El mundo que debió haber sido

19 de abril de 2010

17 de abril de 2010 (LPAC) — Se está realizando el trabajo para el artículo principal del próximo número de EIR, que tentativamente se titulará "El mundo que debería haber sido". Comienza del punto de vista de hacia dónde se dirige el mundo en estos momentos. El sistema financiero mundial se dirige irremediablemente a su fin, pronto. La monarquía británica está comprometida con una nueva era de tinieblas globalmente, que se desencadenaría con un ataque de Israel contra Irán, con el apoyo y la complicidad del Presidente Obama propiedad de los británicos. Un ataque como ese es muy posible que suceda, a menos de que se pare, en algún momento antes de las elecciones federales de mitad del período legislativo de Estados Unidos en noviembre de 2010. Y bajo la dirección de una cuerda de incompetentes comandantes del ejército, ejemplificados por el general Stanley McChrystal, Estados Unidos está preparándose para una gran ofensiva militar demente en la provincia de Kandahar en Afganistán, en algún momento entre ahora y el comienzo del verano. Para decirlo amablemente, el patriotismo de McChrystal y los de su ralea es una proposición sumamente dudosa. En conjunto, un ataque instigado por Israel contra Irán mientras Estados Unidos se precipita a fondo en una guerra terrestre en Asia, desataría con toda seguridad una guerra asimétrica en toda Eurasia, una guerra que muy probablemente adopte el carácter de una guerra religiosa de 100 años, inicialmente entre los elementos sunís y chiitas árabes y persas dentro del mundo islámico en general.

Esta situación de un mundo que se vuelve loco nunca debió haber pasado. Todo esto fue posible solo por la derrota de la Iniciativa de Defensa Estratégica (IDE) de Lyndon LaRouche. Y fueron los esfuerzos de un nido de agentes británicos en los círculos de poder en Moscú y en Washington lo que llevó por último a la derrota a la IDE de LaRouche, y encaminó al mundo directamente al desastre que estamos enfrentando hoy. Es adecuado mirar nuevamente esos acontecimientos sucedidos a finales de los años 70 y a lo largo de los 80 y los 90, porque solo un cambio total de ese desastroso error garrafal político, y la derrota aplastante de esos agentes británicos, representados por Yuri Andropov y Mikhail Gorbachov del lado soviético ruso, y George Shultz del lado estadounidense, lo que nos ofrece un último momento de esperanza para impedir la estocada final que llevaría a la civilización a una era de tinieblas.

La IDE de LaRouche fue un golpe de estrategia global, iniciada por él personalmente en 1977, como parte del esfuerzo de LaRouche para derrotar el plan la Comisión Trilateral de Zbigniew Brzenzinski para utilizar al Gobierno de Jimmy Carter para provocar una confrontación nuclear con la Unión Soviética. El éxito de LaRouche en exponer, y de este modo evitar tal enfrentamiento termonuclear, gradualmente llegó a círculos patrióticos de gran número de veteranos de la OSS de la Segunda Guerra Mundial (la agencia de inteligencia de los aliados), como William Casey y Max Corvo, quienes dieron algún respaldo en el momento en que LaRouche salió con la propuesta original en 1977 para la colaboración de Estados Unidos y la Unión Soviética en un sistema de defensa basado en nuevos principios físicos contra los misiles balísticos, para terminar, para siempre, la era de destrucción termonuclear mutuamente asegurada.

En colaboración con los veteranos de la OSS, los cuales muchos estaban en el Gobierno de Reagan o eran cercanos a este (1981-1985), LaRouche logró convencer al Presidente Reagan de que asumiera su propuesta de defensa contra los misiles balísticos para la cooperación científica entre Estados Unidos y la Unión Soviética en un espectro de áreas de la ciencia y la tecnología de frontera. El 23 de marzo de 1983, el Presidente Reagan pronunció su histórico discurso a la nación por televisión, en el que proponía un desarrollo conjunto, con Moscú, de la Iniciativa de Defensa Estratégica, así como con aliados tradicionales de Estados Unidos en Europa, Japón e Iberoamérica.

