La estrategia de Blair de destruir estados soberanos toma cuerpo en Iraq

20 de junio de 2014

20 de junio de 2014 — La política angloamericana en Iraq no ha sido un fracaso, como hoy muchos afirman; fueron diseñadas para producir exactamente los efectos que vemos hoy. Desde el comienzo la intención era llevar a la concreción la visión de Tony Blair de un mundo posterior al Tratado de Westfalia, eliminando para siempre la noción moderna de naciones soberanas e independientes, bajo cuya bandera puede coexistir una gran cantidad de diferentes entidades étnicas y religiosas colaborando juntas por una meta común.

Esa misma intención de la facción del imperio británico quedó manifiesta en Libia y en Siria, así como en la campaña de décadas en contra de Irán. Por años, Estados Unidos y Europa, han armado y entrenado directamente —o han alentado a Arabia Saudita, a Qatar y a Turquía a que lo hagan— a las mismas fuerzas que ahora afirman se han convertido en el enemigo número uno de Iraq, a saber el Estado Islámico de Irak y el Levante (EIIL), que busca derrocar al gobierno nacional de Siria.

Tony Blair, ex primer ministro británico, el arquitecto principal de la guerra contra Iraq del 2003, luego de que se comprobó que es culpable de haber mentido flagrantemente, está recibiendo furos ataques y ya se ha iniciado el proceso de juicio político en su contra en la Cámara de los Comunes, que bien podría terminar con Blair en la cárcel. En respuesta a esto, Blair escribió un largo e incongruente artículo que publicó en su sitio electrónico el 13 de junio, en el que intenta negar que él y su guerra son responsables de la desintegración que vive hoy éste país. Irracionalmente, él afirma que ¡la violencia es consecuencia del hecho de que Occidente no intervino a tiempo para derrocar a Bashar al-Assad en Siria!

Este Blair que reporta directamente a la reina, también culpa al gobierno de Maliki en Iraq, pero omite decir cínicamente que la política de Iraq desde el 2003 ha sido dictada a fondo por los angloamericanos. Su propósito nunca fue la estabilidad política y económica. Ahora, el arquitecto de la guerra contra Iraq manifestó que se tiene que dar una batalla contra los "extremistas islámicos". Sin embargo, ni Saddam Hussein era, ni Bashar al-Assad es, un "extremista islámico", ¡más bien todo lo contrario!

El gobierno de Obama está planeando algún tipo de acción militar para enfrentar a los llamados yijadistas, e Irán ofreció ayudar a Bagdad. Turquía, que es miembro de la OTAN y ha estado apoyando a los grupos terroristas salafistas que están contra Assad, incluyendo al Frente al-Nusra y al EIIL, también prometió intervenir. Sin embargo, estas acciones solo van a empeorar la situación, puesto que es imposible sacar a los combatientes de las ciudades grandes, en tanto que las milicias locales estén peleando en el mismo frente.

La única forma posible para revertir este descenso al infierno, es detener esa política de cambio de régimen que buscan los angloamericanos, y comenzar un diálogo político tanto con los grupos locales y quienes los respaldan en la región, y con las mayores potencias mundiales, especialmente con Estados Unidos y Rusia. Los gobiernos centrales de Iraq y Siria se deben aceptar como socios en el diálogo y se les debe apoyar en el esfuerzo por acabar con los elementos terroristas yijadistas en sus países. Eso implica que se detenga todo el apoyo armamentista y financiero de parte de los saudíes, británicos y estadounidenses, y la propaganda a favor de los grupos terroristas en Siria y en Iraq. A las tribus sunitas en el occidente de Iraq se les debe garantizar un solución justa para tratar sus querellas con el gobierno central de Bagdad que se le garantice una justicia económica y política, de tal modo que puedan participar de nuevo con igualdad como ciudadanos en el proceso nacional.