A 52 días de la catástrofe de la British Petroleum, ¡ya es hora de un verdadero comandante en jefe!

12 de junio de 2010

11 de junio del 2010 (LPAC) — ¿Quién está al mando? Ya han transcurrido 52 días desde la explosión de una plataforma petrolera de la British Petroleum en el Golfo de México y la Subcomisión del Senado para Contingencias e Integración Estatal, Local y del Sector Privado, sostuvo una audiencia hoy en la que senadores y panelistas por igual se preguntaron ¿quién está al mando? ¡Alguien debiera estarlo!

¡En efecto!

Hasta hoy, los ciudadanos y patriotas de la Costa del Golfo están en posición de firmes a la espera de la señal para salvar sus costas, sus fuentes de vida y su legado, pero nadie está dando la señal. En su lugar, a los funcionarios locales se les dice que deben esperar para que alguien más haga algo, esperar una autorización, esperar financiamiento y esperar a que se lleve a cabo un estudio del impacto ambiental.

Había pescadores con barcos, entrenados y listos para el llamado, dijo el alcalde David Camardelle del poblado de Grand Isle, Louisianna. Él puso de relieve, como estadounidense, que no quieren excusas, que no quieren estampillas para comida sino lanzarse al mar y succionar el petróleo, pero que no consiguen la autorización. Tampoco reciben de la BP ninguna indemnización, por lo que está dejando de funcionar la luz, el agua y el gas en todo el poblado, tanto para las empresas como para las familias que ya no cuentan con los medios para sostenerse.

Un exasperado Billy Nungesser, presidente de la parroquia de Plaquemines, reiteró también las mismas acusaciones, con la sugerencia adicional de ¡tirar por la borda a los ejecutivos de la British Petroleum! De nuevo, él se vio obligado a preguntar ¿quién está al frente? La Guardia Costera dice que ellos pueden aprobar algo, pero luego tienen que pedirlo a la BP. Y la Guardia Costera se está quedando sin dinero, teniendo que racionar sus propias operaciones. Luego, la gente tiene que esperar días o semanas para que una solicitud recorra la cadena de mando de la BP, y aún así puede ser que no se logre nada. La BP desestima la mayor parte de sus propuestas. Y aún así, aparentemente la BP está al frente, de tal modo que los funcionarios locales y la gente tiene que pedirle ayuda, aprobación y financiamiento. ¡Tienen que pedir a los criminales ayuda para eliminar el crimen!

La BP, clara y no sorprendentemente —fiel a sus raíces imperiales británicas— no muestra ningún respeto por la población de la Costa del Golfo. Como lo dejó en claro Nungesser, las tareas que llevan a cabo contratistas de la BP son una broma cruel. ¡Regrésenlos! No se les quiere. Y de todos modos no están hacienda absolutamente nada.

En contraste, la población local y sus líderes buscan con desesperación salvarse solos, intentando desesperadamente hacer que ocurra algo. Nungesser describió que cuentan con aspiradoras portátiles para succionar el petróleo, y que él tenía gente con barcos y tecnología para succionar el petróleo por debajo de la superficie del agua. La gente acude a él, ofreciendo ayudar, porque la BP los ha rechazado.

Finalmente, Nungesser dijo: ¡Esto es guerra! Uno tiene que movilizar a la gente como en tiempos de guerra. ¿Dónde está la armada? ¿Dónde están las embarcaciones? ¿Y porqué estamos dependiendo de la BP, cuyos contratistas regresan a casa por la noche y descansan tanto como trabajan? Uno no baja las armas porque la temperatura llegó a los 90 grados; y como lo saben los pescadores, ¡uno no abandona el trabajo nomás porque oscurece!

Lo que tiene que decirse ahora es que, sí, ciertamente, esto ES guerra, una guerra contra el imperio británico, el mismo imperio británico que controla la British Petroleum, y el mismo imperio británico que controla al Presidente de Estados Unidos, Barack Obama. La evidencia dada a conocer en la audiencia de hoy es clara. Somos una nación bajo ataque. Cada día que pasa hunde a nuestra nación más hondo en la destrucción. La población, los estadounidenses, los patriotas, están listos a movilizarse. Pero no cuentan con un Comandante en Jefe. Como lo deja claro el caso de la Costa del Golfo, si vamos a salvar esta nación, ¡se debe enjuiciar a Obama!