En recuerdo del ex presidente argentino Néstor Kirchner

5 de noviembre de 2010

5 de noviembre de 2010 — Los argentinos estuvieron de duelo por la muerte repentina del ex presidente Néstor Carlos Kirchner, el líder que ayudó a sacar al país adelante del período más negro de su historia reciente, después de que se declaró en incumplimiento sobre su deuda externa de $85 mil millones de dólares en diciembre de 2001. Gobernó de 2003 al 2007, y le sucedió su esposa, la senadora Cristina Fernandez de Kirchner. Kirchner era dirigente del Partido Justicialista (Peronista), fue congresista y recientemente había sido electo Secretario General de la Unión de Naciones de América del Sur (Unasur).

La noche del miércoles 27 de octubre, miles de personas —de organizaciones sociales y políticas, sindicalistas, organizaciones de jóvenes, y ciudadanos comunes y corrientes— se reunieron de manera espontánea en la histórica Plaza de Mayo, frente al palacio presidencial Casa Rosada, para rendirle tributo al hombre que se negó a hincarse ante los depredadores de la City de Londres y Wall Street, que hundieron a su nación en una crisis sin precedentes en su historia. El área frente a la Casa Rosada se llenó de arreglos florales, pancartas y mensajes de recuerdo, así como también de condolencias y apoyo para la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, provenientes de todos los estratos de la sociedad argentina. Llegaron a raudales los mensajes de condolencia de todas partes de Iberoamérica, y de todas partes del mundo, recordando el liderato dinámico de Kirchner y su pasión por defender a su país.

Lyndon LaRouche fue uno de esos dirigentes mundiales que enviaron mensajes, simplemente diciendo: "Quisiera enviar personalmente mis condolencias para su esposa y familia. Se les extrañara".

Kirchner murió de un ataque al corazón a las 9:00 del miércoles 27 en la mañana. Pasó sus últimos días en su amada ciudad de El Calafate en la provincia de Santa Cruz de la Patagonia, visitando a viejos lugares frecuentados por políticos y reuniéndose con amigos y vecinos. Muy apropiado, dado que Kirchner siempre se refirió a sí mismo como "un pingüino" (el símbolo de la región sureña de Argentina, la Patagonia) uno de los tributos que se dejaron frente a la Casa Rosada fue un gran pingüino, adornado con la letra "V" del Frente Victoria que él fundó.

Esta manifestación masiva de amor y respeto por Kirchner es consecuente. Luego de tomar posesión en mayo de 2003, le dejó en claro al Fondo Monetario Internacional (FMI) que él no tenía la intención de imponer las políticas de austeridad que le estaban exigiendo. ¿Por qué someter a la población argentina al mismo tipo de políticas que habían causado la crisis en primer lugar?, declaró firmemente. El desempleo andaba en un 25%; la tasa de pobreza en la otrora próspera nación era un sin precedentes 57%. El país está "en el infierno" dijo, y la primera prioridad es sacar a la población de ahí, no empujarlos peldaños más abajo. Cuando dejó el cargo en el 2007, informó feliz que los argentinos habían logrado por lo menos salir del infierno y llegar al purgatorio. Pero todavía hay mucho camino por recorrer, advirtió cauteloso.

A pesar de las constantes presiones y amenazas de los correveidile de la City de Londres, Kirchner nunca claudicó ante las demandas del FMI y precedió a reestructurar exitosamente la deuda externa en el 2005, ante el horror del imperio británico. El 15 de abril de ese año, al hablar en Munich, se hizo eco de Lyndon LaRouche cuando dijo "hay vida después del FMI, y es una muy buena vida". Recuerden, agregó con su humor característico, "estar en los brazos del FMI no es exactamente como estar en el cielo". Una y otra vez, atacó el genocida modelo de libre mercado que el FMI ha impuesto sobre muchos países, llamándolo "un modelo económico político al servicio de los intereses ajenos al bien común, que favorecen la proliferación de los corruptos, genocidas y ladrones". En vez de esto, dijo, tiene que haber un "estado activista" que pueda ir "a donde no puede ir el mercado", a proteger y encargarse de cuidar a la población.

Kirchner fue también un dirigente en Iberoamérica, guiando al informal "Club de Presidentes", el grupo de presidentes Iberoamericanos que se había reunido en torno al tema de la integración física del continente. Promovió con entusiasmo la construcción de infraestructura, tanto dentro de Argentina como en toda la región. (En un discurso del 2007 en Quito, Ecuador, la entonces primera dama Cristina Fernández de Kirchner explicó que la promoción de la infraestructura y los trabajos públicos de Kirchner estaban modelados en el Nuevo Trato de Franklin Roosevelt). La integración, dijo en julio de 2006, "es la gran empresa de nuestro tiempo". Los "mercados y el libre comercio no pueden garantizar nuestro desarrollo con inclusividad". La integración real "tiene que establecer una meta de construir una gran comunidad política que promueva la producción".

En su calidad de dirigente iberoamericano, Kirchner fue siempre un líder que fomentó la unidad y la integración sin ápice de sectarismo y sin despegarse del principio de la defensa del bien común que caracteriza el buen gobierno. No es de sorprender que seis presidentes Iberoamericanos hayan asistido a su funeral, o que varios países, como Chile y Venezuela, hayan declarado tres días de luto nacional en recuerdo del valeroso argentino.

El mensaje que dejó un ciudadano frente a la Casa Rosada lo presenta de manera bastante simple: "Gracias, Néstor. Pusiste de nuevo a la Argentina de pie. Eres un verdadero patriota, y te extrañaremos profundamente".