¿A qué le temen?

26 de junio de 2012

Por Bill Roberts

25 de junio de 2012 — Hay un malestar creciente en el gobierno de Obama por su incapacidad para suprimir el respaldo al restablecimiento de la ley Glass-Steagall, una política por la que Lyndon LaRouche a abogado desde el 2007 y a la que el gobierno de Obama se opone vehementemente a nombre de la City de Londres y de Wall Street.

La política original de la época de Franklin Delano Roosevelt que separa a los bancos comerciales de los de inversión, cuenta con un gran número de demócratas en el Congreso de Estados Unidos que la respaldan. Desde que la introdujo Marcy Kaptur, representante demócrata por el estado de Ohio, en abril de 2011, la H.R. 1489 ya tiene el respaldo de 69 copatrocinadores, incluyendo a varios miembros de la delegación congresional de Michigan. Por varios años, Lyndon LaRouche y la Lista de Candidatos Demócratas Larouchistas, han liderado esta pelea a nivel nacional, construyendo una base de respaldo, entre sindicatos, agricultores grupos del Partido Demócrata y funcionarios electos a nivel estatal y local, para que se restablezca la ley Glass-Steagall.

En las semanas recientes, desde que se anunció la pérdida de 2 mil millones de dólares del banco JPMorgan en derivados financieros en Europa, se ha desatado una lluvia de llamados por el restablecimiento de la ley Glass-Steagall. Entre las personas que se han unido a este llamado se encuentra Robert Reich, quien fue secretario del Trabajo de Bill Clinton, y Elizabeth Warren, candidata demócrata al senado por Massachusetts, quien además atacó duro la Regla Volcker de la ley de dizque "reforma financiera" Dodd-Frank, por ser insuficiente para eliminar el peligro de la especulación financiera riesgosa.

Por otro lado, gobierno de Obama, lanzó una movilización total para detener este nuevo impulso de respaldo a la Glass-Steagall. Paul Volcker, ex Presidente de la Reserva Federal, quien fuera responsable del programa de la Reserva Federal de los 1980 que elevó las tasas de interés por encima del 20% y arruinó la economía física, ha lanzado un llamado a detener la Glass-Steagall. El Gobierno de Obama lo desplegó para que le diga a los economistas y congresistas que no escuchen a LaRouche, que la Glass-Steagall no es necesaria y que la Regla Volcker es mejor porque no castigan a Wall Street. En su mente, es mejor que ustedes los contribuyentes carguen con la cuenta de 2 mil billones de dólares de la deuda especulativa de Wall Street. ¡Hablamos de una estafa!

Paralelamente a esta tendencia, en la prensa de Michigan se publicaron varios artículos la semana pasada que mostraba cierto grado de pánico sobre el impacto general de mi campaña. Un artículo escrito por mi principal oponente afirma que supuestamente yo no soy un demócrata. Este ataque que me hacen los demócratas de Obama, porque yo exijo que el Presidente Barack Obama sea enjuiciado políticamente, es una expresión local del pánico que hay por la implosión del gobierno de Obama. ¿Qué podría ser más demócrata que la Glass-Steagall, la piedra angular del Nuevo Trato del Presidente Franklin Delano Roosevelt? ¿Qué cosa sería menos demócrata que asignar billones de dólares de los contribuyentes para rescatar a los bancos demasiado grandes para quebrar? La Glass-Steagall protegería a los depositantes y las actividades de la banca comercial, mientras hace que los especuladores se traguen sus pérdidas. Ellos apostaron y perdieron, que lástima. Se acabó el tiempo para un Presidente cuya lealtad a un cartel de bancos internacionales lo hace incapaz de defender a los estadounidenses. Si los demócratas quieren evitar que el inaceptable Mitt Romney sea Presidente, la destitución de Obama se tiene que hacer con prontitud, al estilo de Nixon, y los demócratas podrán escoger un candidato más calificado que lo reemplace.