El Banco de Inglaterra hace un llamado a favor de la Glass-Steagall en la conferencia de bancos centrales de Jackson Hole

2 de septiembre de 2012

2 se septiembre de 2012 -- Durante su intervención en la conferencia anual de bancos centrales en Jackson Hole, Wyoming, uno de los directores más importantes del Banco de Inglaterra propuso un retorno al principio de la Ley Glass-Steagall para reformar al sistema bancario. El discurso fue escrito por Andrew G. Haldane, director ejecutivo de Estabilidad Financiera, y miembro de la Comisión de Política Financiera, y por Vasileios Madouros, economista del Banco de Inglaterra, y fue presentado por Haldane, muy conocido como admirador de la Glass-Steagall.

Su discurso, titulado ``El perro y el frisbi'', fue nada ambiguo al plantear las virtudes de la Glass-Steagall. Como implica el título, el discurso propone que se mantengan las regulaciones a los bancos de modo tan simple como la habilidad que necesita un perro para agarrar un frisbi, sin conocer nada de las leyes de la física. El grueso del discurso de 36 páginas, que incluye gráficos, es una demostración experimental de de que los sistemas complejos de regulación, como los acuerdos de Basilea, la ley Dodd-Frank, o las recomendaciones de Vickers, están condenados al fracaso.

Luego de referirse a los supercomplejos acuerdos de Basilea como una ``Torre de Basilea'' que comenzó con 30 páginas y que por último llegará a las 60.000, cuando se concluya el acuerdo de Basilea III, Haldane dijo:

``Si lo vemos desde un repaso de la historia, este patrón es todavía más impresionante. Hagan un contraste de las respuestas legislativas en Estados Unidos a las dos mayores crisis financieras del siglo pasado, a saber, la Gran Depresión y la Gran Recesión. La respuesta legislativa particular más importante a la Gran Depresión fue la ley Glass-Steagall de 1933. Por supuesto, esta puede haber sido la pieza de legislación financiera de mayor influencia en el siglo 20. Sin embargo, solo tiene 37 páginas''.

Luego compara la Glass-Steagall con la ley Dodd-Frank de 2010, que tiene 848 páginas, ``más de 20 leyes Glass-Steagall'', y pudiese llegar a tener 30.000 páginas cuando se finalice, ``que es aproximadamente miles de veces más larga que su prima la ley Glass-Steagall''. Las reformas regulatorias europeas, como la ``Torre de Basilea'', que a la larga promete llegar a las 60.000 páginas ``haría que la Dodd-Frank se viera apenas como el calentamiento''.

Luego ataca la práctica de los últimos 30 años de ``fijar precios al riesgo en el sistema financiero, en vez de prohibirlo o de restringirlo'', pero que bajo las condiciones actuales de ``un mundo incierto, las restricciones basadas en la cantidad pueden ser más resistentes a los errores de calibración. Simplemente, las restricciones basadas en cantidad son el equivalente de un mandamiento regulatorio: `No deberás'. Es mucho más probable que estos sean menos falible que: `Debo hacer', siempre y cuando el modelo interno sea el correcto''. Esa es una razón por lo cual la Glass-Steagall duró 60 años más que el acuerdo Basilea II.

Haldane concluyó: ``Las finanzas modernos son complejas, posiblemente demasiado complejas. La regulación de las finanzas modernas es algo complejo, casi seguramente demasiado complejo. Esa configuración habla de problemas. De la misma manera en que no se combate el fuego con más fuego, no combates lo complejo con más complejidad. Porque lo complejo genera incertidumbre, no riesgo, requiere una respuesta regulatoria que tenga sus bases en la simplicidad, no en lo complicado. Para hacer esto posible sería necesario un cambio en la comunidad reguladora para apartarse de la trayectoria que se ha seguido en la mayor parte de los últimos 50 años. Si una crisis que se da una vez en la vida, no es capaz de hacer que se suceda ese cambio, no es claro que pueda lograrlo. Pedirle a los reguladores de hoy que nos salven de las crisis futuras utilizando las herramientas de ayer, es como pedirle a un collie de pastoreo que ataje un frisbi aplicando primero la ley de la gravedad de Newton''.

El discurso escrito tiene el descargo de que ``las opiniones no son necesariamente las del banco de Inglaterra o de la Comisión de Política Financiera'', pero no dice que no son las opiniones del Banco de Inglaterra, todavía.