El juego de Obama y Boehner con la deuda condena a EU si no se les detiene

27 de julio de 2011

27 de julio de 2011 — Lyndon LaRouche advirtió ayer que Estados Unidos puede estar condenado al desastre en cuestión de semanas, si se permite que continúe el juego de la deuda que sostienen el Presidente Obama y el presidente de la Cámara de Representantes Boehner. Cuando todo se haya dicho y hecho, la combinación de austeridad shachtiana e hiperinflación en que se sostienen todos los planes que dizque "compiten" para supuestamente resolver el tope de la deuda y la deuda Federal, van a condenar a Estados Unidos a una destrucción cierta. La única alternativa, como lo ha planteado la demócrata larouchista Kesha Rogers en una declaración pública emitida después de la aparición televisiva de Obama y Boehner, es "dejarse de pendejadas" y aprobar la Glass-Steagall y sacar al Presidente Obama de su cargo, invocando la 25va Enmienda.

Aunque la aparición del Presidente Obama en la televisión el lunes por la noche desde la Casa Blanca, fue provocada por los informes del fin de semana de que sus bases de votantes del 2008 lo habían abandonado por completo, su discurso de 15 minutos con ataques al plan del presupuesto de los republicanos, solo hizo que los votantes se enojaran más con él. Esto no es un juego de suma cero. Los votantes están furiosos por la corrupción y la incompetencia absoluta de toda la "clase política" de Washington y el liderazgo de ambos partidos políticos, que son vistos como perdedores despreciables que están destruyendo el país por su necedad.

La realidad es que ningún acuerdo de última hora respecto al tope de la deuda no hará nada en lo absoluto para cambiar el hecho de que Estados Unidos y Europa están condenados a su ruina, a menos que haya un cambio revolucionario en la política, precisamente como lo plantea LaRouche, empezando con la salida constitucional de Obama y la aprobación de la Glass-Steagall. La venenosa telenovela "en vivo" que se escenifica en el Capitolio y la Casa Blanca es sólo eso, un cuento contado por idiotas que no significa nada. El pueblo estadounidense lo sabe, en sus adentros, y no quieren nada de eso. Y cualquier político de Washington que quiera sobrevivir tendrá que dejar la locura parlamentaria partidista y unirse a LaRouche y a la planilla de los seis candidatos demócratas larouchistas, en el logro de las únicas medidas que evitarán una ruina inminente.