Algunos conocedores comparten la visión de LaRouche: el colapso es inminente

17 de junio de 2010

13 de junio de 2010 (LPAC) — Resulta cada vez más claro que varios conocedores del mundo financiero se están preparando para un desastre a corto plazo de proporciones monumentales, y están, por lo tanto, moviéndose cada vez más en la dirección del pronóstico de Lyndon LaRouche, de un estallido entre junio y julio, a menos de que se implemente ya una reorganización bancaria con la normativa de la ley Glass-Steagall.

Entre las voces que hablan de una desintegración de las instituciones financieras que son demasiado grandes para caer, hay por lo menos dos presidentes regionales del Banco de la Reserva Federal (FED), un ex director económico del Fondo Monetario Internacional, y un profesor de la Escuela de Comercio Stern de la Universidad de Nueva York, Nuriel Roubini. Una fuente de la inteligencia de Estados Unidos de alto rango, confirmó en discusiones con EIR esta semana que "hay un número significativo de personas en la FED, e inclusive en el Departamento del Tesoro, que respaldan un retorno a la Glass-Steagall". Añadió que, si fracasa la conferencia de consenso entre la Cámara de Representantes y el Senado que se está realizando ahora, y no resulta de ahí una ley de reforma financiera con garra de verdad, la reacción pudiera ser aplastante, y pudiera se el motor para la implementación de la ley Glass-Steagall". Añadió que el Gobierno de Obama, junto con los altos líderes tanto del partido Demócrata como el Partido Republicano le están haciendo caso omiso a "el alerta de una Revolución Francesa, a lo que LaRouche se refiere como una huelga de masas".

Parecería que algunos de los ataques recientes a los TBTF ("demasiado grandes para quebrar") son ocasionados por la esperanza de que Wall Street y Londres se impondrán en la conferencia de la Cámara de Representantes y el Senado, y eliminarán los segmentos sobre derivados de la enmienda de la senadora Blanche Lincoln, bloqueando cualquier introducción seria de la Glass-Steagall. A un nivel más profundo, algunos de estos economistas se están preparando para un nuevo gran estallido financiero, muy pronto. Este fue el mensaje explícito en dos artículos escritos por el ex director del FMI, el economista Simon Johnson, que fue circulado por la Roubini Global Economics. El 7 de junio, Johnson dio un extenso informe del discurso de Richard Fisher, presidente del Banco de la Reserva Federal de Dallas, en la SW Graduate School of Banking, en el cual declaró que se tenía que dividir a los TBTF, y que ninguna cantidad de regulaciones funcionaría.

Fisher le dijo a la audiencia que, "los reguladores, en su mayor parte, han andado de puntitas alrededor de esas enormes instituciones [grandes bancos]. A pesar del daño que hicieron, a grandes bancos fracasados se les permitió seguir funcionando, con respaldo del gobierno. No nos debería sorprender que esa industria esté desafortunadamente evolucionando hacia bancos de tamaño cada vez más grande con recursos financieros concentrados en cada vez menos manos... Como resultado de una política pública, los grandes bancos se han convertido en algo indestructible. Grandes bancos que tomaron grandes riesgos y generaron pérdidas insostenibles recibieron un beneficio público: la ayuda a los TBTF. Como resultado de eso, cada vez a más bancos conservadores se les negó la participación en el mercado que hubiera sido de ellos si se hubiera permitido que los grandes bancos mal administrados salieran de los negocios. En esencia, los bancos conservadores enfrentaron una competencia con respaldo oficial".

Fisher añadió, "El sistema se ha inclinado no solo hacia lo enorme sino hacia lo riesgoso", y continuó advirtiendo: "Sabemos por intuición y experiencia que a cualquier institución financiera considerada como TBTB no se le permitirá fracasar en el sentido tradicional. Cuando una institución como estas se convierte en un problema, sus acreedores son protegidos en nombre de la estabilidad del mercado. El problema de las TBTF se exacerba si en opinión del banco central y los reguladores la desaparición de los accionistas de grandes bancos es muy perturbador, extendiendo así esta medida de protección a accionistas ordinarios". Fisher llega a la conclusión final: se debe desintegrar a los bancos "demasiado grandes para caer".

Haciendo honor a sus palabras, el 19 de junio, Fisher le escribió a la senadora demócrata Blanche Lincoln (de Arkansas), en respaldo a su cláusula en la reforma de ley financiera, que prohíbe a los bancos que se involucren en transacciones con derivados financieros y otras actividades especulativas similares. La carta de Fisher es prácticamente idéntica a la que envió el mismo día a la senadora Lincoln el presidente de la Reserva Federal de Kansas, Thomas Hoenig.

En otro documento del 10 de junio que también circuló Roubini, Simon Johnson advirtió que Wall Street tiene la intención de eliminar la enmienda de Lincoln contra los derivados, y que el Presidente Obama y el equipo de la Casa Blanca, encabezado por Larry Summers, están totalmente alineados con los grandes bancos. "En las próximas semanas aprenderemos bastante, no sólo de sobre la estabilidad futura de nuestro sistema financiero, sino también de cual es realmente la posición del Presidente Obama".

En una entrevista con TruthOut el pasado 18 de mayo, Nouriel Roubini fue más directo todavía: "Mi opinión es que si los bancos son demasiado grandes para quebrar, el uso de altos cargos de capital y un régimen de insolvencia no va a funcionar. Si son demasiado grandes para quebrar, entonces son demasiado grandes, y se les debe desbaratar.

"Si son demasiado grandes para quebrar, también han crecido demasiado como para salvarlos, demasiado grandes como para rescatarlos, y demasiado grandes para administrarlos. Ningún presidente ejecutivo puede supervisor las actividades de miles de declaraciones separadas de ganancias y pérdidas, ni las actividades de miles de banqueros diferentes y corredores. Entonces, esa es una dimensión. Tenemos que ser capaces de ir más allá de la Regla Volcker, que en esencia es una Glass-Steagall-Lite. Necesitamos ir a fondo e implementar el tipo de restricciones entre la banca mercantil y la banca de inversión que existía bajo la Glass-Steagall".

Cuando le preguntaron porque criticaba la Regla Volcker, Roubini explicó que "la Regla Volcker apunta en la dirección correcta, pero en mi opinión, el modelo del supermercado financiero en el que se tiene en una sola institución la banca mercantil, la banca de inversión, corretaje de valores, transacciones propias y ajenas, actividades de fondos compensatorios, administración de activos, aseguradoras, etc., este modelo ha sido un desastre. La institución se hace demasiado grande para quebrar y demasiado grande de administrar.

"También crea enormes conflictos de intereses. Si ven los casos [judiciales] contra Goldman Sachs y Morgan Stanley, dejando de lado si hubo o no algún fraude o actividad ilegal eso lo decidirá la cortequeda un conflicto de intereses fundamental. Esas instituciones están siempre en ambos lados de la transacción. Ese es un conflicto de intereses inherente que no se puede abordar con murallas chinas [barreras internas de la compañía entre los diferentes aspectos del mismo negocio]".