Cuarenta años después de que LaRouche te lo advirtiera: El Punto de Inflexión del 15 de agosto de 1971

19 de agosto de 2011

El lunes 15 de agosto se cumplieron 40 años de que el Presidente estadounidense Richard Nixon dio el paso trascendental de quitarle al dólar su vínculo al oro, iniciando así lo que el diario británico Daily Telegraph identificó correctamente como el sistema de la "flotación monetaria". En el curso de un año, se enterró oficialmente al Sistema de Bretton Woods, y se puso en marcha la destrucción de la economía física del mundo, por las fuerzas que hoy conocemos como imperio británico con sede en la City de Londres y Wall Street.

Lyndon LaRouche había pronosticado la crisis a la cual Nixon respondió de esta manera maligna, allá para fines de los 1950, en contraste prácticamente con todos los demás economistas importantes del mundo. Cuando ocurrió el traumático acontecimiento, LaRouche emitió su pronóstico de largo plazo más perdurable. Las publicaciones de LaRouche lo reseñaron en sus propias palabras:

"Pronosticó que si las potencias dominantes recurrían a una combinación de medidas de austeridad de corte monetarista cada vez más rapaces, el resultado sería, no una nueva crisis cíclica, sino, una crisis sistémica, una 'crisis general de desintegración' del sistema mundial". Como lo destacaron las publicaciones de LaRouche en esa época, la amenaza era el fascismo y una Nueva Era de Tinieblas.

Esa crisis de desintegración se ha venido desenvolviendo manera sucesiva durante los últimos 40 años. En varios puntos de inflexión del trayecto, LaRouche ha hecho pronósticos de corto plazo de mayor especificidad —como el derrumbe del mercado de valores en 1987, el derrumbe de la economía soviética, el 9vno pronóstico, y la crisis financiera de julio de 2007— que se han confirmado con precisión asombrosa.

Pero para LaRouche, hacer pronósticos no es un ejercicio académico. Como lo planteó en la primavera de 1997, "un pronóstico económico científico se relaciona con la naturaleza de la función en físico-matemáticas, o un plan de guerra clásico". Con cada pronóstico, LaRouche y su organización han presentado un plan de guerra para evitar el desastre que se vislumbraba, para que las instituciones correspondientes respondieran para adoptar las medidas necesarias.

En 1971, LaRouche ya tenía a la mano un Programa de Reconstrucción de Emergencia ("Cómo salir de una depresión en un solo día"), que había escrito en julio de 1970, y que delineaba el enfoque para una reconstrucción física de la economía. El problema fundamental, como lo señaló LaRouche en su primera respuesta importante a la crisis del 15 de agosto —titulada "Por qué tenía que pasar"— fue que la economía física había sido "aplastada bajo una masa de acciones, bonos, hipotecas y otros papeles capitalistas. Destruyan este papel y puede surgir la prosperidad". El meollo de la cuestión era que los gobiernos se aferraban a los valores "monetarios" ficticios, en vez de la riqueza física asociada con el aumento de los poderes productivos del trabajo.

En las décadas siguientes, LaRouche ha venido aplicando este concepto de manera más elaborada al desenvolvimiento de la situación, en Estados Unidos y en muchos países, en tanto que la situación económica y política mundial bajo el control imperial de los británicos ha venido declinando. En cada momento de la crisis él ha propuesto una solución, ya sea una moratoria de la deuda, la Iniciativa de Defensa Estratégica, el Nuevo Sistema Bretton Woods, la ley de Protección la banca y los propietarios de vivienda (HBPA, por sus siglas en inglés), la ley Glass-Steagall.

Quienes tenían ilusiones de que hubiera alternativas a las soluciones de LaRouche, se encuentran enfrentando el cuadro más patente de la destrucción, no sólo de sus naciones, sino potencialmente para toda la especie humana. Todas las demás "autoridades" financieras del planeta están desacreditadas totalmente, y a consecuencia de aferrarse al moribundo sistema monetarista, se avizora el peligro de una muerte en masa a escala sin precedentes.

Es momento de aprender las lecciones de 1971. Se tiene que adoptar ahora el plan de combate de LaRouche para tener éxito.