El New York Times reconoce: la cosa está difícil para los obamócratas en Texas

19 de may de 2014

19 de mayo de 2014 — "Battleground Texas" (Campo de Batalla Texas), una organización política "de base" que fue creada para llevar a Texas al modelo de campaña de computadora de Obama en el 2012, está pasando momentos difíciles, según un artículo del 16 de mayo en el diario New York Times. Battleground Texas fue creada para convertir a Texas en un estado demócrata, con base a la utilización de datos demográficos para determinar dónde se encuentran los posibles votantes demócratas, y luego llevarlos a votar, utilizando mensajes compuestos especialmente para cada sector; por ejemplo, organizando a los hispanos al apelar a ellos cínicamente ofreciéndoles una reforma migratoria.

El artículo reconoce dos dificultades que enfrentan. Primero, los republicanos han dominado de tal manera la política electoral en Texas que "no existe infraestructura", en la forma de listas actualizadas de electores, mapas de los potenciales votantes, etc. Segundo, citan a Wendy Davis, candidata del Partido Demócrata a la gobernación, que señala la dificultad de hacer que la gente vaya a votar. "Texas no es un estado rojo. Texas es un estado en el que la gente se ha quedado en sus casas", afirmó Davis.

El artículo es preciso, hasta donde llega. En las encuestas, en comparación con el republicano Greg Abbott, Davis va rezagada por un 10 o 15%, y los esfuerzos para conseguir voluntarios que hagan llamadas y vayan a los vecindarios está muy por debajo de lo esperado. La primaria demócrata del 4 de mayo del 2014 solo movilizó a 546,000 votantes en todo el estado, una caída del 20% en relación al 2012, y una caída del 44% con respecto a 1990, cuando todavía los demócratas eran marginalmente competitivos.

El derrumbe a nivel estatal se refleja en cada región del estado. Un esfuerzo reciente de la oficina de Battleground Texas hecho en la ciudad predominantemente hispana de San Antonio, el 15 de mayo, para echar a andar una operación de teléfono el jueves en la noche, para dar a conocer e invitar a la gente a votar en la elección de desempate del 27 de mayo -–que en realidad se trata de respaldar a David Alameel, el candidato millonario de Wall Street, en contra de Kesha Rogers—- movilizó solamente a seis personas desanimadas, además de los dos mentores que dirigían la operación.

Tal y como descubrió Kesha Rogers [1], demócrata larouchistas que hace campaña para el Senado de Estados Unidos por Texas, durante su visita de campaña a la zona del Valle del Río Grande —otrora una zona en la que había una mayoría sólida a favor del Partido Demócrata entre la población hispana— que cada vez más votantes se han pasado al Partido Republicano, no porque este les ofrezca alguna alternativa, sino porque están asqueados por lo que un bloggero describió como la "mentalidad de la plantación" y los "métodos de la mafia" de los líderes regionales del Partido Demócrata.

Lo que al artículo del Times se le pasó por alto, sin embargo, es el verdadero problema. En momentos de desintegración total de la economía, y de destrucción de la educación científica y cultural, hay entre los votantes potenciales una desmoralización total, un cinismo arraigado profundamente, y la creencia de que nada va a cambiar. Así como Lyndon LaRouche de manera enfática ha señalado, ningún "esfuerzo pragmático" que se haga para propiciar a los electores en sus prejuicios, va a cambiar eso. En Texas, la gente o se abstiene de votar, o votan por los republicanos, a manera de rechazo de la corrupción del Partido Demócrata que les ha ofrecido recientemente como portaestandartes a Gore, a Kerry y a Obama, cada uno de ellos a su manera, lacayos del imperio británico y de Wall Street.

La elección del 2014 es otro ejemplo de esto. La mayoría de las personas en Texas detestan a Obama, pero el liderato del Partido Demócrata de Texas está desesperadamente aferrado a él, como un hombre que se está ahogando y se aferra al ancla. Alameel, su opción para el Senado, un corrupto trajecito vacío cuya carta de presentación es su disposición a repartir bolsas de dinero, se rehúsa a debatir con Rogers, diciendo solo que ella no es demócrata porque ella está pidiendo el juicio político de Obama. Pero el está muy asustado de dar a conocer esto ampliamente porque sabe que así ella ganará más respaldo, y sus controladores le dicen a él que la clave para la victoria es reducir el número de personas que votan, movilizando solo a aquellos en los que se puede confiar que votarán del modo que se les pida. Para lograr esto, la campaña de Alameel está enviando correos electrónicos y volantes, y está haciendo llamadas mecánicas, a quienes consideran que son leales y confiables. En cuanto a los votantes nuevos, dado que en su campaña considera, según el Times, que se les debe "recordar esto entre 7 y 12 veces antes de que vayan a votar efectivamente", pues no lo toma en cuenta, esperando que de esta manera no vayan a votar.

La campaña de Kesha Rogers, la cual se ha ramificado convirtiéndose en todo un proceso organizativo de masas, se sustenta en un concepto totalmente diferente. El único modo de penetrar y acabar con la sumisión de los electores a sus miedos y su pesimismo, es inspirándolos al mostrarles el enorme potencial que está encarnado en su programa, si es que ellos se le unen para sacar a Obama, y al imperio británico genocida que lo controla. Mientras que Alameel y sus soldados de Battleground Texas están actuando para reprimir el voto, una victoria de Rogers implica salir a organizar a la gente y asegurar que nuevos electores vayan a votar, y al mismo tiempo que se activa la conexión emocional con el Partido Demócrata de Franklin Roosevelt y John F Kennedy, cuando todavía Estados Unidos tenía una economía física productiva, entre los votantes de mayor edad, muchos que antes fueron demócratas.