Jacques Cheminade: Después del terremoto, la oportunidad de un Gran Proyecto

28 de may de 2014

27 de mayo de 2014 — El presidente del partido francés Solidarité & Progrès (Solidaridad y Progreso) Jacques Cheminade, emitió la siguiente declaración en París el pasado 25 de mayo, luego de conocerse el resultado de las elecciones generales para el Parlamento Europeo, [1] en las que el voto abrumador lo ganaron los partidos que se oponen a la Unión Europea.

Lo que ocurrió en estas elecciones europeas es lo que tenía que ocurrir, dada la falta de una verdadera alternativa. Primero, la victoria del Frente Nacional y el derrumbe del Partido Socialista [en Francia] y el alto nivel de abstencionismo, y finalmente, la profunda ira en contra de una Europa que ha traicionado a los europeos. Ha llegado por tanto el momento para aprovechar la ocasión para salir de la trampa, o sea, el euro y la Unión Europea.

La alternativa no puede ser, por supuesto, retirarse a las fronteras nacionales; se tiene que proponer un gran proyecto, un proyecto que pueda movilizar a la población en nuestro continente. Francia, que ya no es una república hoy día, sino que se ha convertido en una oligarquía, se tiene que recrear de nuevo, utilizando como inspiración esa "cierta idea" ejemplar que nos dejó como legado Charles de Gaulle, la cual Jean Jaurès definió como el servicio a la causa de la humanidad. Tenemos que volver a ser de nuevo, patriotas y ciudadanos del mundo.

Propongamos a nuestras naciones y a nuestros pueblos una Europa desde el Atlántico hasta los Urales, y construyamos una Eurasia desde el Atlántico hasta el Mar de China, y dejemos de participar ya en un sistema de una moneda falsa emitida por el Banco Central Europeo y la City de Londres. Seamos inspiradores de un orden de "distensión, entendimiento y cooperación entre los pueblos".

Para hacer esto, necesitamos una verdadera reforma bancaria que nos libere del yugo del juego financiero y monetarista, y retornemos a una política de verdadero crédito público que nos permita, junto con los demás países de Europa y del mundo, financiar los grandes proyectos necesarios para el bien común y para las futuras generaciones.

Cuando Francia lleva la esperanza del mundo, no está sola. Sin embargo, para hacerlo, tenemos que romper con una ideología de impotencia y pesimismo, y renovar los valores del Preámbulo de nuestra Constitución y con el programa del Consejo Nacional de la Resistencia.

De otra manera, ¿no vemos que el Frente Nacional, tan reseñado abundantemente ahora por nuestros medios informativos y por las condiciones por cuya emergencia fue creado por la casta política actual, se convertirá en la rueda de repuesto del mismo vehículo que nos lleva ahora hacia el abismo? ¿Podemos creer que sería el portador de los "días felices"?

Se le tiene que dar al mundo un nuevo horizonte positivo; no solo un cambio en la política, sino un nuevo modo histórico de desarrollo mutuo, inspirado por el futuro y no por las tradiciones del pasado, ni extrapolaciones del presente.