Revuelta en Egipto: una actualización

31 de enero de 2011

31 de enero de 2011 — El fin de semana la situación en Egipto siguió al borde del abismo, con manifestantes en El Cairo, Alejandría y otras ciudades violando el toque de queda y manifestándose pacíficamente. En El Cairo, el domingo en la noche, Mohamed ElBaradei salió de su supuesto arresto domiciliario para hablar ante una enorme multitud en la plaza central. Hizo un llamado para que renuncie el presidente y prometió cambios significativos en la situación en los próximos días. Criticó al gobierno de Obama por su respaldo continuo a Mubarak, si bien tibiamente. Anteriormente, la Hermandad Musulmana había dado a conocer un comunicado oficial, en apoyo de la idea de que Mohamad ElBaradei sea el negociador asignado para la oposición unificada, en las pláticas con el gobierno sobre cómo llevar a cabo la transferencia de poder de Mubarak a algún nuevo jefe de estado nombrado popularmente. El gobierno mismo sostuvo reuniones continuas sábado y domingo, con el recién nombrado vicepresidente Omar Suleiman, como vocero, quien sostuvo reuniones con altos oficiales de las Fuerzas Armadas y con miembros del nuevo gabinete dominado por los militares.

Fuentes de inteligencia de alto nivel en Estados Unidos, con décadas de experiencia en el Medio Oriente, dijeron que ellos esperan que Mubarak renuncie en los próximos días, y que le ceda el poder a Suleiman, a nombre del Ejército.

Para poder apreciar la situación en Egipto, dos cosas son cruciales. Primero, Egipto no es más que un reflejo del proceso de desintegración global, y no existen soluciones reales solo para la crisis fundamental de Egipto, como lo enfatizó Lyndon LaRouche en su plática con colegas el sábado.

Segundo, las fuerzas armadas de Egipto tienen sus raíces en la época posterior a la Guerra Civil de Estados Unidos. En los 1870, un grupo de 20 oficiales veteranos de la Guerra Civil —tanto de la Unión como Confederados— fueron invitados por el Khedive (el gobernador general del Imperio Otomano) para que fueran a Egipto a crear un Ejército moderno, tomando como base el modelo de West Point. Bajo el liderato del general Stone, el ejército egipcio estableció un sistema de entrenamiento, reclutando de entre la población, no solo de las élites gobernantes. A los hijos de los oficiales del Ejército se les dio una educación de primera clase y fue esta tradición lo que alimentó cada uno de los esfuerzos sucesivos de revolución republicana en Egipto, desde los primeros años del siglo 20 hasta la revuelta nasserista de los años 1950. Esta historia escondida casi ni la conocen los egipcios, pero es una tradición vibrante dentro del Ejército egipcio hasta la fecha. No es de sorprender que, cuando los británicos y los franceses llevaron a Egipto a la quiebra a mediados de los 1880, mediante sus típicas manipulaciones de la deuda, se apoderaron de las finanzas de Egipto e inmediatamente exigieron la expulsión de los estadounidenses. Pero el equipo de Stone había estado en Egipto por una década, y había causado un impacto significativo de largo plazo. Esta es la razón de por qué los manifestantes que se habían trenzado en batallas callejeras con la policía de seguridad egipcia, vitorearon cuando empezaron a rodar los tanques del Ejército por el Cairo.

Esto no es ninguna garantía de que se mantenga esta relación entre el Ejército y la población, en medio de la confrontación actual. Pero es un factor que no puede ignorarse, si uno quiere entender los particulares de los eventos egipcios que están en pleno desarrollo. En última instancia, la solución no se encuentra en Egipto, de la misma forma que no se encuentra en Tunicia, Argelia, Jordania o Yemen. Lo que se está desarrollando es la desintegración global, no algo específico a ninguno de estos países. Sin embargo, en Egipto, las próximas 48-72 horas van a ser muy dicientes y nadie puede pronosticar competentemente el resultado.