Un llamado transatlántico por soluciones de emergencia a la crisis de desintegración global presente

8 de agosto de 2011

7 de agosto de 2011 — Lyndon LaRouche, Helga Zepp-LaRouche y Jacques Cheminade emitieron hoy la siguiente declaración.

El sistema financiero mundial entero se ha derrumbado, y aunque el centro del derrumbe está en la región transatlántica, no hay región en el mundo que sea inmune a la desintegración que ya está en marcha. Es necesario un cambio radical en la política para evitar una desintegración total de la civilización, comenzando en la región transatlántica, que hará descender la población mundial por debajo de las 2,000 millones de personas en un período de tiempo muy breve.

Ya no hay ninguna diferencia entre la desintegración del sistema financiero y monetario europeo y la bancarrota total de los bancos de Wall Street dizque demasiado grandes para quebrar. Una estimación moderada es que los seis grandes bancos de Wall Street tienen una exposición de $1.5 billones de dólares nada más en la deuda española e italiana, la mayor parte de la cual vale casi nada. La semana pasada, cuando se congelaron los préstamos interbancarios en Europa, la Reserva Federal de EU les abrió una ventanilla de emergencia. El Presidente Obama le ha prometido a la canciller alemana Angela Merkel que Estados Unidos será el prestamista de último recurso para toda la Unión Monetaria Europea.

Ese compromiso del Presidente Obama no solo es inconstitucional y un acto de traición virtual en contra del pueblo de Estados Unidos. Es un compromiso con una hiperinflación estilo Weimar, pero esta vez a una escala global. Ese plan de salvataje hiperinflacionario quizás le extendería la vida al actual sistema quebrado por unas cuantas semanas más, pero el precio a pagar sería un hundimiento más dramático en el caos social masivo y la dictadura.

Hay soluciones, incluso en este momento tan tardío. Estas soluciones las ha planteado repetidamente el destacado economista estadounidense Lyndon LaRouche, durante años. Sin embargo, ninguna de esas soluciones, que se deben iniciar en Estados Unidos, tiene la posibilidad de implementarse a tiempo si no se saca al Presidente Barack Obama del cargo inmediatamente por medios constitucionales.

El Presidente Obama ha destrozado la Constitución en repetidas ocasiones. Más recientemente, lanzó una guerra contra Libia sin la autorización del Congreso, una violación flagrante al Artículo I, Sección 8 de la Constitución de Estados Unidos. Su acuerdo para crear un "Super Congreso" es una violación más descarada de la Constitución, la cual otorga la autoridad única a la Cámara de Representantes para formular la política fiscal y de endeudamiento. Los abusos inconstitucionales del Presidente son bien conocidos. Cuando menos dos candidatos presidenciales declarados, Jon Huntsman y Ron Paul, han denunciado claramente sus delitos enjuiciables. Varios miembros del Congreso y demócratas progresistas han hecho declaraciones similares, así como miembros prominentes de la comunidad afroamericana. Es evidente que el Presidente se ha empeñado en cometer delitos en contra de la Constitución, que exigen su salida inmediata del cargo, antes de que sea demasiado tarde.

Del mismo modo, los líderes de la Unión Europea violan sus propias constituciones nacionales al empeñarse en el salvataje ilegal de sus megabancos, en tanto que el Banco Central Europeo viola sus propios principios fundacionales al comprarle a los bancos y compañías de seguros la deuda que tienen de Estados soberanos prácticamente en bancarrota, así como a estos mismos Estados. Esa emisión de dinero falsificado no solo es contra la ley, sino que al actuar como falsificadores de dinero, los jefes de Estado europeos conducen a Europa a una hiperinflación estilo Weimar. Igual que Barack Obama, merecen que los saquen del cargo por alta traición, de acuerdo a los principios y procedimientos de sus respectivos Estados. La infame "troika" compuesta por la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional, que está imponiendo una austeridad sin precedentes sobre los Estados soberanos con la complicidad activa del Presidente francés y de la canciller alemana, se tiene que parara de inmediato para impedir que destruya las economías y a los pueblos de Europa.

En cuanto se separe del cargo al Presidente Obama —ya sea mediante el enjuiciamiento político, renuncia, o la 25ava Enmienda, Sección 4, que establece el procedimiento para la remoción del cargo de un Presidente que deja de ser competente mental o físicamente— el Congreso se puede reunir para aprobar la reinstauración de la ley Glass-Steagall, la cual separa a los bancos comerciales de los sectores de corretaje y seguros. Esa propuesta de ley ya la introdujo al Congreso Marcy Kaptur, bajo la forma de HR1489, la cual ya tiene un respaldo significativo a nivel bipartidista. Con esto, se le regresarán a los centros de Wall Street un mínimo de $17 billones de dólares en deudas de juego, que se le han impuesto a los contribuyentes estadounidenses. Al eliminar de los libros de contabilidad del gobierno federal esa cantidad de deudas de juego, el Congreso puede proceder de inmediato a emitir crédito federal para emprender los proyectos de infraestructura que son vitales, como el proyecto de la Alianza Hidráulica y Energética de Norteamérica (NAWAPA), que crearía de inmediato millones de empleos productivos.

Estados Unidos puede iniciar un proceso de recuperación económica física, estableciendo el marco de referencia para acciones similares en Europa occidental. La región transatlántica puede darle marcha atrás al derrumbe que de otra manera conduce de manera irreversible a una nueva era de tinieblas, pero solo a condición de adoptar estas medidas. El primer paso inevitable es la salida del Presidente Obama de su cargo, en los próximos días por venir. La abrumadora mayoría de los ciudadanos estadounidenses exige esto ya.

Una enorme mayoría de ciudadanos de las naciones de Europa occidental exigen lo mismo, y exigen un cambio de liderazgo.

Ahora es el momento de actuar.