Blondet sobre LaRouche y Tremonti

18 de may de 2010

18 de mayo de 2010 (LPAC) — En un artículo de su revista por subscripción en Internet Effedieffe Giornale Online del 15 de mayo, Maurizio Blondet relata con todo detalle la reunión del 2007 con LaRouche y Tremonti, como un acontecimiento que despertó la esperanza. El artículo se titula "Sobre la Verdad como amiga" y es una respuesta a un lector que le pregunta si (Blondet) se sintió solo después de que "predijo", en un libro de 1994, el desplome del sistema financiero.

Luego de una introducción breve, Blondet escribe: "En la soledad, la verdad es una buena amiga... Pero tengo que admitir que hubo un momento en el que mi corazón se ensanchó, cuando se da uno cuenta de que está menos solo. Para mí, fue en el verano del 2007 (quizá la fecha no es precisa), cuando amigos del movimiento de LaRouche (algunos de los cuales conozco desde hace 30 años), me invitaron a un foro público que iba a sostener su dirigente, LaRouche, en Roma. "También viene Tremonti" me dijeron.

"Por supuesto, no les creí. LaRouche es, para los notables estadounidenses y para los medios de comunicación, una persona que no existe; en EU, hasta estuvo en prisión debido a sus ideas; el solo aparecer junto a él ya es de por sí comprometedor, y lo que es más, las ideas económicas de LaRouche, las ideas fascinantes, polémicas e intelectualmente siempre sorprendentes, no ayunan de su ramificación de locura americana".

Aún así, sin embargo, Tremonti se presentó. Vino desde Montecitorio [parlamento] (en ese entonces era vicepresidente de la Cámara de Diputados; Fini había logrado sacarlo del Ministerio de Economía) y pocos pasos después llegó al salón que los larouchistas habían rentado en el Hotel Nazionale. Se sentó enseguida de LaRouche, quien ya había empezado a hablar sobre la crisis inminente (la burbuja de las hipotecas de alto riesgo iba a estallar un mes después), escuchó y habló. La esencia de lo que dijo, lo tomé del comunicado de MoviSol (los larouchistas italianos):

'Es raro encontrarse con dirigentes políticos que sean capaces de hacer un repaso de la historia con referencias como lo ha hecho LaRouche hoy' dijo Tremonti y sería deseable que el debate político en general ofreciera muchas más ocasiones de estas. Tremonti dijo estar convencido de que, si no se trata exactamente de un desplome del sistema, por debajo de esta aparente normalidad, están ocurriendo cambios históricos; si bien el se sentía incapaz de juzgar si la comparación de LaRouche con el desplome del siglo 14 (Bardis y Peruzzis) es cierto, lo que es cierto es que los cambios que están sucediendo van a tener profundas consecuencias para el mundo. Tremonti concluyó diciendo que la idea LaRouchista de construir una red mundial de grandes proyectos de infraestructura pudiera parecer como 'sueño de tontos, pero la historia camina también sobre los sueños de los tontos'. Con toda seguridad, concluyó, estas ideas deben difundirse.

"Más que lo que dijo, lo que me impresionó más fue el simple hecho de que Tremonti estuviera ahí para escuchar seriamente. Sin recurrir a lo práctico como lo hacen usualmente los políticos, y sin esperar su turno para usar el micrófono, para terminar diciendo lo que tenía que decir en un discurso preparado".

"Yo no sé si entienden qué tan sin precedentes era este evento. Ningún político italiano, y quizá ningún extranjero, va a una reunión a reunirse con gente que no tiene poder y notablemente sin dinero, de quienes no puede esperar ninguna paga, ni sobornos, ni quid-pro-quos, al menos en términos de votos electorales".

"Los LaRouchistas nunca han podido ofrecer esas cosas. Y sin embargo, Tremonti vino a escuchar. Le gustó escuchar esta historia sobre los Bardis y Peruzzis, y sobre los otros banqueros venecianos que ocasionaron la crisis del siglo 14, porque (al igual que los Goldmans y los Soros actuales), obtenían una ganancia de 40% de sus negocios financieros como prestamistas de reyes y como árbitros de los precios del oro y la plata. Terminaron estrangulando una economía real, que siendo preindustrial, producía una ganancia anual del 3 a 4 por ciento (todo esto lo puedes encontrar en mi libro Esclavos de los bancos).

"Y a Tremonti le gustó escuchar de nuevo las ideas de ese tonto, sobre cómo enfrentar la crisis y la inminente recesión global, con ferrocarriles de levitación magnética de alta velocidad, desde Europa hasta Asia; una idea desquiciada, quizá hasta equivocada; pero seductora, y aquellos que aman la verdad siempre se dejan seducir por grandes ideas, nuevas y arriesgadas, que son políticamente incorrectas. Porque saben que la verdad no proviene de 'aquel que hable' como un Evangelio celestial, sino del intercambio intelectual entre personas que no siempre están de acuerdo en todo, y de las polémicas amigables de aquellos que, sin embargo, saben que el otro está tratando de hablar con la verdad".

"Así es como ví a Tremonti ese día, y por lo tanto, perdóname, tú que eres antiberlusconiano, si tengo una debilidad por él. La constancia que ha mostrado en meses recientes, que hasta la oposición reconoce, ya estaba ahí, en su no conformismo y coraje para sacar la cabeza, enseguida de un felón convicto estadounidense que es demasiado inteligente como para no ser un tonto, y en tal placer generoso de escuchar viejas historias económicas; porque la economía esencialmente es historia, y no la colección de algoritmos fraudulentos e idolatrías teóricas que Giavazzi y Alesina venden actualmente como economía".

"No excluyo que, como regla, cometa errores. No es Dios; pero sé que puede escuchar sin ningún otro propósito que para aprender algo, que sabe que la verdad es una amante atrevida. Créeme, uno se siente menos solo".

"En los últimos días, Tremonti ha sido el único que ha dicho públicamente que bajo el ataque económico, la economía global, no solo la europea, ha estado al borde de 'lo que en inglés le dicen derretimiento'... y en agregar que en ese caso, el dinero en nuestras billeteras ya no tendría ningún valor y esto le causaría 'un gran sufrimiento a la población"'.

"Los políticos que sabían lo que iba a suceder, no lo dijeron; se pierden votos. Ni tampoco he escuchado nunca que los economistas académicos muestren alguna preocupación por el sufrimiento de la población. Por el contrario, he escuchado a Alesina y Giavazzi regocijarse públicamente de las 'lecciones' que 'los mercados' le están dando a los gobiernos y a las sociedades bajo ellos. Se regocijan de que se aprieten el cinturón, de los recortes salariales, del sufrimiento sin posibilidades de mejorar que nos va a golpear - y que nunca alcanza a los banqueros culpables".

"Desde mi perspectiva, son los Alesinas y los Giavazzis los que tienen que ser silenciados. Son ellos, y no LaRouche, quienes debieran convertirse en personas no gratas, y quizás ir a la cárcel".