EIR aporta las armas: ¡Acabemos con el eje de terrorismo global Londres-Riyadh!

20 de agosto de 2013

18 de agosto de 2013 – El tema central de la edición del 16 de agosto de EIR Online [1] es un llamado a ponerle fin a la cábala británico-saudí que llevó a cabo "las dos atrocidades terroristas más grande en contra de Estados Unidos desde que los británicos saquearon Washington y quemaron la Casa Blanca durante la guerra de 1812".

El informe consta de cuatro elementos: 1) para empezar, un ataque en contra de las redes y la estrategia anglo-saudí que ha estado detrás de los principales ataques terroristas a nivel mundial de las últimas décadas, como los ataques del 11 de septiembre, número Uno y Dos; 2) una revisión detallado al "encubrimiento descarado" de Bush y Obama del 11 de septiembre del 2001, destacando el encubrimiento criminal de las 28 páginas del Informe Investigativo del Congreso, del cual se conoce de manera fidedigna que tiene que ver con el papel saudí; 3) un repaso breve al acuerdo de financiamiento del terrorismo Al-Yamamah; y 4) extractos de la entrevista del copresidente de la Comisión de Investigación del Congreso, Bob Graham con ¡Democracy Now! sobre la red de apoyo saudí a los terroristas del 11 de septiembre.

El paquete fue producido por un equipo investigador encabezado por el director de Contrainteligencia, Jeffrey Steinberg.

Muy pronto se tendrá disponible una separata para su mayor circulación posible entre estratos políticos.

Acabemos con el eje de terrorismo global Londres, Riyadh

Por un equipo investigador de EIR

13 de agosto de 2013 — Si ocurriera otro ataque terrorista severo como los ataques del 11 de septiembre del 2001 en contra del World Trade Center y el Pentágono, o el asalto armado del 11 de septiembre del 2012 en contra de la misión de Estados Unidos en Bengasi, Libia, se puede culpar a George W. Bush, Barack Obama y las monarquías británica y saudí. La fuente hoy de todo el terrorismo internacional de significancia es la alianza imperialista anglo-saudí, que se expresa de manera más manifiesta en los acuerdos de Al-Yamamah de 1985 entre Londres y Riyadh que persisten hasta la fecha.

Aparentemente Al-Yamamah ("La paloma") era un acuerdo de trueque de armas por petróleo, arreglado al principio por el entonces embajador de Arabia Saudita en Estados Unidos, el príncipe Bandar bin-Sultan, y continuado después por la entonces Primer Ministra británica Margaret Thatcher. Bajo la cobertura de un acuerdo de armas por petróleo crudo, en los siguientes 28 años se escabulleron cientos de miles de millones en efectivo hacia cuentas en los bancos extraterritoriales en refugios fiscales tan notorios como las islas caribeñas holandesas y británica, Suiza y Dubai.

Esos fondos han financiado casi 30 años de terrorismo y golpes de Estado a nivel internacional, desde la época del patrocinio estadounidense y británico de los "muyahedines" de fines de los 1970 que engendraron a al-Qaeda y todos los demás retoños de la Hermandad Musulmana que están imponiendo ahora un reino de terror por todo el mundo islámico, hacia África, Europa y las Américas.

Empezando a mediados de los 1980 los fondos siniestros de Al-Yamamah financiaron la "resistencia" afgana, las guerras separatistas en África, y los conflictos en los 1990 en los Balcanes, luego del desplome de la Unión Soviética y del Pacto de Varsovia. Una investigación exhaustiva y honesta —todavía por realizarse— revelaría casi con certeza que los fondos de Al-Yamamah financiaron a los terroristas del 11 de septiembre.

Entre algunos círculos al más alto nivel del gobierno de Estados Unidos, es bien conocida la existencia de una estructura de mando de arriba abajo anglo-saudí sobre al-Qaeda y todos los demás grupos yihadistas, desde hace varias décadas. Pero los gobiernos de los Bushes sucesivos (42 y 43) y de Obama, han presidido el encubrimiento brutal de esta traición anglo-saudí, lo que los vuelve cómplices antes, durante y después de los hechos, en las atrocidades terroristas que han cobrado las vidas de decenas de miles de vidas a nivel internacional, y que ha servido de pretexto para todo tipo de tiranía de estado policíaco que se ha puesto en efecto en Estados Unidos en los últimos doce años.

