Solo la Glass-Steagall puede derrotar el culto religioso genocida de la monarquía británica

8 de may de 2011

7 de mayo de 2011 — Entre más se escarba en el historial de John Schellnhuber, líder de la entidad alemana promotora del genocidio verde, la WBGU, queda más claro que es uno de los altos sacerdotes de una secta religiosa fundamentalista ligada a la monarquía británica, que aboga por eliminar a la raza humana, tal y como la conocemos actualmente. Miembro confeso del culto a Gea (o Gaia) y uno de los jefes de redacción de su revista, Schellnhuber está afiliado al Instituto Santa Fe de EU, que es otro centro de Gea, fundado por Esther Dyson.

No debería sorprendernos que John Holdren, el asesor científico de la Casa Blanca del títere británico Barack Obama, es un viejo colaborador cercano de Schellnhuber y forma parte de la misma secta radical malthusiana a Gea, que promueve la despoblación del planeta. Esta gente son fanáticos religiosos, devotos de una secta loca que adora a la Madre Tierra. Odian a la humanidad, y hasta tienen su versión torcida de Vernadsky, argumentando que el hombre, como el único ser volitivamente creativo, puede escoger reducir el tamaño de la población humana mediante la eliminación del combustible y de la energía nuclear. Esto no es menos radical que el deseo del príncipe Felipe de reencarnar como un virus mortal para matar a la mayor cantidad de la humanidad como sea posible.

Mientras el presidente se la pasa callejeando con la realiza británica (el príncipe Carlos estuvo en la Casa Blanca el miércoles y dentro de poco los Obama van a ir a visitar a la reina a fines de este mes), Estados Unidos se cae a pedazos. Los últimos datos Estadísticos del Despacho del Trabajo sobre el empleo en abril, revelan que hay ahora 86,240,000 estadounidenses que han sido borrados de la fuerza laboral; una marca histórica. Ocho estados ya están devastados por los tornados y las inundaciones, y estamos a semanas de que empiece oficialmente la temporada de huracanes, sin mencionar la amenaza en pie de terremotos y erupciones volcánicas de envergadura a lo largo del Cinturón de Fuego. Y a Obama le importa un cuerno esta calamidad.

Todo el país está a punto de explotar, y lo único que podría enderezar el rumbo es la aprobación inmediata de la Glass-Steagall, como ha insistido Lyndon LaRouche en las últimas semanas y meses. Este es nuestro flanco estratégico para ganar, y vamos a ganar esta pelea no dentro de la politiquería de Washington, sino movilizando a la población estadounidense para que le patee el trasero al Congreso. En la Casa Blanca, en Wall Street y la City de Londres, ellos saben al igual que nosotros sabemos, que esta es un enfrentamiento definitivo existencial. El Congreso no se va a mover a menos que reciban una presión extrema de parte de la población estadounidense. Y nadie va a encabezar ese proceso aparte de nosotros. Nosotros sabemos que muchos miembros del Congreso regresaron el lunes a Washington sintiendo la lumbre de sus electores en sus aparejos. Muchos republicanos se están retractando lo más rápidamente posible de su respaldo al plan de austeridad schachtiano lunático de Paul Ryan, porque los vapulearon por votar a favor de la privatización (eliminación) del Medicare. Va a ser una batalla sangrienta y podemos y tenemos que ganar.

Hay señales por todos lados de qué tan vulnerable está el enemigo. El secretario del Tesoro, Tim Geithner, tuvo que barajeárselas esta semana para salir con su estafa usual, para posponer el enfrentamiento final sobre el techo al endeudamiento hasta agosto, después de que andaba corriendo por todos lados gritando que el mundo se iba a acabar si no se elevaba el 16 de mayo el techo de endeudamiento. No tenían la fuerza política para forzar que el Congreso lo aprobara, así que tuvieron que comprar tiempo —robándole dinero al Fondo Federal de Pensiones para llegar hasta el 2 de agosto. Sabemos que Bernanke tuvo que retractarse la semana pasada, en su conferencia de prensa, y retrasar su solicitud por otro "QE3" (imprimir más liquidez por tercera ocasión), otro billón de dólares en rescates de la Reserva Federal para Wall Street.

Consideren nomás que si se le devuelve a la cuenta del gobierno estadounidense los $17 billones de dólares comprometidos al rescate de los bancos quebrados, se pueden resolver todos los problemas que se enfrentan ahora mismo, así como las amenazas de desastre sísmico que amenaza a la Costa del Pacífico.

Pero el mayor derrumbe, como lo ha venido diciendo por algún tiempo el señor LaRouche, viene de Europa. El viernes, Der Spiegel Online informó que los ministros de finanzas de la Unión Monetaria Europea tuvieron una reunión de emergencia ya tarde en la noche, en Luxemburgo, para lidiar con la posibilidad de que Grecia abandone el acuerdo de rescate con el Banco Central Europeo y el FMI, simplemente porque ¡no puede pagar! Esa publicación alemana advierte que Grecia podría abandonar el euro este fin de semana; y como comentó LaRouche, si Grecia se va, el acuerdo de rescate para los bancos en Portugal, que todavía no se ha acordado, está condenado de antemano. Todo el fraude del euro se viene abajo, posiblemente en cosa de días.

Todo esto significa que tenemos una oportunidad revolucionaria ante nosotros, si actuamos agresivamente. ¿Va a tolerar el pueblo estadounidense otro rescate de un billón de dólares para Wall Street o el destripado sistema del euro y el Grupo Inter-Alfa de bancos, cuando Obama dice que no hay ni un céntimo para los ocho estados devastados por los fenómenos naturales? ¿Va a tolerar el pueblo estadounidense el "tratamiento Haití"?

No; si hacemos nuestro trabajo, no lo van a tolerar.