Denuncian en el diario londinense Guardian la brutalidad del imperio británico en su regodeo por la Primera Guerra Mundial

15 de enero de 2014

Denuncian en el diario londinense Guardian la brutalidad del imperio británico en su regodeo por la Primera Guerra Mundial

15 de enero de 2014 — Un elemento de la historia que no ha estado contemplado en los comentarios en donde se ha estado advirtiendo sobre el paralelo entre 1914 y 2014 es la naturaleza del imperio británico, la principal fuerza responsable de la Primera Guerra Mundial, para empezar. Este elemento, afortunadamente, lo cubrió Seumas Milne, un columnista del diario Guardian de Gran Bretaña, en una columna subida el 8 de enero, [1] la que parece ser una respuesta a los tories (conservadores) que consideran la Primera Guerra Mundial como una especie de "gran guerra patriota" (aunque no son las palabras que emplea Milne). Milne considera todas las declaraciones de que la Primera Guerra Mundial fue una especie de causa noble en defensa del derecho internacional y las naciones pequeñas como "un disparate absurdo" y demuestra la veracidad de su caracterización describiendo la naturaleza brutal de los imperios que libraron esa guerra.

"El baño de sangre de 1914 no fue una guerra justa" escribe Milne. "Fue una carnicería industrial salvaje perpetrada por una pandilla de poderes imperiales depredadores, enfrascados en una pelea mortal para capturar y desmembrar territorios, mercados y recursos". Milne le atribuye la guerra a la alianza inestable formada entre los imperios que competían por el control de los Balcanes y los restos del desmoronado imperio otomano. "La idea de que los británicos y sus aliados defendían la democracia liberal, ya no digamos el derecho internacional o los derechos de naciones pequeñas, es simplemente absurdo".

De hecho, todas las potencias en conflicto tenían sus propios imperios coloniales en los que suprimían brutalmente a las poblaciones sojuzgadas mediante tiranías racistas. En la India gobernada por los británicos murieron de hambre unas 30 millones de personas, en las décadas previas a la guerra, porque "los funcionarios coloniales forzaron la exportación de alimentos" y "masacraron a los que se resistieron en el orden de decenas de miles y crearon campos de concentración en Sudáfrica". Bélgica, cuya neutralidad se supone que defendía Gran Bretaña al irse a la guerra, de igual manera mató 10 millones de personas en el Congo mediante el trabajo forzado y asesinatos masivos.

Nada de esto se paró con el fin de la guerra en 1918, destaca Milne. Gran Bretaña y Francia se dividieron entre ellos los remanentes de los imperios otomano y alemán, "sin ningún miramiento a los derechos de las naciones pequeñas, lo que sentó las bases para futuros desastres en el proceso".

Milne concluye sugiriendo que este aniversario de 1914 debe recordarnos que los imperios, en todas sus formas, llevan al derramamiento de sangre y al desastre. "Contiene también una advertencia sobre la amenaza del surgimiento y caída de grandes potencias. China no es la Alemania imperial, pero Estados Unidos, aliado a Japón, es una potencia global en decadencia en una región en donde aprieta su control militar" dice Milne. "No es 1914, pero los peligros son claros".