El caso particular más evidente de encubrimiento del terrorismo anglo-saudí es la negative de los gobiernos de George W. Bush y de Obama para dar a conocer el capítulo de 28 páginas del informe final de la Investigación Conjunta del Congreso sobre los ataques del 9-11, la cual catalogó los papeles del Ministerio de Defensa y Aviación saudí, el Directorio General de Inteligencia de Arabia Saudita (DGI), y el entonces embajador saudí a los Estados Unidos, príncipe Bandar bin-Sultan, en el financiamiento y protección de equipos de secuestradores que participaron en los ataques del 9-11 (ver documentación de EIR online [2]).

Si los Presidentes George W. Bush y Barack Obama hubiesen dado a conocer esas 28 páginas y permitido una investigación a fondo del papel de la inteligencia británica y saudí en los ataques de septiembre de 2001, es muy posible que el embajador Christopher Stevens y los otros diplomáticos y funcionarios de seguridad estadounidenses que fueron asesinados y heridos en los ataques de 2012 a la misión estadounidense en Bengasi y al Anexo de la CIA, estuviesen vivos hoy día. Así mismo, miles de otros, asesinados o heridos en Iraq, Afganistán, Yemen, Libia, Siria, Malí y otros campos de batalla actuales, pudieron haber evitado su destino. Y la acumulación enorme del espionaje del Estado al estilo Big Brother que finalmente ha evidenciado ahora parcialmente Edward Snowden, el caso de la discriminación de la agencia fiscal IRS, y otras denuncias recientes, nunca se hubiesen permitido ni justificado.

Además, como resultado de no haber denunciado y eliminado la participación, financiamiento y protección anglo-saudí del terrorismo yihadista mundial y sus nexos narcoterroristas, la dizque "Guerra global al Terrorismo" se ha convertido en una de las mayores farsas criminales de la historia moderna.

El representante republicano de Virginia, Frank Wolf, ha reunido las firmas de más de 160 republicanos de la Cámara de Representantes que exigen la creación de una Comisión Selecta del Congreso para investigar los ataques del 11 de septiembre de 2012 a las instalaciones de Estados Unidos en Bengasi, Libia. La Casa Blanca de Obama está desesperada por impedir cualquier investigación de ese tipo. Junto con la difusion de las 28 páginas enterradas de la Investigación Conjunta del Congreso sobre los primeros ataques del 9-11, una indagación semejante sobre Bengasi desenterraría las verdaderas raíces de las dos más grandes atrocidades terroristas en contra de Estados Unidos desde el saqueo británico e incendio de Washington y el incendio de la Casa Blanca en la Guerra de 1812.

Un secreto abierto

El ex senador demócrata de Florida, Bob Graham, Lyndon LaRouche, los escritores Anthony Summers y Robbyn Swan, se han referido repetidamente a la supresión de esas 28 páginas, como el elemento decisivo de un encubrimiento mucho más amplio sobre las raíces de la guerra irregular moderna y el terrorismo.

Gran parte de la evidencia de las profundas raíces oligárquicas de la guerra irregular global se esconde a plena vista.

* En diciembre de 2000, los editores de EIR presentaron un memorándum a la entonces Secretaria de Estado, Madeleine Albright, donde se le hacía un llamado para iniciar una investigación formal para determinar si se debería incluir a Gran Bretaña en la lista de los Estados patrocinadores del terrorismo que tiene el del Departamento de Estado. [3] El documento de EIR se basó exclusivamente en denuncias y pruebas provenientes de gobiernos de todos los continentes, que detalla el hecho de que Gran Bretaña le ha proporcionado refugio seguro y apoyo logístico a organizaciones terroristas, tales como los separatistas chechenios (Rusia), las narcoterroristas FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia), Sendero Luminoso (Perú), El Partido Kurdo de los Trabajadores (Turquía), Gamma al-Islamiya (Egipto), Ansar al-Sharia (Yemen), el Grupo Combatiente Islámico Libio (Libia), y el Ejército Guerrillero del Departamento de Estado con Islámico (Argelia).

El memorándum de EIR señalaba a Osama bin Laden por nombre —quien para el momento tenía una residencia en Wembley, Inglaterra, y operaba una oficina de propaganda en Londres bajo la protección de la corona británica— como uno de los sujetos para la investigación.

