La campaña de Rachel Brown en la convención demócrata de Massachussets: los burócratas del partido vs la huelga de masas

11 de junio de 2010

Worcester, 6 de junio del 2010 (LPAC) — En una exhibición de cobardía y temor, el Partido Demócrata del estado de Massachussets eliminó el pasado 6 de junio una resolución a favor de reinstaurar la ley Glass-Steagall que contaba con el apoyo de más de 200 delegados electos, recurriendo a los trucos más gastados: aburrimiento, frustración y agotamiento.

La campaña de Rachel Brown ha sido la única fuente de vida de este partido, en todo el estado, especialmente desde la derrota aplastante de la demócrata Martha Coakley por el "escaño de Ted Kennedy". Nosotros representamos la única respuesta real, y educativa, al número creciente de residentes de Massachusetts que están hartos de que el Presidente Obama haya acogido la política imperial británica y que sufren las consecuencias todos los días. En Massachussets, es el mismo liderato del partido, que abandonando las demandas de su propia base electoral, sigue a Obama, paso a paso, hacia su perdición inmediata. Y con la reciente colusión del senador Scott Brown, con Barney Frank y los intereses financieros del "Vault" de Boston (o sea, la "bóveda", como se conoce a los intereses financieros de Boston), para aniquilar a la propia legislación Glass-Steagall, está quedando totalmente claro que es este movimiento, y sólo este movimiento, el que ha mostrado lo que significa pelear por una solución como representantes del verdadero Massachusetts, en favor de las ideas de John Winthrop, de los Mathers, de William Brewster y de su pariente ni tan lejano Lyndon LaRouche.

La convención empezó el 4 de junio con un coctel auspiciado por el Partido Demócrata, donde Rachel Brown y un grupo reducido de voluntarios organizaron a los delegados para que firmaran en apoyo a una resolución para reinstaurar la Ley Glass-Steagall de 1933-1999, para poner fin a la burbuja de derivados financieros del imperio británico. Durante la reunión, se consiguieron más de 70 firmas, y uno de los asistentes, el descarado Barney Frank, evadió hablar sobre la Glass-Steagall, y más bien aprovechó la oportunidad para insultar a Rachel y su acompañante.

A la mañana siguiente del trabajo organizativo las firmas, muchas de funcionarios electos de la ciudad, superaron las 200, y como sólo se necesitaban 50 para que la iniciativa fuera considerada en el pleno, todo indicaba que se escucharía la Glass-Steagall.

Durante la convención estuvimos recibiendo respuestas variadas sobre el juicio político al Presidente Obama, pero sobre la Glass-Steagall creamos un verdadero entusiasmo. Por toda la convención se podía escuchar el tema de reinstaurar Glass-Steagall. Un ejemplo típico: un amigo que nos encontramos en la reunión, quien terminó siendo el principal promotor de la resolución, intervino en una entrevista del senador John Kerry con el diario Boston Globe, para exhortar a Kerry a que se manifestara por la reinstauración de Glass-Steagall.

Sin embargo, los burócratas del partido, que trabajan para los intereses financieros de "la bóveda" de Boston, quisieron evadir esta realidad a cualquier precio. Así que, después de hablar y hablar sobre las postulaciones del partido, un aparatoso tributo a Ted Kennedy y la discusión y votación de 6 resoluciones, tres horas y media fuera de programa, el partido decidió que los algo así como una docena todavía presentes eran mucho menos de los 750 necesarios para un quórum y por tanto dieron por terminada la convención con solamente un asunto pendiente sobre la mesa: nuestra resolución Glass-Steagall.

Optar por el Massachusetts equivocado no es donde este partido necesita estar en estos momentos, y los habitantes de esta mancomunidad, y esta nación, se han expresado fuerte y con claridad: a saber, que aquéllos que buscan reelegirse y que protegen a Obama o a Wall Street, serán derrotados, enjuiciados políticamente o, de ser necesario, echados a la horca. Esta campaña representa el otro Massachusetts. La facción de los próceres que fundaron la colonia y que posteriormente sentaron las bases de nuestra gran nación. Y es esa tradición la que despertamos en esta convención en torno a un plan para mandar por el caño la burbuja británica de los derivados y, llegado noviembre, también a cualquier político que se le vea bloqueando eso. Creo que a nadie sorprende que, luego de su reciente declaración pública sobre la virtud de esos derivados, que Barney Frank fuera tan desvergonzado.