El Presidente Obama está del lado de al-Qaeda en Libia y en Siria: ficha preliminar

10 de diciembre de 2012

10 de diciembre de 2012 — Hace nueve años Estados Unidos inició una guerra en Irak sobre la base de que el Presidente iraquí, Saddam Hussein, estaba almacenando armas de destrucción masiva. Hoy, después de casi una década de guerra desastrosa, no solo se ha revelado que la inteligencia sobre las armas de destrucción masiva iraquíes eran mentiras, sino que la fuente original de esa mentira, Tony Blair y la inteligencia británica, han quedado al descubierto como el pivote de todo el cartel terrorista del planeta que trafica con armas y drogas, tal como el financiamiento del terrorismo de los contratos de armas por petróleo con Arabia Saudita, y que presiden el increíblemente lucrativo tráfico de opio cuyo centro ha sido el Afganistán ocupado por los británicos y estadounidenses. Ahora, en tanto que se desenvuelve la doctrina Blair de cambio de régimen y guerra preventiva, y al-Qaeda se vuelve más peligroso que nunca, todo lo que se ha hecho en el nombre de la Guerra al Terrorismo y la Seguridad Nacional ha puesto al planeta en una situación estratégica mucho más vulnerable de lo que estaba antes de que comenzara la dicha Guerra al Terrorismo.

Ahora la misma facción británica anda promoviendo la misma inteligencia fraudulenta, solo que ahora se trata de armas químicas en Siria. Sin embargo, esta vez, el gobierno no solo sigue la línea de esa inteligencia fraudulenta, sino que el gobierno de Obama juega un papel protagónico en el apoyo al terrorismo internacional.

Mientras que viaja por todo el país y por el mundo, atribuyéndose el crédito de haber matado a Osama bin Laden, el Presidente Barack Obama ha forjado una alianza a fondo con al-Qaeda y las organizaciones aliadas neosalafistas para derrocar a los gobiernos de Libia y de Siria. La alianza entre Washington y las organizaciones yihadistas del mundo va más a fondo que el respaldo que Washington le dio a los muyahedines afganos en los 1980 cuando combatían al Ejército Rojo soviético en Afganistán. Esos muyahedines afganos engendraron tanto a al-Qaeda como al Talibán. Pero ahora el Presidente Obama está tomando una acción más directa para asegurar que estas redes terroristas lleguen al poder en Trípoli y en Damasco.

En el caso de Libia, la evidencia es abrumadora. Bajo la guisa de la intervención humanitaria, el Presidente Obama ordenó a las fuerzas armadas estadounidenses crear una zona de exclusión de vuelos sobre Libia y proporcionar apoyo aéreo a las agrupaciones de al-Qaeda para derrocar a Muammar Gadafi. En cuanto tomar el poder en el oriente de Libia, grupos como Ansar al-Sharia, Escudo Libio, el Grupo Combatiente Islámico Libio y otros, le pagaron al Presidente por su ayuda y respaldo con un ataque a la misión de Estados Unidos y una oficina de seguridad de la CIA en Benghazi el undécimo aniversario del ataque de al-Qaeda el 11 de septiembre de 2001 contra el las Torres Gemelas y el Pentágono, asesinando al embajador estadounidense, Chris Stevens, y a tres funcionarios de la CIA. La misma organización que ahora se ha demostrado que perpetró los ataques del 11 de septiembre de 2012, Ansar al-Sharia y Escudo Libio, fueron los principales aliados de combate de Estados Unidos en la campaña para derrocar a Gadafi. Y luego que los miembros de Escudo Libio ejecutaron a Gadafi, se les dio la autoridad para encargarse de los asuntos de seguridad en el oriente de Libia.

El último cable diplomático firmado por el embajador Stevens dirigido al Departamento de Estado en Washington, describe una tensa reunión que se llevó a cabo el 9 de septiembre de 2012 en Benghazi, entre funcionarios de seguridad estadounidenses y un líder de Escudo Libio, Wissm bin Hamid, en la cual el libio amenazó con suspender toda la protección de seguridad para los diplomáticos estadounidenses si el candidato de la Hermandad Musulmana Libia no resultara ganador en las elecciones para primer ministro. Bin Hamid combatió contra las fuerzas estadounidenses en Irak y en Afganistán antes de regresar a la zona de Benghazi y Derna en el oriente de Libia para "aliarse" con Washington para derrocar y ejecutar a Gadafi.

