Glazyev: Grecia, Chipre y Turquía se beneficiarían de unirse a la integración euroasiática

13 de enero de 2014

13 de enero de 2014 — El académico ruso Sergei Glazyev, en uno de sus varios artículos que escribió al terminar el año sobre el potencial de la integración económica euroasiática, hizo la propuesta directa de que países como Grecia, Chipre e incluso Turquía estarían mejor si se afiliaran a la Unión Aduanera Euroasiática y a la Unión Económica Euroasiática que se está formando actualmente. El artículo, titulado "¿Quién quiere ganar? Los factores económicos y políticos en la integración regional", [1] apareció en la edición en inglés de Russia in Global Affairs del 27 de diciembre y este mes en la edición en ruso de esa publicación. Al igual que su artículo en The National Interest[2] de la misma semana, este artículo documenta las ventajas para la economía de Ucrania de trabajar con la Unión Aduanera, en vez del saqueo que hubiera experimentado bajo el régimen de libre comercio de la Unión Europea (UE).

Glazyev, quien fuera subsecretario de la Comunidad Económica Euroasiática y es actualmente asesor del Presidente Vladimir Putin, describió después algunos de los casos más impactantes de destrucción de la economía real que han experimentado los países del centro oriental de Europa que se unieron a la UE durante la década del 2000, así como también Grecia. A continuación los aspectos más significativos que señala:

"Grecia. Como resultado de las reformas llevadas a cabo a exigencia de la UE, la producción de algodón se desplomó a la mitad, y las cuotas de producción agrícola golpearon duro a la industria vitivinícola local. La famosa industria de astilleros prácticamente ha desaparecido: los armadores griegos han comprado 770 barcos en el exterior desde que el país se unió a la Unión Europea...

"Hungría ha liquidado prácticamente la producción de sus otrora populares camiones Ikarus, cuya producción llegó a alcanzar las 14,000 unidades por año en sus mejores años.

"Polonia ha clausurado el 90% de sus compañías mineras de carbón que empleaban más de 300,000 personas, después de unirse a la UE en el 2004. Setenta y cinco por ciento de mineros de carbón polacos han perdido sus empleos. Los astilleros de Polonia están en una profunda crisis. El gran astillero en Gdansk, en donde se construyeron la mayor cantidad de barcos en el mundo entre los 1960 y 1970, ahora está dividido en dos compañías que están ociosas.

Docenas de pequeñas compañías astilleras han tenido que cerrar y sus empleados han emigrado a Europa Occidental. La deuda externa de Polonia era de 99 mil millones cuando se unieron a la UE; a principios del 2013 alcanzó los 360 mil millones de dólares.

"Letonia ha perdido completamente sus industrias electrónicas y automotrices

"El ganado de Lituania se ha reducido en un 75%, en la medida en que los residentes locales dejaron de conservar su ganado después de que se introdujeron cuotas a la producción de leche. A exigencia de la UE, Lituania clausuró su planta de energía nuclear Ignalina, volviéndose así dependiente de las importaciones de energía (además de necesitar mil millones de euros por el desmantelamiento de la planta Ignalina).

"El ganado de Estonia se ha reducido cinco veces [en un 80%], y la agricultura se ha reorientado hacia la producción de biocombustibles. Están cerradas la planta de producción de maquinaria y la planta Volta en Tallinn, que solían producir equipo para la generación de energía. Por exigencias de la UE, Estonia ha reducido drásticamente su generación de energía en casi dos terceras partes, de 19 mil millones de kilovatios por hora a 7 mil millones de kilovatios por hora.

"La membresía a la UE ha golpeado brutalmente la pesca en los estados del Báltico debido a las cuotas de pesca de la UE y a las llamadas 'normas de solidaridad' en el uso de los recursos acuáticos de Europa. En el 2007, la Comisión Europea (CE) multó a Lituania, Letonia y Estonia por intentar almacenar alimentos para contener el aumento en los precios".

Dado todo historial de "resultados deplorables", escribe Glazyev, no existe ningún argumento serio de que los seis países que ahora tiene de blanco la UE para su llamada Asociación Oriental (Armenia, Azerbaiján, Bielorusia, Georgia, Moldova y Ucrania) pudieran salir beneficiadas de alguna manera. Más bien "un análisis imparcial revela motivos puramente políticos detrás de la política de Asociación Oriental de la UE que tiene como propósito bloquear las oportunidades que tienen las ex repúblicas soviéticas de participar en la integración económica euroasiática con Rusia. La esencia antirrusa de esta política se ve claramente en los esfuerzos consistentes de políticos y servicios secretos de los Estados miembros de la OTAN por interferir en los asuntos internos de los Estados recientemente independientes, el fermento de la propaganda contra Rusia y la promoción de las fuerzas políticas antirrusas. Todas las revoluciones de 'colores' promovidas por Occidente en el espacio posterior a la era soviética tienen sus raíces en una rusofobia furibunda y tienen el objetivo de evitar su integración con Rusia".

Una respuesta, según Glazyev, "sería invitar a los países que discriminan los organismos supranacionales de la UE a formar parte de la integración euroasiática". Grecia y Chipre estarán en la lista de alta prioridad, en donde Chipre sería un "proyecto piloto para la transición de la integración Europa a la Euroasiática, especialmente en la medida en que su dependencia económica de Rusia y la Mancomunidad de Estados Independientes se ha vuelto crítica después de la quiebra de su sistema bancario. Es probable que Grecia tenga que enfrentar el procedimiento humillante de secularización y enajenación de las propiedades de la Iglesia Ortodoxa y del Estado a favor de los acreedores europeos". Ambos países, destaca, tiene lazos culturales y empresariales cercanos con Rusia. Destaca que el presidente de Kazajstán, Nursultan Nazarbayev, ha mencionado a Turquía como "un participante bienvenido a la integración Euroasiática".

Aunque pareciera que estas afiliaciones pudieran sonar irreales debido a los "compromisos externos con la UE" de estos países, sugiere Glazyev, "una forma constructiva de salirse de las crecientes contradicciones entre los procesos alternativos de integración en Eurasia sería despolitizarlos para volverlos de cooperación económica mutuamente beneficiosa. Pero parece que los funcionarios de la zona euroatlántica no están dispuestos a abandonar sus pretensiones a la hegemonía en las relaciones internacionales así que ésta opción pareciera irreal en estos momentos. Pareciera que uno tiene que esperarse y ver que empeore la crisis de integración euroatlántica antes de que sea posible que los países de Europa y Asia acepten los principios euroasiáticos de igualdad y cooperación de mutuo provecho".