Una página del libro de Franklin Roosevelt: Y SERÁ BUENO

1 de septiembre de 2010

Por Lyndon H. LaRouche Jr.

1 de septiembre de 2010

Desde nuestro lanzamiento del concepto operativo de la forma actual del proyecto NAWAPA y de los principales aspectos de respaldo que se requieren la instrumentación de éste como proyecto internacional de recuperación económica iniciado por nuestra república estadounidense, hemos avanzado bien en el diseño de las "obras" principales de la recuperación económica para que ahora se ponga en marcha antes de octubre. Hecho ese tanto hasta aquí, tenemos que agregar ahora la acción de darle realmente vida al diseño de esa recuperación económica.

Debemos tomar por lo tanto una página del libro del Presidente Franklin Roosevelt de 1933. Para revivir una economía cuyo corazón vivo pronto perderá el resuello, en la brevedad incluso de semanas, si el Presidente Barack Obama sigue en el cargo, nos debemos comprometer a actuar no solo con el sentido de urgencia del Presidente Franklin Roosevelt en la primavera y verano de 1933; debemos tomar ciertas acciones abarcadoras, como lo hizo él entonces, para poner en movimiento realmente la recuperación económica.

Yo tengo un papel especial, probablemente indispensable, de liderazgo nacional que jugar para poner en verdadero movimiento esta acción de recuperación. La situación que eso implica es esencialmente la siguiente.

Yo estoy en el umbral de los 88 años de edad. Hablando en términos relativos, mi papel es indispensable en ciertos respectos decisivos, pero  una muy buena salud a los 88, a pesar de todo, son 88. No solo debes tomar en consideración ese hecho; yo debo tomar en cuenta ese hecho a mi manera, como debes hacerlo tú a la tuya, por tu parte en realmente efectuar esta recuperación.

El bosquejo general de las medidas a tomar mediante el proyecto NAWAPA y las acciones asociadas esenciales, cada vez aparece más claro, en tanto que cambiamos el énfasis en los elementos evidentes del NAWAPA propiamente en sentido amplio, a la movilización de la economía nacional en términos más amplios en que ya lo implica el sostenimiento del proyecto NAWAPA mismo. Para ir directamente al punto que señalo aquí, debemos rápidamente, casi como si instantáneamente, iniciar casi exactamente el tipo de medidas de acción definidas en lo general, que puso en marcha el Presidente Roosevelt como una operación de recuperación de emergencia esencial durante su primer año en el cargo, incluso durante sus primeras semanas en el cargo. Eso exactamente se debe hacer muy, muy pronto.

El problema a resolver es, en esencia, éste. Prácticamente debemos de clausurar Wall Street y lo que implica el sistema financiero-monetario inherente a él, tanto en esta nación como globalmente. Eso significa que inmediatamente debemos de restaurar el vigor pleno de la medida original Glass-Steagall de 1933, anular la obligación de sostener un flujo de "dinero de fantasía" hacia el aparato Inter-Alpha que subsume a nuestro "Wall Street" y sus consabidos estafadores, y desviar el flujo de crédito que ahora se utiliza para alimentar el esfuerzo de "rescate", hacia las entrañas de una recuperación física de nuestra nación y sus estados y municipalidades competentes.

Esta medida requiere, y es plenamente congruente con la forma de restauración del sistema bancario mercantil bajo los términos y condiciones implícitas en la Glass-Steagall. Sin embargo, esto también significa que no podemos esperar a que llegue el flujo de capital hacia NAWAPA y reformas asociadas para sacar la economía del desastre que le ha hecho la combinación de los gobiernos de George W. Bush, Jr. y de Barack Obama para destruir la economía de esta nación desde julio de 2007. Debemos de emplear gran parte del flujo de los fondos que se les quite sumariamente a lo que conocemos como los intereses de Londres y Wall Street, para dar el "arranque" a las estructuras básicas del gobierno nacional, estatal y local, en una expresión del mismo espíritu del sentido de urgencia que entendió el gobierno del Presidente Franklin Roosevelt, e hizo en 1933-1934.

