El duque de York y el 11 de septiembre: ¡Algunas cosas simplemente se filtran!

3 de diciembre de 2010

por Lyndon H. LaRouche, Jr.

30 de noviembre de 2010

El fantasma del 11 de septiembre pasó, como un soplo de aire escalofriante, durante la reunión cuando el ministro especial de comercio de Gran Bretaña, Andrew, el duque de York, mimaba a los británicos presentes en el público. También asombró a aquellos dignatarios y medios de prensa extranjeros, cuyos pensamientos se pudieran haber desviado, debidamente, hacia la conexión entre Al-Yamama de la BAE y el reino saudí, como algo deducible para los verdaderos conocedores del tema central de sus comentarios tan pintoresco al público. Por otra parte, su perspectiva desfavorable del Guardian en relación a esto fue también un realce notablemente relacionado a esta ocasión particularmente notable.

Ciertamente pudiera haber sido que el duque no deseaba traer directamente a la discusión el tema del "11-9", pero haya sido intencional o no, dejó implícito exactamente este efecto en más de una forma. Lo que hizo el duque, a este respecto, fue traer a colación dos aspectos distintos del papel británico hacia un punto común, irónicamente yuxtapuestos, que es la misma forma irónica, más o menos, que empleó Johannes Kepler en el descubrimiento original mundial del principio general de gravitación universal.

En uno de los aspectos, vino a la mente la conexión de la BAE, a través de Al-Yamama, hacia el Reino Saudí de personas tales como el príncipe Turki. En el segundo respecto, la relación de la conexión Al-Yamama británica a la parte del Reino Saudí en los propuestos ataques militares anticipados en contra de Irán atrajo la atención del público sensible presente y de la más amplia circulación de estos comentarios por los medios de la prensa mundial, con atención a los "Wiki-leaks". Como si fuera para asegurarse que dichas conexiones no se pasaran por alto, la presentación del príncipe atrajo más la atención debido a que el príncipe decidió buscarle pleito a un miembro prominente de la prensa británica, el Guardian. Va a resultar muy difícil, esconder el punto central bajo un montón de referencias distraccionistas a la masa de "Wiki-leaks", en especial el tema de la mano británica en el reportado respaldo saudí a la guerra en contra de Irán.

Hay dos categorías generales de escándalos importantes que se filtran por la prensa. Un tipo consiste en su mayor parte de unos cuantos encabezados, con poca sustancia en el contenido del texto; otro, es cuando se hace el intento por esconder un escándalo importante con un intento de distracción cambiando el tema hacia temas sustanciales más superficiales, como se ha hecho con la mayor parte del manejo de la conmoción de los "Wiki-leaks".

Lo que acabo de escribir, hasta ahora, sería suficiente para los conocedores; pero, lo que seguramente temen los británicos de los comentarios del duque, no está en el contenido de las palabras en sí, sino en lo peculiarmente avanzado del potencial hiperinflacinario de una crisis de desintegración económica global general venidera con centro en el Grupo Inter Alfa imperialista monetarista del sistema británico que actualmente se desmorona, lanzado en 1971 en reemplazo del sistema de tipos de cambio fijas. Preocuparse por los fósforos capta mejor la atención de la mente cuando está en llamas todo el vecindario.

Los únicos medios financieros disponibles para intentar esconder la autoría de la ejecución de los acontecimientos del "11-9" en EU, se han localizado en una cierta brecha entre el precio del petróleo saudí a la salida de su puerto de origen, y el precio de ese mismo petróleo como un producto nominalmente marcado con un precio para su reventa en el mercado spot europeo. Los únicos medios visibles para garantizar una cantidad pertinente de diferencia entre los dos precios necesarios para financiar una operación conocida como "11-9", apunta el dedo de la sospecha calificada en dirección del canal Al-Yamama. Esto es de importancia particular en vista de lo que quedó registrado, como el papel de ciertos pilotos, quienes recibieron ayuda financiera de instituciones de caridad de canales oficiales saudíes hacia ciertos dos ciudadanos que resultaron ser pilotos de la operación "11-9".

Después, agréguese a esta conexión ya al acecho, la filtración de Wiki en relación al compromiso de los elementos saudíes con los planes de guerra proyectados en contra de Irán.

Kepler, si estuviera aquí hoy, asentiría en reconocimiento de los aspectos de principio en el tema de los tiempos actuales.

