer que se aprueben sus servicios de salud nazi, de creación británica, habíendo agotado todos sus esfuerzos, entre ellos el bandidaje descarado, para reunir los votos necesarios para asegurar la aprobación de la medida, empezó a insistir en que el destino mismo de su presidencia era lo que estaba en juego. Bien pudiera ser que esto sea lo más cercano que ha estado Obama a la realidad desde que tomó posesión. Pero en vez de reconocer que sus propias acciones son las responsables, parece que ha adoptado la ilusión de que "todo esto no es más que culpa de LaRouche".

La semana empezó con el anuncio súbito, mientras el Presidente se embarcaba en una viaje planeado apresuradamente a Ohio para tratar de presionar a Dennis Kucinich para que revirtiera su intención de votar en contra del proyecto de ley de salubridad de Obama, de que el viaje a Asia del Presidente, largamente planeado, se iba a posponer "por varios días". Para hoy (jueves) el viaje a Asia se canceló hasta una fecha aún por definirse, presumiblemente en junio. Aunque Obama logró "persuadir" a Kucinich para que cambiara su oposición anteriormente enfática al proyecto de ley de salud, parece que no logró aliviar sus temores.

El anuncio hecho el miércoles por Kucinich de que estaba dando marcha atrás y que votaría a favor de la medida de Obama ofrece un cuadro bastante vivo de la forma en que Obama persuadió a Kucinich para que cambiara su voto. En una declaración penosamente intrincada, Kucinich dice "Tengo dudas sobre el proyecto de ley. Este NO es el proyecto de ley que yo quería apoyar". Ah,¿entonces porqué apoyarlo?

Porque, dijo, lo persuadieron de que una derrota a la legislación destruiría cualquier potencial que le pudiera quedar a la Presidencia de Obama. "Lo que me molesta es que ésto (una derrota) le quitaría legitimidad a su Presidencia. Cuando eso sucede la nación sufre", razonó Kucinich. "Tenemos que ser muy cuidadosos de que no sea destruida la Presidencia del presidente Obama... aunque tengo muchas diferencias con él en términos de política, hay algo mucho más grande que está en juego aquí para América".

Después de ver la conferencia de prensa de Kucinich, varios miembros del Congreso le dijeron a la que ésto escribe que a ellos les quedaba claro que Obama estaba acusando a Kucinich de "apoyar el programa de Lyndon LaRouche", más específicamente, el llamado de LaRouche para sacar a Obama de su puesto. Cuando se le preguntó directamente a Kucinich sobre si esto era lo que, de hecho, había ocurrido, un Kucinich desencajado se negó a discutirlo.

La base normalmente leal de Kucinich parece que respondió mal a la voltereta. Para el jueves, Kucinich convocó a otra conferencia de prensa para anunciar que iba a regresar todas las contribuciones que recibió de los votantes que contribuyeron porque pensaron que se iba a oponer a la medida de Obama.

Al momento de escribir la presente, miembros tanto del comité Progresista como del Hispánico continúan recibiendo llamadas personales del Presidente. Públicamente, informan que el tono de Obama es que se tiene que aprobar este proyecto de ley "por la salud y fortaleza" no solo de SU Presidencia sino de la Presidencia en general, y que el partido Demócrata sufriría daños irreparables, si no es que su destrucción. En privado, un dirigente del Comité Hispano admitió que quedó estupefacto cuando el Presidente le exigió bruscamente saber cuál era su relación con Lyndon LaRouche.

Según el informe más reciente dado a conocer por la oficina de la mandamás de los demócratas en la Cámara de Representantes, a Pelosi todavía le faltan 8 votos para completar los 216 votos que necesita para que se apruebe el proyecto. Pero en última instancia, éste es difícilmente el problema. El que se apruebe el proyecto de ley NO va a salvar la Presidencia de Obama. En realidad, la aprobación de la odiada medida pudiera más bien acelerar el final de la Presidencia de Obama. Y, en realidad, El Presidente tiene razón en temerle a LaRouche. Es la política de LaRouche así como también la declaración de guerra de LaRouche a los controladores británicos de Obama lo que representa la mayor amenaza a la traición de Obama.