En un informe de la Biblioteca del Congreso con fecha de agosto de 2012, titulado "Al-Qaeda en Libia: Un perfil", se identifica generalmente como el jefe efectivo de al-Qaeda en Libia. No obstante, se le encargó a su grupo miliciano Escudo Libio la seguridad de la misión de Estados Unidos en Benghazi, y probablemente en la reunión del 9 de septiembre de 2012 le proporcionaron al grupo los planes de viaje del embajador Stevens, quien llegó a Benghazi el 10 de septiembre para una visita programada de diez días. El ataque a la casa de seguridad de la CIA comenzó después de que los combatientes de Escudo Libio escoltaron al equipo de rescate a la localidad horas después del ataque inicial a la misión de Estados Unidos, donde fue asesinado el embajador Stevens.

El líder del grupo Ansar al-Sharia en Derna, el grupo que llevó a cabo el asalto a la misión estadounidense y a las instalaciones de la CIA en Benghazi el 11 de septiembre de 2012, es Sufyan bin-Qumu, miembro del ahora disuelto Grupo Combatiente Islámico Libio, un grupo afiliado originalmente a al-Qaeda, quien fue el chofer personal de Osama bin Laden en Afganistán y en Pakistán antes del ataque del 11 de septiembre de 2001. Fue capturado en Pakistán y pasó seis años en el centro de detención de EU en la Bahía de Guantánamo, Cuba. Bin-Qume fue transferido luego a una prisión en Libia y liberado más tarde. Luego se convirtió en un aliado clave de EU en la campaña para derrocar a Gaddafi, y su grupo Ansar al-Sharia en Derna fue incluso señalado en el diario New York Times en abril de 2011 como un ex enemigo de Estados Unidos que ahora estaba aliado en contra del dictador libio.

Según el citado informe de la Biblioteca del Congreso, el jefe de la seguridad en Trípoli, que dirige el Consejo Militar de Trípoli con sus 20,000 efectivos de fuerza, es Abdel Hakim Belhaj, el ex emir del Grupo Combatiente Islámico Libio, quien combatió en Afganistán contra Estados Unidos y era miembro del Talibán antes de ser capturado y regresado a Libia. El ha sido acusado por las autoridades españolas de participar en el bombazo al metro de Madrid en 2004.

La misma alianza con al-Qaeda que derrocó al gobierno de Gadafi en Libia está en plena vigencia en Siria, donde las informaciones recientes del servicio noticioso McClatchy News Service de Estados Unidos y el diario británico Daily Telegraph han confirmado que la principal fuerza rebelde que enfrenta a las fuerzas armadas de Siria es Jabhat al-Nusra, otro grupo afiliado a al-Qaeda que ha ejecutado casi todos los bombazos suicidas en la mayoría de los principales encuentros militares contra el gobierno de Assad. En casi todos los casos, el llamado Ejército Sirio Libre solo entra al conflicto luego de que los combatientes de Jabhat al-Nusra han llevado a cabo la operación de fondo. Por meses, el Departamento de Estado de EU ha considerado incluir a Jabhat al-Nusra en la lista de organizaciones terroristas internacionales; no obstante, la acción se ha venido posponiendo debido al papel que juega el grupo en la campaña para derrocar al Presidente sirio Bashar al-Assad.

El Comité de Acción Política LaRouche (LaRouche PAC) esta apresurando la producción de un documental detallado sobre los sucios manejos del Presidente Obama con los mismos yihadistas respaldados por los británicos y saudíes que tienen manchadas sus manos con la sangre del embajador Chris Stevens y un sinnúmero de otros más. La exigencia en el Congreso de la formación de una comisión selecta para ir hasta el fondo del asunto de los ataques del 11 de septiembre de 2012 en Benghazi deben comenzar con la ventilación exhaustiva de la actual alianza de conveniencia entre la Casa Blanca de Obama y al-Qaeda. Nada menos que una indagación a fondo del asunto va a lograr impedir que se vuelvan a repetir los dos primeros ataques del 9-11 a una escala mucho mayor.