"Al pueblo tunecino, después de la caída de Ben Ali"

19 de enero de 2011

18 de enero de 2011 — La siguiente declaración fue emitida ayer 17 de enero por Jacques Cheminade, candidato presidencial de Francia para el 2012.

La caída de Ben Ali representa el despertar de un pueblo y de un ejército que ya no pudieron soportar vivir bajo la opresión de un clan mafioso. Mi corazón está con todos aquellos que se entregaron a la lucha, pero las expresiones de solidaridad verbal son insuficientes. Francia les debe mucho, tanto por nuestra historia en común como ante la inadmisible complacencia común reciente.

La postura de Michéle Aliot-Marie, nuestro ministro de Relaciones Exteriores, que le ofreció cooperación policiaca al régimen de Túnez, no refleja más que la historia de componendas de toda nuestra clase política que va desde Francois Mitterrand hasta Sarkozy, actualmente, pasando por Jacques Chirac. Usando de pretexto la eliminación de la amenaza islámica, nuestros gobiernos han protegido y apoyado un sistema que ha saqueado al país, primero con los arreglos del hermano del presidente Habib Ben Ali y después con la familia Trabelsi, implicada en actos de bandidaje financieros a gran escala.

Desde su perspectiva, a principios del año 2000, el Fondo Monetario Internacional (FMI) empujó a Túnez a privatizar sus empresas públicas a gran escala, lo cual se convirtió en un atraco gigantesco, en donde la familia gobernante se apoderó de la economía entera gracias a los créditos que obtuvieron del FMI.

Esto es lo que hay que eliminar de una vez por todas. Los gobiernos tunecinos no van poder hacerlo ellos solos, y es por eso que tenemos la responsabilidad de ayudarlos. Para este fin, tenemos que deshacernos del colonialismo mental que tenemos de una vez por todas.

La chispa que hizo estallar el barril de pólvora fue el aumento en los precios de los alimentos de la canasta básica, en un país en donde los dirigentes se atragantaban mientras que la juventud talentosa y calificada no podía encontrar empleos. La violencia resultante se vio perpetuada por la guardia presidencial y por sectores de la policía que provocaron un levantamiento general. Sin embargo, aún después de la caída de Ben Ali y su familia de mafiosos, todavía permanece el mismo sistema y los precios de los productos básicos, determinados por decisiones internacionales que ponen la sobrevivencia del sistema financiero por encima de la vida de las personas, todavía no han caído.

También, si bien nuestra política debe de ser ayudar a Túnez en particular, debemos trabajar aún más duro para ponerle fin a la dinámica de genocidio internacional que afecta al mundo y aún más destructivo a los países menos desarrollados que importan productos alimenticios básicos que con frecuencia representan entre el 60 y 80 por ciento del presupuesto familiar de estas poblaciones.

Por lo tanto, yo propongo las siguientes medidas:

— Para hacerle frente a las necesidades inmediatas, enviar de inmediato cargamentos a granel de trigo, aceite para cocinar y azúcar

— Francia debe ofrecerle cooperación a Túnez y compartir inteligencia financiera sobre Belhassen Trabelsi, ahora bajo arresto, el padrino de la mafia, y también sobre el general Ali Seriati, ex director del servicio secreto y de la guardia Presidencial, y al parecer, jefe también de las unidades de contra insurgencia que aterrorizaban a los civiles de Túnez, la capital. Con la información que esto revelaría podremos desarraigar toda una red de sus cómplices.

— De manera más fundamental, se tiene que lanzar de inmediato un programa de producción agrícola, dándole prioridad a los alimentos y descartando todos los otros usos de los alimentos para producir agro combustibles.

— Se tienen que separar los bancos de inversiones de los bancos de depósito, para acabar con el poder de la oligarquía monetarista, reorientando el crédito hacia las inversiones necesarias en proyectos útiles para África y en particular, para Túnez.

== En este marco, debemos empezar en Túnez y en el Maghreb, la "Revolución Azul", desplegando medios modernos para llevar a cabo el plan de Francois-Elie Roudaire de acarrear agua fresca para limpiar los lagos de agua salada del sur de Túnez y convertirlos en un centro granelero y centro del desarrollo agro industrial.

Ayudar al pueblo de Túnez significa liberarlos del sistema financiero imperialista que los oprime, y el restablecimiento del principio de desarrollo de la economía física, diciéndole "nunca más" al sistema depredador basado en la maquila, las burbujas inmobiliarias y el turismo.

Ben Ali ha sido derrocado. Ahora es tiempo de deshacernos del sistema que lo "produjo", y Túnez tiene que convertirse en el símbolo de una reconstrucción en el centro de una economía mundial, como la que se imaginaban en su tiempo Roosevelt, de Gaulle y también de Bourguiba y Mendés-France. A quienes dicen que esto es utópico, les decimos que la alternativa actual de globalización financiera creará algo mucho peor que el clan mafioso de Ben Ali.

http://www.cheminade2012.fr