Esto significa claramente un viraje en la dirección de los flujos comparable a, pero en una escala sumamente mayor que bajo el Presidente Roosevelt durante 1933-1934. Soy plenamente conciente de las implicaciones decisivas de las nociones de "en el largo plazo"; pero, es lo que sucede ahora, en el muy corto plazo, lo que va a dirimir la cuestión del renacer, o la muerte, de no solo nuestra república, sino de todas las naciones del mundo en general, en el límite de tiempo de los próximos veinticuatro meses.

Las perspectivas para las semanas inmediatas por delante, bajo una Presidencia posterior a Obama, pueden ser excelentes, incluso a pesar de la agonía de las acciones urgentes a tomar para salvar a esta nación durante las primeras semanas después. Quitando los elementos más prescindibles del sistema de la Presidencia de Obama, nos dejará con una rama ejecutiva restante que tiene el potencial de proporcionar la calidad de liderazgo que requiere esta situación en este momento. En cuanto al Congreso de EU, la expulsión de los elementos de Obama en el gobierno en el marco de las próximas pocas semanas, hará maravillas para la salud mental de la rama legislativa. Lograr que se adopten las medidas que se deben de tomar en los tres meses restantes de este año calendario es lo que será el proverbial intervalo de "hacer o deshacer", no solo para nuestra república, sino para las naciones del mundo en su totalidad.

La clave para entender la mayor fuente de peligro para el planeta en los meses venideros inmediatamente, es el entendimiento decisivamente necesario de las implicaciones de lo que ha sucedido, desde 1971, con el lanzamiento que hizo el imperio británico de lo que devino en el Grupo Inter-Alpha del imperio británico, que ahora controla un estimado 70% de la totalidad del actual sistema bancario del mundo. La devaluación de la libra esterlina que lanzaron los británicos en el otoño de 1967, las revisiones del dólar entre febrero y marzo de 1968, y la destrucción de la economía estadounidense bajo el Presidente Richard Nixon en el verano de 1971, tuvo efectos combinados que han sido la maldición principal, cada vez peor, sobre este planeta considerado en su conjunto, desde esos tiempos hasta la fecha presente.

En el tipo de crisis global que las acciones de los gobiernos de George W. Bush y de Barack Obama han arrojado sobre nosotros desde fines de julio de 2007, el gran peligro es la amenaza de que el mundo en su totalidad, no solo el Reino Unido y nuestro Estados Unidos, se hundirá en un tipo de dictadura peor que la de Adolfo Hitler. Ese peligro de fascismo, como el que amenaza bajo Obama ahora, ya era el potencial resultante de los efectos económicos y otros de la prolongada guerra en Indochina de aproximadamente 1964-1975. El gobierno de Nixon se pudo haber convertido en una dictadura, si no hubiese sido sacado ya ese Presidente cuando lo fue.

La única salvaguarda para nuestro sistema de gobierno bajo tales condiciones como las de la crisis mundial presente de 2007-2010, consiste en asegurar que las pasiones de la gran mayoría de nuestros ciudadanos estén confiadamente a cargo de la realización de las metas de nuestro sistema constitucional de gobierno. La consigna es, por lo tanto, lo que debemos hacer por nuestros ciudadanos, debe ser para la realización de las intenciones de nuestro sistema constitucional de gobierno, en vez del privilegio que la naturaleza tiránica del actual gobierno de Obama exige para imponer sus caprichos a costa de los derechos y de la justicia para el pueblo: que el sistema de nuestro sistema constitucional de autogobierno, del pueblo, para el pueblo y por el pueblo, no desaparezca de esta Tierra.

A este fin, requerimos mucho más que preocuparnos de las necesidades del pueblo. Nos debemos preocupar, sobre todo lo demás, por satisfacer las urgentes necesidades del pueblo, de acuerdo con los principios de nuestra Constitución Federal, del modo en que la crisis que enfrentó el Presidente Franklin Roosevelt nos muestra el verdadero significado de nuestro sistema constitucional bajo las condiciones de crisis grave como las que sufrimos hoy.