Status de la crisis de Obama

22 de noviembre de 2011

Por Lyndon H. LaRouche, Jr.

21 de noviembre de 2011

Las condiciones que llevaron al imperio británico a detener el momento implícito para desatar la reacción en cadena política que se tenía prevista para desencadenar una virtual "Tercera Guerra Mundial" en el continente eurasiático, ha creado un grado adicional de tensión en el proceso financiero-político transatlántico que probablemente podría conducir, pronto, a la salida del Presidente estadounidense Obama.

Al presente hay cinco factores principales en dicha destitución potencial de ese presidente estadounidense.

En el primer lugar de los factores potenciales para la destitución del Presidente Obama, están las dificultades para involucrar a las instituciones permanentes del establecimiento de defensa estadounidense en una guerra en que esas instituciones aborrecen no solo el pretexto necio, mucho peor aún en sus consecuencias patentes que la guerra de Estados Unidos en Indochina. Esa nueva aventura militar, sí las instituciones de defensa estadounidense la tolerasen, constituiría una amenaza mucho mayor todavía a la existencia de Estados Unidos mismo que la virtual década de la aventura estadounidense en una guerra en Indochina.

Segundo: el lanzamiento de una aventura militar tal como la que ha iniciado la monarquía británica y el títere británico conocido como Presidente Barack Obama, tendría la consecuencia incluida de que sería lo que se pretende que sea, un asalto termonuclear, que garantizaría una desintegración anticipada y rápida de las instituciones de gobierno presentes de todo el planeta.

Tercero: El origen real de la intención detrás de esta aventura de la monarquía imperial británica y su títere Obama, es el cometido de la monarquía británica a una campaña de genocidio que se propone, de acuerdo a la declaración de esa monarquía, para iniciar el desplome rápido de la población humana de este planeta, de los 7 mil millones de personas que se cuentan al presente, a mil millones, o menos, rápidamente. Esa intención manifiesta de la monarquía imperial británica, se ve reforzada con los drásticos cambios prácticos en los programas de la política europea y estadounidense dirigidos, abierta y desvergonzadamente, desde la monarquía británica y sus lacayos en diversos gobiernos transatlánticos, como el del gobierno de un virtual nuevo emperador Nerón, el Presidente Barack Obama.

Cuarto: al inducir a Estados Unidos a entrar en una guerra general más o menos global, donde y cuando está establecido que no hay un casus belli real, las instituciones pertinentes, legítimas, de la Presidencia estadounidense responsables de emprender y conducir la guerra general, representan una fuerza que entra en juego cuando otras partes de la Presidencia y la legislatura federal son tentadas a realizar insensatos juegos desesperados con el homicidio en masa.

Quinto: Si la autoría del esfuerzo indujese a Estados Unidos a emprender una guerra ilegítima y descabezada, del tipo de la cual exige la monarquía británica, mediante el instrumento del títere británico conocido como Presidente Barack Obama, las fuerzas del propio imperio británico le retiran al Presidente Obama el control de la decisión final de entrar en una guerra general.

El imperio británico, como instrumento de la monarquía imperial británica, es una expresión directa de cuatro fases sucesivas de la existencia del imperio romano original. El motivo más esencial de la monarquía imperial británica, es el compromiso con la noción de un imperio romano inmortal, del cual la monarquía británica es la cuarta encarnación.

No es el interés de la nación británica lo que está en consideración para el imperio en las circunstancias actuales; la norma establecida por el principio oligárquico del imperio desde la Guerra del Peloponeso, es la política de que a la especie humana no se le permitirá vivir más allá del fin de ese sistema oligárquico del legendario Zeus olímpico que la monarquía británica considera como su legado encarnado hoy día.

El hecho de que esa monarquía británica, imperial, haya seleccionado una persona con los atributos específicos de un emperador Nerón, de un tipo mucho peor al de un mero Adolfo Hitler que en realidad fue lanzado (con cierto pesar subsecuente desde Londres), es la clave del papel asignado, como agente británico, a un Presidente Barack Obama.