* En 2007, EIR publicó pruebas en exclusive sobre la verdadera naturaleza del proyecto Al-Yamamah con la empresa BAE Systems y el fondo extraterritorial para el terrorismo [4]. Entre las evidencias presentadas por EIR se contaba el material que se extrae de una biografía semioficial del príncipe Bandar, donde se describe la colocación de las ganancias de Al-Yamamah en una cuenta extraterritorial y de cómo se utilizó para armar a los muyahedines afganos, gobiernos africanos y otras entidades involucradas en "la lucha contra el comunismo". El príncipe Bandar se jacta en ese libro de que el acuerdo Al-Yamamah fue producto de la relación singular que existía entre las monarquías británica y saudí, lo cual permitió la acumulación de un enorme "fondo siniestro" sin ninguna supervisión del gobierno.

Ese informe de EIR contenía detalles, proporcionados de sitios públicos y por el senador Graham y otros, con parte de las pruebas sobre el financiamiento oficial saudí al 9-11.

Cuando las investigaciones sobre el programa de la BAE con los saudíes puso en riesgo de que reveler la mano controladora anglo-saudí sobre al-Qaeda y otros terroristas yihadistas, el primer ministro británico, Tony Blair, le ordenó al fiscal general que cancelara la indagación "en base a la seguridad nacional". Hasta la fecha, los acuerdos de trueque de al-Yamamah entre la BAE y el Ministerio de Defensa saudí, siguen alimentando ese fondo siniestro para el terrorismo.

* En 2010, Ian Johnson escribió un extenso relato en forma de libro, sobre el control y patrocinio de los servicios de inteligencia británico y estadounidense sobre la Hermandad Musulmana, A Mosque in Munich (Una mezquita en Munich), en donde se cataloga la emergencia de la Liga Mundial Musulmana en la década de 1960 como el brazo de reclutamiento internacional del terrorismo yihadista financiado por los saudíes. El relato de Johnson demuestra que los "arreglos especiales" de los aparatos de inteligencia británico y saudí vienen de décadas anteriores al acuerdo Al-Yamamah.

* Así mismo, en 2010, el investigador británico Mark Curtis escribió otro relato en forma de libro, Secret Affairs—Britain's Collusion With Radical Islam (Asuntos secretos: la colusión de Gran Bretaña con el radicalismo islámico), basado principalmente en documentos desclasificados como secretos de la cancillería británica así como de documentos del MI6, el servicio de inteligencia británico, que muestra que los servicios de inteligencia de la corona británica han sido los patrocinadores y la fuerza controladora detrás del ascenso de la Hermandad Musulmana y de todas sus ramificaciones más violentas, desde la fundación de la organización en la zona ocupada por los británicos del Canal de Suez en Egipto en la década de 1920.

* The History Commons, un archive de internet (www.historycommons.org) poco conocido pero muy importante, ha juntado más de 20,000 artículos, todos con información proveniente de fuentes públicas, que detallan los vínculos anglo-saudíes a los secuestradores del 9-11 y a otras acciones brutales de terrorismo en masa. Es un secreto abierto, que se publica con frecuencia en los medios británicos, que "Londonistán" es la capital del terrorismo yihadista mundial. A pesar del esfuerzo de EIR a fines del 2000 por eliminar el transparente alianza entre la corona británica con Arabia Saudita en el patrocionio del terrorismo mundial y la insurgencia separatista (Chechenia, Kurdistán, Kashmir, etc.), Londres sigue siendo el protector y centro de reclutamiento del terrorismo en todos los continentes hasta la fecha.

El problema que tenemos no es la disponibilidad de pruebas. El problema es que círculos de influencia en el gobierno en Washington, Londres y Riyadh están comprometidos en encubrir la responsabilidad anglo-saudí en el 9-11, Bengasi y otras atrocidades. A menos que se rompa ese encubrimiento y hasta que eso ocurra, nadie será inmune a esos ataques. El hecho de que dos presidentes sucesivos en Estados Unidos, George W. Bush y Barack Obama, han puesto su sello personal en el encubrimiento del papel de las monarquías británica y saudí en el financiamiento y orquestación del terrorismo, constituye suficiente justificación para el enjuiciamiento política y su prosecución.