Cuando el entonces Primer Ministro ruso Yuri Andropov rechazó la oferta de Reagan y la IDE de LaRouche, literalmente condenó a la Unión Soviética a su destrucción en un breve plazo. La acción de Andropov al rechazar la IDE propuesta por Reagan, a sabiendas que venías de LaRouche, fue un acto de suprema traición en contra de los intereses de la Unión Soviética, traición expresada durante toda esa década, por un agente británico a conciencia, un sucesor de Andropov, Mikhail Gorbachov. Esto se mostró otra vez en el papel que jugó Gorbachov en la conferencia de octubre de 1986 en Reykjavik, Islandia, donde se alió con el agente británico George Shultz, el entonces Secretario de Estado de Estados Unidos, para intentar que el Presidente Reagan abandonase la IDE.

De este modo, en el momento en que Andropov rechazó la oferta de Reagan del 23 de marzo de 1983, la Unión Soviética estaba condenada económicamente. La propuesta de la IDE le ofrecía a la Unión Soviética el último y único chance para cambiar de una ruinosa política de economía de guerra, a un programa basado en la ciencia como motor que hubiera conducido a la transformación de la economía soviética. El argumento de que fue la guerra de Afganistán la que acabó con la Unión Soviética es falso, en el sentido de que la locura de la guerra afgana fue una consecuencia del error de Andropov de no adoptar la propuesta de la IDE de Reagan.

El estado de colapso actual de la economía estadounidense, de las economías de Europa occidental, y las economías de todas las naciones de Iberoamérica, es resultado directo de la incapacidad para llevar a cabo el programa de la IDE de Laroche. El centro de ese programa era un cambio dramático en la productividad, conducido por una expansión tremenda del programa espacial. Bajo el programa de la IDE de LaRouche, Estados Unidos hubiera atravesado por una explosión de progreso tecnológico. La Unión Soviética hubiera experimentado una trasformación económica espectacular. Francia, Alemania e Italia hubieran prosperado. En cada lugar, había importantes círculos políticos aliados con LaRouche en una movilización global para la implementación del programa de la IDE motorizado por la ciencia. Entre estos se contaban las figuras más prominentes de la Resistencia Francesa de la época de la guerra mundial, que defendieron la IDE de LaRouche al interior de las fuerzas armadas francesas, entre otros medios de influencia.

En vez de un futuro brillante, obtuvimos el derrumbe de toda la Unión Soviética y el Pacto de Varsovia, que fue ocasionado directa y exclusivamente por agentes británicos de la calaña de Andropov y Gorbachov. Al momento en que Andropov rechazó la propuesta de Reagan, la Unión Soviética fue condenada a una implosión anticipada.

LaRouche pronosticó, en una serie de informes especiales de la EIR titulados "Global Showdown" (Enfrentamiento global), que el sistema soviético se acabaría en cinco a seis años después del rechazo a la IDE.

Eso fue precisamente lo que pasó. La competitiva y defensiva carrera armamenticia, junto con el derrumbe del Comecon y el Pacto de Varsovia en su totalidad derribó al sistema soviético. La guerra afgana era una manifestación de la fase del colapso, no la causa.

En occidente, la frustración de la IDE de Reagan y LaRouche fue fundamental para desatar un proceso de desintegración similar, que simplemente ocurrió en un período de tiempo relativamente más largo, llegando al momento de crisis del 2007 al 2008, como se demuestra mejor en la función de la Triple Curva de LaRouche. Ahora nos encontramos al final del juego, mirando una caída final a una era de tinieblas, potencialmente mucho peor que la edad oscura que arrasó a Europa en el siglo 14, como resultado deliberado de las políticas venecianas. La sobrevivencia misma de la humanidad depende de que aprendamos las enseñanzas de la gran estrategia de la IDE de LaRouche, misma que hoy constituye el meollo del plan de las Cuatro Potencias para derrotar a ese mismo imperio británico que empleó a agentes como Shultz, Andropov y Gorbachov, para acabar con la IDE en los años 80.