Cuando las naciones y los jefes de redacción piensan en pequeño

Lo que cualquier individuo calificado de la inteligencia británica tendría que admitir, al menos para él o ella misma, sería que buena parte del éxito estratégico del imperio británico se le debe a la credulidad de las naciones que induce a pelear una en contra de la otra, todo para la ganancia neta de los intereses del imperio británico. De este modo, las potencias venecianas esquivaron gran parte de la amenaza que representaba el renacimiento florentino del siglo 15, hundiendo a toda Europa en un estado de guerra permanente, entre la expulsión de los judíos de España en 1492 y el fin de esa guerra monstruosa, gracias a la paz de Westfalia en 1648.

Así, el imperio británico de la Compañía de las Indias Orientales de Lord Shelburne triunfó al organizar una guerra en Europa continental de 1756-1763. Así, el imperio británico de ese mismo Lord Shelburne, creó la Oficina del Exterior británica en 1782 como el vehículo diseñado para orquestar un reino de guerras en el continente de Europa, una guerra que se extendió desde las contiendas diplomáticas arregladas inicialmente por Shelburne en 1782, pasando por el triunfo compartido por la Oficina del Exterior británica y el príncipe Metternich en 1815, y más allá.

Así, el imperio británico, al encontrar que peligraba geopolíticamente su poder imperial debido a las extensiones en la Europa continental de lo que el sistema ferroviario transcontinental había logrado en Estados Unidos, arregló ponerle fin al cargo del canciller Bismarck, y diseño diversas contribuciones subsecuentes a un estado permanente de desórdenes geopolíticos por todo el mundo, una política que el traficante de armas británico Alexander Helphand ("Parvus") empleó como su receta famosa: "guerra permanente, revolución permanente", un tema que continua como el estado implícitamente permanente de conflicto, de modo permanente, más o menos por todo el planeta. Tal era el estado de conflicto geopolítico desde el asesinato del presidente Carnot en Francia y el inicio de la alianza británica con Japón para las guerras en contra de China, Corea y Rusia de las primeras dos décadas después de que sacaron a Bismarck, y de los constantes estados de guerra general o preparaciones para dichos conflictos geopolíticos hasta los tiempos presentes, como en el sudoeste asiático desde las dos guerras contra Irak, y el estado permanente de guerra en Afganistán desde el ejercicio pertinente del notorio anglófilo Zbigniew Brzezinski.

Más allá de Brzezinski

Ahora, los intereses geopolíticos británicos han llevado a buena parte de las fuerzas políticas gobernantes de Europa y más allá, hacia lo que se identifica abiertamente como la intención de "acabar con el sistema de Westfalia".

Desde el inicio de este período de conflicto geopolítico que empezó con la adopción de Bismarck ,después de 1876, de los informes a Europa de Henry C. Carey sobre el principio de "El Sistema Americano de Economía Política", la posibilidad de establecer un "sistema post Westfalia" del imperio ha dependido de desintegrar a los Estados Unidos mediante la inducción de corrupción interna. La organización por parte de Londres de lo que devino en la Confederación, expresaba esa intención. A partir de enero de 2001, hemos llegado ahora, bajo el entonces recientemente electo presidente de EU, George W. Bush Jr., y actualmente, bajo el presidente mentalmente perturbado, Barack Obama, al punto en el que el gran juego británico de crear un "sistema posterior a Westfalia" obviamente le ha parecido a algunos en Londres como una aventura probable.

Lo que el imperio británico había ganado realmente de esta manera, fue la perspectiva actualmente inmediata de una desintegración patética, muy pronta, del actual sistema trasatlántico del mundo, una desintegración que las principales naciones de Asia, por ellas mismas, no podrían aguantar en términos físicos.

Para volver realidad la perspectiva actual de una victoria global de un imperio Británico global, el sueño distante de Shelburne de un nuevo imperio Romano bajo el reinado británico, es ahora imposible. El horror de la nueva Era de Tinieblas del siglo 14, es el precedente pertinente para el intento de establecer un imperio ahora. El comentario irónicamente más preciso sería el juego de palabras útil de que los venecianos están hoy "más ciegos que nunca".

Así, la promesa délfica de la caída de un gran imperio, está en el umbral del momento presente, a menos que cambiemos prudentemente nuestras necias maneras actuales.

Esto le debe dar la oportunidad al príncipe Andrew de considerar mejorar su discurso reciente y las opiniones que se le han asignado expresar.