La 'Guerra de los Treinta Años' anglo-saudí

La alianza británica con Arabia Saudita para promover el terrorismo mundial y el genocidio ha sido la política dominante por más de 30 años. Desde mediados de la década de 1970, el Dr. Bernard Lewis, un prominente "orientalista" de la inteligencia británica, propuso la creación de un "Arco de Crisis" que se extendiese por toda la frontera sur de la Unión Soviética, desde el Cáucaso a Asía Central y hacia la provincia occidental de Xinjiang en China. Lewis planteaba que la inteligencia occidental patrocinara una yihad (guerra santa) islámica fundamentalista en contra del "monolito comunista ateo".

El "Plan de Bernard Lewis", como se llegó a conocer, encajaba de manera precisa con la política oficial de la monarquía británica de reducir la población mundial por debajo de los mil millones de personas, mediante la guerra, las enfermedades y la hambruna. Lewis fue despachado a Estados Unidos a mediados de los 1970, donde vendió el plan británico para una nueva Guerra de los Treinta Años prominentes personajes de la seguridad nacional de Estados Unidos, tales como el Dr. Zbigniew Brzezinski, a Dick Cheney, a Michael Ledeen, Richard Perle, y a toda la camarilla de neoconservadores que poblarían dos gobiernos Bush.

En efecto, el "Plan de Bernard Lewis", promovido por la corona británica y adoptado por los gobiernos de Carter, Reagan y Bush, fomentó una Guerra de Treinta Años que se libra hasta la fecha. Comenzando con Afganistán, Londres y Riyadh, con la complicidad de sus títeres y traidores en Washington, crearon una legión de terroristas fanáticos suicidas para una "era de tinieblas" global, que han pasado de Afganistán a Iraq, siria, Libia y más allá.

El patrocinio de este proyecto de "nueva era de tinieblas" es un asunto que viene desde la cima. La política de la monarquía británica es la de una reducción enorme de la población. Tienen un aliado conciente en Arabia Saudita a pesar del hecho de que algunas de las mismas fuerzas yihadistas que se han desatado con el patrocinio de Londres y el financiamiento saudí en última instancia va a derrumbar a la propia monarquía saudí.

Fuente de inteligencia de Estados Unidos de alto nivel han confirmado que la "nueva" política británica para todo el mundo islámico es la promoción de un conflicto sectario permanente entre los sunnitas y los shiítas, para explotar una división que tiene más de mil años en el mundo islámico, con la meta de provocar un genocidio enorme.

Una de las piezas más importante de los británicos en este plan genocida global es el príncipe Bandar. Entrenado en Gran Bretaña, Bandar no solo fue el interlocutor saudí con la corona británica y la BAE para forjar el acuerdo Al Yamamah original. Como embajador saudí en Washington (y prácticamente como hijo adoptivo de George H.W. Bush), Bandar dirigió a los funcionarios de la inteligencia saudí que guiaron a los secuestradores del 9-11 por un año, hasta que se realizaron los ataques de septiembre de 2001. Su esposa, la princesa Haifa, le proporcionó la cobertura a Bandar para el financiamiento directo de cuando menos un equipo de secuestradores.

Hoy, Bandar tiene un puesto más prominente aún, como asesor de seguridad nacional del rey Abdullah, y como jefe de los servicios de inteligencia saudí (GID). Bandar está detrás del despliegue de miles de terroristas suicidas oscurantistas que entran a Siria y a Líbano, para garantizar que el conflicto de los sunnitas contra los shiítas alcance una masa crítica de asesinatos y odio hasta que se acabe el siglo.

Bandar, sin embargo, es un peón tonto de un juego mucho más amplio, un juego controlado desde Londres, no desde Riyadh. Este juego oligárquico consiste en dividir y conquistar. En última instancia, es un juego de reducción masiva d ela población a una escalan nunca antes vista en la historia.

Esa política británica se tiene que parar ya. Las 28 páginas que se suprimieron de la Investigación Conjunta del Congreso son el punto de entrada fundamental para exponer la verdadera naturaleza de los ataques del 11 de septiembre de 2001 y todo lo que le siguió. Abran esa puerta y quedará expuesta toda la guerra anglo-saudí en contra de la civilización. Desde Bandar hasta la BAE a la corona británica, se puede revelar el verdadero cerebro del crimen atroz del 9-11. Quienes en Estados Unidos han sido cómplices en el encubrimiento de ese crimen pueden y deben, también, ser llevados ante la justicia, incluyendo a quienes ocupan actualmente el puesto más alto en esta tierra.