Las opciones: Glass-Steagall y Obama para afuera, o una Nueva Era de Tinieblas al estilo Siglo 14

21 de julio de 2010

20 de julio de 2010 — El pueblo estadounidense —en realidad, el mundo— tiene ante sí una alternativa clara en la medida en que nos encaminamos a este período decisivo de julio-septiembre, de inminente desplome económico y financiero. Por un lado, una era sin Obama, acentuada por el restablecimiento inmediato de la ley Glass-Steagall y el lanzamiento de una recuperación de la economía física real. Por el otro lado, está el programa británico de destrucción del estado nacional, que le abriría las puertas a una era de despoblación solo comparable con la precipitación a una nueva edad de las tinieblas en el siglo 14.

Existe una tendencia perceptible, si bien bajo sombras, hacia la primera alternativa, cuyo programa se lanzó con el llamado de clarión de LaRouche y LPAC. Cada vez en mayor medida, hasta individuos improbables —como los autores de blogs sobre comercialización de futuros— están reconociendo el hecho de que lo que ha creado la crisis fue el haber abandonado la Glass-Steagall, y están discutiendo el hecho de que el gobierno de Obama ha saboteado su regreso. Lo que se ha vuelto evidente es que cada vez más personas están empezando a calcular que el gobierno de Obama está acabado. Y aunque todavía no se está discutiendo abiertamente el nombre de LaRouche, cada vez más personas están pensando en la dirección que él ha marcado.

El mismo Obama sicótico parece estar consciente de esta tendencia, como se refleja en el hecho de que le teme a cualquier encuentro con los medios de prensa u otros sin una agenda preestablecida. Hoy, en su conferencia de prensa sobre el seguro sobre desempleo, ni siquiera le permitió hablar a las personas desempleadas que él invitó, como si le temiera a lo que pudieran decir.

Obama está listo para sacarlo de su puesto y reemplazarlo por una combinación en donde se llevaran a cabo las ideas de LaRouche, las únicas que pueden salvar al planeta.

Pero, si continua en su puesto el títere británico de Obama, el futuro sería una réplica del siglo 14, o algo peor. Esta realidad se puso de manifiesto el lunes, con el anuncio que hizo el primer ministro británico David Cameron (D-Cameron) de su programa "Gran Sociedad", un programa para desmantelar el estado nacional en pequeñas comunidades a la rebatiña por sobrevivir. En pocas palabras, un nuevo feudalismo dominado por un estado fascista central. El programa de Cameron, que verán desarrollado en otra nota, sigue las recetas de un Phillip Blond, un seguidor descarado de los fascistas "católicos" G. K. Chesterton y Hilaire Belloc, quienes escribieron un artículo elogiando las virtudes del regreso a una vida medieval. El conducto de la influencia de Blond en el nuevo gobierno Tory es el Ministro de Hacienda, George Osborne y el mismo Cameron.

De una manera típicamente británica, Cameron llega hoy a Estados Unidos para reunirse con el presidente Obama y otros y promover su "modelo", de la misma forma que lo hizo el gobierno de Blair con el programa de servicios de salud nazi. Su programa, por supuesto, es un fraude: los recortes presupuestales masivos anunciados por Osborne hace un par de semanas van a recortar los servicios locales para la población por decreto, no serán reorganizados bajo control local como un gesto al comunitarismo. De igual manera, la destrucción de la red de seguridad social básica, incluyendo los bomberos y policía en Estados Unidos, se está llevando a cabo desde arriba, debido a que el gobierno ha sido incapaz de adoptar las reformas Glass-Steagall. Pero el nuevo feudalismo —con la despoblación que le acompaña— es el nombre del juego británico.

Sin embargo, Cameron se ha topado con una complicación a su plan. De nuevo, después de la operación de relaciones públicas de los últimos días, estalló la situación de la BP, y Cameron va a tener que enfrentar la rabia de los estadounidenses que están enojados por la devastación que ha causado en nuestro país la compañía de las Indias Orientales moderna. No la va a pasar muy bien y que bueno.

Pero, hay que tener presente la tarea histórica más amplia. Nuestro trabajo es encabezar la guerra para destruir al imperio británico, el imperio más sanguinario que haya gobernado sobre el mundo.

Hoy hace 76 años, los combatientes de la resistencia en las fuerzas armadas alemanas llevaron a cabo un intento fallido por asesinar a Adolfo Hitler, con la esperanza de salvar el honor de su nación y salvar millones de vidas. Fracasaron en su misión de corto plazo, pero se ganaron la gratitud eterna de todos aquellos que combatieron, y combaten, en contra del asalto fascista en contra de la humanidad. Los honramos, millones más hoy, librando una guerra que podemos ganar, en contra del mismo Imperio Británico que puso a Hitler en el poder. Y tenemos el poder de la historia de nuestro lado, si es que lo usamos -a tiempo.

Trava Mista Cano Alto