Banqueros franceses horrorizados ante el factor creciente Glass-Steagall de Cheminade

9 de febrero de 2012

9 de febrero de 2012 — Desde que el candidato presidencial del Partido Socialista, Francois Hollande —considerado actualmente el candidato que lleva la delantera para las elecciones del 22 de abril— atacó al establecimiento bancario francés en su discurso de campaña del 22 de enero, refiriéndose a la necesidad urgente de separar las actividades regulares de la banca regular de las actividades bursátiles, pareciera que la élite bancaria francesa anda atormentada por una pesadilla: ¿se puede convertir en realidad la idea de una separación total de los bancos, una nueva "ley Glass-Steagall" como la ha promovido Lyndon LaRouche en Estados Unidos y el candidato presidencial francés Jacques Cheminade, quien cada vez cobra mas notoriedad en la campaña presidencial en Francia, o todavía es posible desacreditarla con mentiras, amenazas y sofistería?

El 6 de febrero, Les Echos reportó que "Silenciosos hasta ahora, los dirigentes del sector bancario francés han empezado a reaccionar en los últimos días sobre las propuestas del candidato socialista, en particular sobre la necesidad de separar, dentro del mismo banco, las actividades bursátiles de la banca y sus actividades regulares.

En una conversión milagrosa, Frédéric Oudéa, gerente general de Société Générale y presidente de la Federación Bancaria de Francia (FBF), al hablar en RTL, cambió sus convicciones previas y de improviso afirmó que los banqueros "están listos" a discutir el tema. "Es perfectamente legítimo decir: nosotros no queremos que los depósitos de los franceses y de los contribuyentes se usen para actividades especulativas que no tienen interés en la economía". Sin embargo, Oudéa agregó, uno debe darse cuenta de que desde que empezó la crisis ya mucho ha cambiado. Para él, separar los bancos sería una "mala ley" dado que "en la actividad bursátil" uno tiene "que distinguir, dentro de las actividades bancarias, las que son especulativas de las que son necesarias para el financiamiento corporativo".

En entrevista con la nueva versión francesa de Huffington Post, el gerente general de Banque Populaire et Caisse d'Espargne dijo que "en principio, uno tiene el derecho de exigir que los banqueros se ocupen de sus clientes y no especulen con su dinero" argumentando a favor de una regulación al estilo reglamento Volcker. (La jefe de redacción de Huffingtonpost.fr es Anne Sinclair, cuyo marido es el ex director gerente del FMI, Dominique Strauss-Kahn).

En el diario Le Monde del 7 de febrero, Jean-Michel Naulot, un "ex" banquero quien hizo toda su carrera en Indosuez, claramente habló por toda la mafia de banqueros. Después de demostrar que la delimitación de las actividades bancarias "bajo un mismo techo" promovidas por el "caballo de Troya" sir John Vickers, fracasaría completamente, Naulot expresa su preocupación: "En las últimas semanas, varios candidatos [presidenciales] han llamado la atención a las ventajas de regresar a la Ley Glass-Steagall de separar los bancos de depósitos de las inversiones. Algunas hasta han propuesto adoptar la reforma de la [Comisión Vickers] debatida en el Reino Unido, o una versión mucho más estricta de la misma... Algunos economistas proponen ir más allá y cortar cualquier vínculo entre los bancos de depósitos y los bancos de inversiones y regresar a una Ley Glass-Steagall, pura y rigurosa. Eso sería un error".

Luego, en un esfuerzo aparentemente desesperado sobre una "alternativa", Naulot miente: "En realidad, la versión moderna de la Ley Glass-Steagall, es el Reglamento Volcker, adoptado en julio del 2010 en el marco de la Ley Frank-Dodd y defendida con valentía por Obama en contra de todo tipo de cabildeos. Esta reforma tiene dos méritos: es simple y de aplicación inmediata".

Claramente, ahora que Cheminade le metió el pie a la puerta, la guerra se ha vuelto cada vez más sucia. Fuentes de alto nivel cercanas al candidato socialista confirmaron que desde el pasado 22 de enero, después del discurso de Le Bourget, Hollande ha estado sometido a una presión "inimaginable".