Obama no está contento

13 de noviembre de 2013

13 de noviembre de 2013 – Durante las últimas 48 horas se ha suscitado una serie de acontecimientos que deben tener a Obama —y a sus controladores del imperio británico—totalmente furiosos, en un ataque estilo Rumpelstiltskin. Entre otros, los siguientes:

1) La última declaración de Lyndon LaRouche en forma de volante de circulación masiva, Peor que 'Weimar', [1] que comenzó a circular hoy en Washington DC, en donde se exige que se someta tanto a Obama como a Wall Street a una reorganización por bancarrota, y que documenta las "medidas del rescate" que se requieren para la supervivencia.

2) La senadora Elizabeth Warren hizo un vigoroso llamado ayer para reinstituir la ley Glass-Steagall, [2] y que, al igual que David contra Goliath, hay que utilizar esa honda para derrotar a Wall Street.

3) El llamado de Bill Clinton, "en lo personal", para que Obama cumpla la promesa que hizo sobre su ley de atención médica [3] de que la gente se podría quedar con sus pólizas de seguros existentes si así lo preferían. Esto ocurre exactamente en el momento en el que parece que empieza a haber una división significativa de los demócratas en el Congreso con respecto a la Casa Blanca.

4) El comentario del secretario de Estado John Kerry, el fin de semana pasado, [4] en el sentido de que "desde mi punto de vista personal", tiene "serias dudas de que Lee Harvey Oswald haya actuado en solitario" en el asesinato de John F. Kennedy. En realidad su señalamiento de sobre las posibles conexiones cubanas y rusas de Oswald, que no es el caso realmente, tiene al fin menos importancia del hecho de que Kerry haya cuestionado toda la versión oficial, lo cual sugiere que la Comisión Warren participó en un encubrimiento.

5) El anuncio de la revista Forbes del 1 de noviembre [5] de que habían promocionado al Presidente de Rusia, Vladimir Putin, al puesto de la "persona más poderosa" del mundo, adelante de Barack Obama y del Presidente chino, Xi Jinping. En su modo característico, Putin respondió que "agradezco la opinión experta de Forbes, pero yo personalmente creo que, primero, siempre te hace cauteloso porque te limita un poco; te puede limitar, digamos, en la toma de decisiones... y esto sería algo deplorable".

6) La última encuesta Quinnipiac [6] muestra que el nivel de aprobación de Obama bajó al 39%, con una caída de 5 puntos desde que se inició la aplicación del Obamacare, o más bien, que no se inició. El 52% dice que Obama no es honesto y no es digno de confianza, y casi la mitad piensa que mintió intencionalmente. El encuestador del Partido Demócrata, James Carville, salió con la ocurrencia de que la popularidad de Obama es tan baja que "lo mejor que puede hacer es darse un toque en la pipa de crack del alcalde de Toronto, porque sus números andan por el 48%", comparado con el 39% de Obama.

A la mejor ya lo hizo.